Los tenistas están alzando la voz con cada vez más fuerza y organizando una defensa común de sus intereses. Desde hace tiempo se percibe un caldo de cultivo de rebelión por parte de jugadores/as hacia la ATP, la WTA y, sobre todo, a los Grand Slam. Los beneficios de los torneos y estas instituciones llevan años subiendo a un ritmo mucho mayor que los ingresos de los deportistas. ¿Qué quieren hacer para cambiarlo?
Un deporte en auge, que bate récords de asistencia en todos los torneos, es cada vez más global y presenta un futuro esplendoroso. Así es como se puede definir el tenis, una gallina que pone huevos de oro, pero de la que se lucran unos pocos mandos organizativos. Si bien es cierto que desde el estallido del COVID la viabilidad económica de los tenistas más modestos ha mejorado, aún hay mucho camino por recorrer y el dinero que reparten los grandes torneos a los protagonistas del espectáculo, los jugadores, está muy por debajo de lo esperable atendiendo a los ingresos que se generan.
Los torneos de Masters 1000 destinan a los tenistas el 22% de sus ingresos, mientras que los Grand Slams no superan el 15%
En las últimas horas ha surgido un vídeo en redes sociales con un gran impacto mediático, por lo bien que sintetiza la gran problemática del tenis actual y el movimiento que se está gestando en ambos circuitos para defender los derechos de los tenistas. Jugadores como Fritz, Medvedev o Sinner lo han apoyado públicamente. Todo se fundamenta en que los premios en metálico aumentan cada año en los grandes torneos, pero a un ritmo muy inferior a los ingresos que generan esos mismos eventos con los derechos televisivos, patrocinadores la venta de entradas o el merchandising.
Tennis players are currently asking for changes at the sport’s biggest events. This is the structure behind the conversation 🎾 pic.twitter.com/mHKchuYUYk
— SportsBall (@_SportsBall_) March 25, 2026
De hecho, se informa de que, en promedio, el dinero que recae por torneo de Masters 1000 o WTA 1000 en los tenistas constituye el 22% de todos los ingresos generados, y puede aumentar hasta el 26% incluyéndose bonus y otras gratificaciones económicas. Hay mucha más opacidad en los Grand Slams ya que funcionan como entes individuales y fijan sus propios niveles de premios sin la intervención de la ATP ni de la WTA.
Por mucho que todos ellos han subido sus prize money en los últimos años, se muestran gráficos en los que se percibe cómo el dinero total a repartir entre los jugadores oscila entre el 12% y el 15% de los ingresos, algo inasumible teniendo en cuenta que son los tenistas los grandes reclamos y que, sin ellos, nada tiene sentido. Solemos hablar de grandes cantidades de dinero a repartir por cada Grand Slam, pero lo cierto es que deben aumentar mucho más y repartirse de manera más eficiente.

Así pues, la matriz del problema se concentra en los Grand Slam ya que desde la ATP, especialmente, se está haciendo un gran trabajo desde hace años, reforzando el circuito Challenger, introduciendo medidas compensatorias para tenistas modestos que puedan tener imprevistos y garantizando la viabilidad económica de ser tenista profesional para cada vez más hombres. Aún hay camino por recorrer, pero la prioridad ahora mismo es intervenir en el modus operandi del Open de Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open, entidades que siguen acumulando poder y no premian a los tenistas como ellos creen merecerse.
Estas son las propuestas de los tenistas para reformular el reparto económico en torneos de Grand Slam
1. Creación de un Consejo de Jugadores para Grand Slams, con el fin de que puedan participar activamente en decisiones como el diseño del prize money, el calendario y reformas en la normativa de estos torneos.
2. Aumentar el porcentaje de premios en metálico a repartir hasta el 16% de los ingresos en cada Grand Slam, planteando luego un incremento progresivo hasta alcanzar el 22% en 2030.
3. Que los cuatro torneos de Grand Slam hagan contribuciones económicas con el fin de crear programas de bienestar para los tenistas, como pensiones, apoyo por lesiones, asistencia sanitaria, recursos de salud mental y permisos de maternidad. Se partiría de 4 millones de dólares por cada torneo, hasta alcanzar los 12 millones en 2030.
Todas estas medidas se están discutiendo ya y son mayoritariamente aceptadas por los tenistas, conscientes de que benefician a todos los niveles del tenis profesional. Será interesante comprobar hasta qué punto son capaces de influenciar en los torneos de Grand Slam, que no querrán renunciar a los privilegios que disfrutan actualmente.

