Martín Landaluce y el precio de una oportunidad

A sus apenas 20 años, Tintín ha quemado etapas a una velocidad supersónica: de la ilusión a la falta de esperanza del público tras un año sin progreso en el ranking. No desfalleció... y ahora recoge sus frutos.

Carlos Navarro | 25 Mar 2026 | 14.42
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Martín Landaluce cumple el sueño de su vida en Miami. A disfrutar de él. Fuente: Getty
Martín Landaluce cumple el sueño de su vida en Miami. A disfrutar de él. Fuente: Getty

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Cuando Martín Landaluce conquistó el US Open júnior, el público español volvía a frotarse las manos. Es lo genuinamente extraordinario de nuestra cantera, la habilidad más espectacular del tenis de nuestro país: hacer parecer fácil lo difícil. ¿Se marchaba Nadal? Ahí estaba Carlos Alcaraz, saliendo del cascarón sin previo aviso a nivel júniors. ¿Nos faltan referentes más abajo? Aparece Landaluce, esculpido, además, por los dioses del tenis moderno: planta, envergadura, solidez, ritmo de bola desde ambos lados de la pista y un tenis, incluso, más adaptado a la pista dura que a la arcilla. El escenario, desde luego, parecía idílico.

Los primeros pasos de Martín en la élite coincidieron con la etapa en la que Alcaraz estableció su dominio en el circuito ATP. Mientras el murciano veía como no había gloria que se le resistiese, buena parte del público ya pensaba en su lugarteniente al medio plazo, como si el tenis de un país fuese una línea de sucesión real y siempre, siempre, apareciese un heredero con total disponibilidad. La curva de crecimiento de las mayores promesas, claro, no siempre es lineal: por el camino aparecen baches, altos en el camino, problemas físicos que resolver.

Durante muchos meses, Martín batalló con una lesión en el hombro que le impidió rendir a su mejor nivel. Su ranking subía, pero no a la velocidad a la que el mundo quería. El tenis, como la vida, se mueve rápido. Va de percepciones, de fogonazos. Si empiezas 2025 a un puesto del top-150 y lo terminas el #146, con una subida de apenas cinco puestos, la gente se olvida de ti. ¿Cómo no lo van a hacer si no son capaces de dejar pasar dos derrotas del mismo tipo que acaba de convertirse en el jugador más joven en completar el Career Grand Slam?

El público esperaba, claro, una subida fulgurante. Un momento de ignición que permitiese a muchos aparecer con sus ya habituales "yo lo descubrí primero", "siempre creí en él". Si ese momento no llega, el público suelta la mano con facilidad. No importaban los títulos en Olbia u Orleans, Challengers de un nivel altísimo, muestras de que el tenis estaba ahí y apenas los detalles separaban a Landaluce de dar el paso al siguiente nivel: no llegaba lo suficientemente rápido. La cultura de la fast food trasladada al universo tenis condenaba a Tintín a convertirse en un nuevo pie de página... mientras aparecían nuevos actores en esta película.

Martín Landaluce disfruta en Miami de un gran momento. Fuente: Getty

¿Será el Miami Open 2026 el punto de inflexión en la carrera de Martín Landaluce? Recorremos su camino hasta ahora

Recuerdo sentarme con Martín Landaluce en el lobby de un hotel en Bratislava, cerca ya de la medianoche, para charlar con él. Era junio de 2024 y por entonces solo tenía 18 años, el momento perfecto para que buena parte de público y prensa le encumbrasen como "the next big thing". Al menos una mínima fibra de aquel chaval podría estar tocada por las expectativas, buenas o malas; por lo extraordinaria de su vida en la apenas adolescencia, por la sensación de poder comerse el mundo más pronto que tarde.

A veces eso, claro, conduce a la arrogancia. Sin embargo, ni un solo síntoma de todo esto se manifestó. Recuerdo quedar impactado por la madurez que transmitía aquel chaval, por la naturalidad de alguien que tenía motivos para creerse mucho más de lo que era. Eso, para mí, ya era éxito: no hay duda de que el rol de Óscar Burrieza, también allí presente y alerta por mantener al chico alejado de cualquier canto de sirena, siempre ha sido clave... pero Landaluce ya era la antítesis de esa "fast food tenística" de las que les hablo. Un adolescente que disfruta con acertijos de pensamiento lateral, con una charla que estimule su capacidad para resolver problemas, un tipo normal, en una ciudad normal... pero inmerso en un ritmo de vida lejos de la normalidad.

Entonces aparecieron Rafa Jódar. Dani Mérida. Sus nombres comenzaron a llenar portadas. El foco viró a ellos: su progresión así lo ameritaba. Grandes triunfos a nivel ATP, fases previas pasadas, Challengers ganados en suelo patrio. De repente, las estrellas del futuro se ubicaban en un nuevo firmamento. Martín, un tipo normal, tranquilo, veía como cada derrota dejaba de llenarse de comentarios que hacían referencia a etiquetas fallidas. El público tenía sus nuevos juguetes, una situación perfecta para despojarse de la mochila de varias temporadas... y de alimentar su fuego interno.

Porque el tenis siempre estuvo ahí. La capacidad de variar direcciones, de asumir el ritmo de bola de los monstruos que llenan el top-150, la aceleración de pelota, incluso la solidez desde el fondo. ¿Saque mejorable? Desde luego. ¿Se pueden subir varias marchas en el desplazamiento lateral? Sin dudas. Más allá de eso, la base era más que sólida... pero el circuito ATP está lleno de grandes tenistas con una materia prima intachable, y los márgenes entre dar el salto y no hacerlo son cada vez más finos.

Valentin Vacherot fue el pionero. Su título en Shanghái, la historia de cuento de hadas más impresionante del Siglo XXI en clave tenística, ha provocado un efecto dominó: ¿por qué no lo puedo lograr yo? Y ahora, en el Miami Open 2026, un joven rubio de apenas 20 años (aunque si es por experiencias, creo, esta edad se queda muy corta) se repite a sí mismo una misma cuestión: ¿y por qué yo no?

Cuando el público comenzó a fijarse en otros, ahí apareció Martín. Entereza mental renovada: de dudar en puntos clave a hacerse fuerte en tiebreaks ante nombres como Korda, Khachanov o Marcos Giron. De sucumbir en momentos de presión a salvar una bola de partido con un resto ganador de revés cruzado. El mismo jugador que estuvo set y break abajo en la última ronda de la fase previa ante Thiago Tirante es ahora el cuartofinalista de Miami con ránking más bajo en más de treinta años, una más de este bendito deporte donde no hay nada escrito.

Déjenme volver al principio. Vivimos en una sociedad de percepciones fugaces. De pronósticos tempranos y diagnósticos inequívocos. Ahora volveremos a leer grandes palabras sobre Landaluce. Apuntaremos a objetivos grandilocuentes, lo compararemos con Jódar, proyectaremos en qué momento puede establecerse claramente en la élite. Recuerden, mientras todo eso ocurre, quién es Martín: un tipo tranquilo, analítico, que disfruta de la filosofía y que vive la semana más inolvidable de su carrera en silencio, cuando más alejado de los focos estaba, cuando podía ser él con libertad. Ténganlo en cuenta de cara a los próximos meses, meses en los que volverán las derrotas y la paciencia será un aliado indispensable. Esa será la mejor manera de apoyar a una de nuestras mejores promesas. Mientras tanto, a disfrutar de la oportunidad, porque el precio para lograrla ha sido más alto de lo que muchos esperaban. Vamos con todo, Tintín.