Lo que ocurrió anoche, con Grigor Dimitrov, es un infortunio. El colmo de la mala suerte. El búlgaro se rompió cuando lideraba dos sets a cero arriba a Jannik Sinner y los comentarios se dispararon, señalando muchos de ellos a Wimbledon. Minutos antes del fatídico momento, la organización paró el partido durante 15 minutos para cerrar el techo y alguno achaca la lesión de Grigor al parón y que los tenistas se quedaron fríos. ¿Realmente pudo ser así?
Con Wimbledon es lo mismo cada año. No falla. Cuando empieza el torneo todo son comentarios positivos donde se alaba la tradición británica, el vestir de blanco, las fresas con nata, el césped verde, el dejar de jugar a las 23h y las normas estrictas tan “especiales” de un torneo que va por su propio camino. No hay ningún torneo que tenga algo similar. Y cuando pasamos del ecuador del torneo, la gran mayoría acaba harto de tantas cosas que rompen con la fluidez de lo que requiere un torneo de Grand Slam.
Ayer, Andy Murray, criticaba en su cuenta de Twitter que se tuviese que parar el partido para cerrar el techo cuando aún podía quedar una hora de luz. Razón no le faltaba, pero Wimbledon ha estado cerrando el techo siempre en torno a las 20:30h de la tarde, horario UK, para evitar parar el partido un poco más tarde en medio del set. Siempre lo hacen entre sets, para que el corte sea lo más natural posible. Esos 15 minutos, cuando vienes de jugar dos horas, son un lapso de tiempo que puede romper el ritmo de cualquiera.
So ridiculous to close the roof at this stage of the match. At least an hour of light left….well over a set of tennis can still be played..its an outdoor tournament! 👎
— Andy Murray (@andy_murray) July 7, 2025
Esto se hace porque Wimbledon tiene prohibido encender las luces de la Central sin el techo cerrado para no molestar a los vecinos. Así, como suena. Al igual que no pueden jugar más allá de las 23:00h por una ordenanza municipal, no pueden encender las luces para que los habitantes de alrededor no se molesten. Y a los tenistas no les queda otra que pasar por el aro. La tradición de Wimbledon también es esto. Hay que hacer lo que ellos digan, aunque muchas de estas cosas no tengan sentido en pleno 2025.
Comprendiendo que estamos ante un torneo histórico y especial, los grandes entes del tenis deberían hablar seriamente de intentar modificar cosas que no tienen sentido. ¿Se imaginan un partido de fútbol suspendiéndose en el minuto 67 porque no hay focos en el estadio? ¿Se imaginan parando un partido de basket en el tercer cuarto porque empieza a llover y no tienen techo? Esto pasa en uno de los cuatro torneos más importantes del tenis. Y lo peor de todo, es que no hacen nada para querer cambiarlo.
En esta última década, Wimbledon aceptó cambiar cosas de su historia, como que no se jugase en el primer domingo de competición, que se implementase el supertiebreak en el quinto set para evitar cosas como lo de Isner-Mahut o lo de Isner-Anderson o la de este año, prescindir de los jueces de línea para dar cabida al canto electrónico.
Están bien que vayan adaptándose a lo que requiere el mundo actual. Si ellos quieren seguir obligando a la gente a pasar toda la noche al raso para comprar una entrada, es cosa de ellos, pero que al menos dejen que una jornada de tenis se pueda disputar al completo sin que nada externo a los partidos influya en un encuentro.
¿Puede que parar los partidos 15 minutos provoque cosas como lo de Dimitrov ayer? Quizá sí, quizá no. Eso nunca lo sabremos. Lo que está claro es que ese tipo de cosas rompe la fluidez de un encuentro, cuando los tenistas van con la quinta marcha. Y si no se puede cambiar que se enciendan los focos para que un par de días al año los habitantes de al lado se molesten por la luz o el ruido, al menos, que intenten cerrar el techo con el partido en juego. Porque pienso que ni el ruido ni el techo cerrándose puede afectar al juego en sí.
Por no hablar de que estamos ante un deporte que se juega al aire libre, y que cerrar el techo cambia ligeramente las condiciones de juego. Afecta en todo de manera directa.
Dimitrov podrá lamentarse de lo ocurrido y seguro que se preguntará cómo sucedió todo. Quizá se habría roto igual sin el parón por cerrar el techo, pero lo que está claro es que, en pleno 2025, seguimos con normas arcaicas de otro siglo en un deporte que quiere ser referencia en todo el mundo. Y demasiado bien estamos, pese a todo.

