Querer y no poder. Esa es la constante que vive Emma Raducanu desde que se dio a conocer al mundo del tenis cuando con 18 años se proclamaba campeona del US Open 2021. La británica no pudo adaptarse a la fama que consiguió y esta le lastró de tal manera que llegó a salir del Top 100, unido a una serie de lesiones y operaciones que le dejaron fuera del circuito varios meses. Pero en este 2025 se veía a otra Raducanu, que volvía a sonreír y mostraba más regularidad en diferentes torneos. De hecho, al llegar a los cuartos de final del Miami Open, sumó cuatro victorias consecutivas, algo que no ocurría desde su mencionado éxito en Nueva York y que pone de manifiesto la poca estabilidad conseguida desde aquel verano.
En la gira de tierra batida alcanzó los octavos de final en Roma, pero se despedía en segunda ronda de Roland Garros. Aun así, parecía que las lesiones, su gran enemigo estos años, le estaban respetando. De esta manera llegaba a la gira de hierba en Inglaterra, donde todos los focos se ponen en ella. La actual número 38 del mundo era el principal centro de atención en el WTA Queen’s, pero quedó eliminada en los cuartos de final por Qinwen Zheng (6-2, 6-4).
Durante la semana pasada su nombre volvió a estar en boca de todos, pero no por sus resultados ni por su juego, sino por la confirmación de que jugará con Carlos Alcaraz el nuevo formato de dobles mixto del US Open. Además, se le vio de nuevo en Queen’s, pero esta vez para ver en directo al español, lo que disparó todo tipo de especulaciones que se mantendrán hasta el grande neoyorquino.
Apareció la Raducanu de sus peores épocas
Pero esta semana volvía al ruedo, esta vez en el WTA Eastbourne, y a una semana de Wimbledon. En el primer set de su debut ante Ann Li, los aficionados congregados se preocupaban por lo que estaban viendo. Raducanu apareció sin energía, con cara triste y preocupada, como en sus peores momentos. Pero gracias al apoyo de las gradas y al de su equipo consiguió cambiar el chip, remontar y llevarse el partido por 6-7(5), 6-3, 6-1.
Sin embargo, la preocupación volvió, más aún si cabe cuando justo al término del encuentro, y antes de darle la mano en la red a su rival, la británica rompía a llorar. Nadie sabía el motivo, pero fue una imagen de la que luego fue preguntada en rueda de prensa.
"Recibí algunas noticias muy malas, así que me gustaría mantenerlo personal, pero fue difícil y muy emocional al final y probablemente fue solo una liberación de diferentes emociones. Preferiría no entrar en ello, pero acabo de recibir una noticia muy mala, así que estoy intentando superarlo en el fondo", aseguraba la joven de 22 años.
"Mentalmente, en el primer set, no estaba realmente presente. Fran Jones (jugadora británica) me apoyó porque es una buena amiga mía, así que sabe lo que pasa entre bastidores. Tenerla apoyándome fue muy significativo. Quiero dar las gracias al público por haberme ayudado a superar algunos momentos realmente difíciles. Realmente significó mucho para mí y estoy muy orgullosa de cómo me recuperé tras perder el primer set".
Además de estos problemas personales que no se conocen todavía, la británica también confirmó que tiene unas molestias en la espalda que ya vienen de lejos y de las que no se termina de recuperar: "Para ser sincera, todavía me las estoy arreglando. Tengo días buenos y días malos. La semana pasada entrené bastante en Londres y fue bien. Recibí mucho tratamiento y el fin de semana me levanté con agujetas, me tomé un día libre y ayer y hoy he entrenado. Pero necesita mucho trabajo y tiene altibajos. Intento controlarlo lo mejor que puedo. Hago de todo: agujas, tejidos blandos, estimulación muscular, vendaje, de todo. Es algo continuo", confiesa una Raducanu que acostumbra a vivir una montaña rusa de emociones, resultados y juego. Habrá que ver que dos partes de la moneda aparece en Wimbledon.

