Ben Shelton se proclamó, de manera incontestable, campeón del ATP Dallas 2026. El segundo título más importante de la carrera del estadounidense no llegó por casualidad, ni mucho menos es un evento aislado que debamos vaciar: los datos nos muestran una serie de mejoras que pueden elevar (y de qué forma) el techo deportivo de un jugador tachado de unidimensional en muchas ocasiones, pero que parece claramente dispuesto a mejorar en todos los aspectos de su tenis con el objeto de dar caza a los mejores.
No solo tiró de tenis el estadounidense: supo sufrir. Muchísimo. Salvó tres bolas de campeonato en la final ante Taylor Fritz, remontó en semifinales ante Denis Shapovalov un partido que tenía casi perdido y consiguió dejar atrás los fantasmas de Adrian Mannarino, quien por su estilo de juego siempre le trajo muchísimas complicaciones, para superarle de una vez por todas. El Shelton de 2025, quizás, habría tropezado con alguna de estas piedras, ya fuese la primera, la segunda o la tercera; la versión de 2026, no.
Dadas las condiciones del torneo estadounidense, disputado bajo techo y en un tapete bastante rápido, uno podría pensar que la clave del triunfo de Shelton estuvo en su servicio. En sus portentosos golpes de ataque. En su capacidad para pegar más fuerte que el rival. ¿Lo hizo mal en su terreno? Ni mucho menos: el saque estuvo en guarismos parecidos e incluso ligeramente superiores al de su media del último año natural (9 de nota vs el 8,7 de su media)... pero la gran diferencia la marcaron golpes con los que antes era mucho más irregular.

La derecha, el revés y la fortaleza desde el fondo mejoraron exponencialmente en Dallas: ¿ha nacido un nuevo Shelton?
Se ha insistido desde todos los ángulos en que el estadounidense necesita sumar diferentes planes a su repertorio para enfrentar a los mejores. No es suficiente con buscar a la desesperada el golpe ganador en cada punto: madurar las jugadas, tirar de cocción y hacerse fuerte desde el fondo son máximas ineludibles si Shelton desea progresar como jugador. Gracias a los datos de nuestros amigos de Insights by Tennis VIZ, podemos concluir que el Ben de Dallas dotó a sus golpes de una consistencia mucho mayor, de una mordiente superior; en definitiva, fue mucho mejor desde el fondo.
La mejoría de Ben, tanto con la derecha como con el revés, fue notabilísima. Empecemos el revés, su golpe más débil: su nota media a lo largo de las últimas 52 semanas era de un 6,8, inferior a la media del circuito (7). ¿Esta semana? Todo ha cambiado: 7,2 de nota, por fin superior a la media del circuito. Eso sí: la diferencia es aún más palpable con la derecha, el que debía ser su golpe definitivo, que solo promediaba un 7,2... hasta subir por las nubes al 7,9 de Dallas, rozando el notable alto y convirtiéndose, al fin, en un golpe que no solo sirve para ejecutar, sino también para asentar posiciones desde el fondo.


Arriba, promedios de Shelton antes de Dallas; abajo, promedios de Shelton en Dallas. Hay mejoras en casi todos los aspectos.
Hay más datos que apoyan esta teoría: el 37% de los golpes desde el fondo de Shelton aterrizaron en el último tercio de la pista, un dato enormemente superior al 30% que tenía de media: ha ganado en mordiente, profundidad y colocación sin que ello haya resultado en un cierto descontrol. De hecho, el estadounidense le ha bajado revoluciones a sus golpes (promediaba 80 millas por hora de derecha y 74 de revés; en Dallas, promedió 78 mph de drive y 71 mph por el revés) y esto le ha servido para atacar de manera más certera y ganar en precisión (11 golpes ganadores de derecha de media por partido en su último título... por los 7,3 que promediaba antes).
Las mejoras no se quedan ahí: ahora Shelton es un mejor jugador en los puntos largos, uno de sus principales hándicaps
Dos aspectos más que ilustran cómo Shelton quiere convertirse (y va camino de hacerlo) en un jugador mucho más peligroso desde el fondo. Los puntos largos (de más de 9 golpes), el a priori talón de Aquiles del estadounidense, también han experimentado una notable mejora: del 44% de promedio a un categórico 54% en Dallas, una subida del 10% (!) que demuestra que Ben está trabajando como nunca en su tenis; también quiere dotar de más variedad a su juego, subiendo ligeramente el porcentaje de uso de su slice, pasando de un 8,5% de uso a un 10,2% que le sigue colocando por encima de la media del circuito.


Comparación entre los puntos en función de la longitud del intercambio: arriba, porcentaje de puntos ganados antes de Dallas; abajo, en Dallas.
Hay varios motivos que sirven para explicar y contextualizar estos datos. A lo largo de su camino hacia el título hemos visto a un Shelton muy preparado físicamente, mejor en los desplazamientos, llegando en situaciones cómodas para jugar desde el fondo y, por tanto, menos acelerado y apresurado en el golpeo. Además, por supuesto, un renovado orden táctico en el que su padre, Bryan, insiste de manera constante... pero esas mejoras en los desplazamientos laterales y la agilidad para jugar desde el fondo, que han llegado de manera continua a su tenis, parecen haberle ayudado a subir un escalón. La pregunta del millón, claro, es la de siempre: ¿le servirá para batir en algún momento a Carlos Alcaraz y Jannik Sinner? Hasta que vuelvan a enfrentarse no podremos saberlo... pero hay una cosa muy clara: Ben está progresando adecuadamente para lograrlo. No será por esfuerzo, no.
* Datos e imágenes de Insights by Tennis VIZ

