La mayor fortaleza de Leylah Fernández

La canadiense ha tenido que esperar siete meses parar pisar las semifinales de un torneo WTA. En Washington, donde hoy se enfrentará a Rybakina, dejó una interesante reflexión.

Fernando Murciego | 26 Jul 2025 | 15.34
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Leylah Fernández brilla en Washington. Fuente: Getty
Leylah Fernández brilla en Washington. Fuente: Getty

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Llevamos meses, incluso años, esperando ver esa versión de Leylah Fernández que nos enamoró en aquel US Open 2021. Casi cuatro temporadas han pasado y esta misión todavía sigue activa, aunque al menos la canadiense ha sido capaz de instalarse en un top50 donde su posición puede ir variando según la gira de turno. De momento, en esta gira de verano estadounidense, las cosas no han podido arrancar mejor para ella, avanzando hasta las semifinales del WTA 500 de Washington. Victorias de peso ante Maya Joint, Jessica Pegula y Taylor Townsend le permitirán luchar esta noche por colarse en gran final, siempre y cuando Elena Rybakina lo permita.

Pero antes de la gran batalla ante la kazaja, con la que tiene un H2H empatado de 1-1, queríamos rescatar una pequeña anécdota que la propia Leylah reveló en su última rueda de prensa. Por supuesto que, teniendo en cuenta su peso y su estatura, nadie espera verla dominar dentro de la pista como una Sabalenka o una Serena, pero eso no significa que no existan otros caminos hacia el éxito. Por ejemplo, la velocidad y la mentalidad. Estos dos aspectos se fueron a juntar en un capítulo de su infancia que hoy merece la pena rescatar.

“Desde que era pequeña todos tuvimos claros que nunca iba a ser la jugadora más alta del circuito, pero sí nos dimos cuenta que podía ser bastante rápida”, contó ayer Fernández ante la prensa. “A raíz de esto voy a contaros una anécdota aparte, una historia divertida. Cuando empecé a jugar al tenis, había como un mini-campamento donde estaban haciendo unas pruebas físicas, una especie de competición al sprint en línea recta. Probablemente, os diría que yo era la más lenta de todas las chicas que estábamos allí”, asegura con una sonrisa.

“Los entrenadores estaban un poco preocupados conmigo, pensaban que quizá no podría ser buena físicamente. Entonces hablaron con mis padres, les comentaron el problema y ellos les respondieron lo siguiente: ‘Puede ser que tengáis parte de razón, pero si le pones una pelota de tenis delante y le pides que corra detrás de ella una y otra vez, te aseguro que lo hará. Su corazón y su fe en sí misma son mucho más grandes que las de la mayoría de chicas que tenéis en este campamento’, apuntó su papá de inmediato.

“Esa historia siempre la he tenido muy presente, me la recuerdo a mí misma muchas veces, diría que ha sido clave en todo este proceso. Cada vez que hago cualquier tipo de ejercicio, aún sabiendo que nunca será la chica más grande de la sala, ni la más fuerte, ni siquiera la más rápida de todas ellas, lo que sí tengo claro es la mentalidad que me has fuerte, la confianza que encuentro en mí misma. Eso es lo que me hace llegar a tantas pelotas dentro de la cancha”, valoró con orgullo la subcampeona del US Open.