Nos tenía guardados el WTA Cincinnati 2025 uno de los partidos del año entre Aryna Sabalenka y Emma Raducanu. No quizás por el nivel tenístico, en ocasiones algo irregular, pero sí por la emoción, tensión, duración y momentos importantes en encuentro que se alargó más de tres horas, contó con un juego de 13 deuces y llegó hasta el tiebreak final... donde emergió, claro, el tesón de una número uno que se muestra inabordable en estas lides (7-6, 4-6, 7-6).
Flotaba en el recuerdo el último enfrentamiento entre dos de los mayores imanes del circuito femenino. Un partido en Wimbledon en el que Emma compitió de tú a tú a la bielorrusa, especialmente en el primer set, pero en el que le faltó colmillo y momentum en los instantes de tensión para cristalizar verdaderamente su amenaza. El primer set, curiosamente, seguiría un guion similar: Raducanu jugando de tú a tú y compitiendo como las mejores, manteniendo porcentajes similares en casi todas las áreas a su rival... y, a pesar de ello, claudicando en un tiebreak en el que el servicio la abandonó por completo. ¿Era la historia de nunca acabar?
RADUCANU, CON AGALLAS PARA VOLVER EL DUELO UN THRILLER
No ocurriría lo mismo en esta ocasión. El guion cambió debido a los zarpazos y la energía de una Raducanu que no se desesperó a nivel mental y siguió remando para igualar el encuentro. Los ánimos y las indicaciones de Francis Roig hicieron mella y llenaron de energía positiva a la británica, que mejoró sus prestaciones al saque y ahondó en los momentos de irregularidad de Sabalenka. A pesar de llevarse un warning, Francis no bajó sus niveles de entusiasmo y su pupila, contagiada y espoleada por esa renovada confianza, apretó el acelerador para dejarnos ante un apasionante tercer set.
Y ese tercer set no decepcionó, vaya que si no lo hizo. La batalla saque-resto se tornó crucial en un auténtico combate de boxeo. Los rugidos de Aryna rasgaban el aire, pero Emma no perdía la compostura y combinaba precisión con su servicio y garra en varios intercambios para aferrarse al partido. Lo hizo también cuando estuvo más al límite, en un juego infinito, el del 3-4 abajo, en el que consiguió mantener su saque tras ¡13! deuces. Era señal de que Sabalenka comenzaba a apretar mucho más en la devolución, con un extra de potencia en sus golpes y quizás algo más en el tanque físico, pero también de que la personalidad de la nueva Raducanu está comenzando a aflorar, la de una luchadora a la que no solo vale con mandar a la lona.

A dos puntos estuvo del triunfo Sabalenka, pero la cantidad de tensión reinante la incitaron a cometer multitud de errores no forzados. Aguantó hasta el tiebreak del tercer set Raducanu, más frágil pero menos irregular, aguantando los envites de la bielorrusa y aprovechándose de sus errores. Y ahí, en la muerte súbita, apareció la versión de la tigresa de Minsk que ya suma 18 tiebreaks ganados y solo uno perdido en este 2025: multitud de primeros saques, dos puntos con mucha agresividad al resto para sumar dos minibreaks, y unos nervios de acero que la llevaron hasta la línea de meta.
Sobrevivió Sabalenka a una Raducanu que puede estar verdaderamente satisfecha con su versión en las últimas semanas: su juego es mucho menos irregular, el físico aguantó una batalla de más de tres horas y se ha demostrado a sí misma que tiene potencial de sobra para competir contra los mejores. Eso sí, la espina sigue insertada ante una número uno del mundo que, a falta de encontrar su versión más regular, tiene ramalazos suficientes como para desarbolar a cualquier tenista en ascensión. Así de buena es... y así lo seguirá demostrando en un Cincinnati donde ya espera en octavos a Jessica Bouzas.

