Con más alivio que otro cosa, Alejandro Davidovich choca la mano con Jack Draper en la red de la Court Rainier III para Lugo ir a soltar todo el lastre en el banquillo. Protegido bajo su gorra amarilla, el español suelta lágrimas de impotencia, de frustración y de malestar consigo mismo, emociones que le han acompañado Durante las tres horas de batalla sobre tierra batida. Desde luego, no es la imagen habitual de un jugador que acaba de lograr su pase a los cuartos de final de un torneo tan importante como es el Masters 1000 de Montecarlo. ¿Pero qué pasó realmente? ¿Por qué esa sensación de dolor? Tan sencillo como que, en el deporte, como en la vida, el fondo no siempre lo es todo. También están las formas, asignatura donde hoy el malagueño no estuvo a la altura.
“La verdad es que hoy no he sentido mi mejor tenis dentro de la pista, pero tampoco estuvo ahí mi mejor mentalidad, sobre todo de cara a la estrategia para plantear el encuentro”, se arrancó a comentar en la entrevista que los compañeros de TennisTV siempre producen un par de minutos después del punto de partido.
“Ha sido un partido realmente duro, una montaña rusa de principio a fin con mi cabeza. Por momentos me veía jugando a un buen nivel de tenis, pero ahí aparecía mi cabeza para susurrarme un montón de mierda. Honestamente, no he sabido cómo manejar mis emociones durante el día de hoy, para mí ha sido algo muy emocional el hecho de estar otro día compitiendo aquí, pero en según que momentos no he sido capaz de respetarme, primero a mí, y luego a mi equipo. Siento muchísimo cómo he hecho las cosas hoy, así que ahora solamente puedo aceptarlo e intentar hacerlo mucho mejor mañana”, subrayó con tremenda pesadumbre, olvidándose por completa del triunfo.
Todo empezó a torcerse en el segundo set, cuando Davidovich cabalga con ritmo de ganador set y break arriba en el segundo, hasta que una interrupción debido a un desmayo entre el público le lleva a perder el foco. Ahí es donde aparecen los fallos, los breaks de vuelta y las discusiones esporádicas con su entrenador, Félix Mantilla. De hecho, el técnico decidió no aparecer en la grada en todo el tercer set, sacrificando su presencia en la escena después de algunos comentarios que seguramente no le gustaran mucho. Menos mal que Alex, por mucho pronto que tenga, guarda dentro un corazón noble. Una buena persona que a veces le cuesta concentrarse, pero que siempre está atenta de los suyos. Y cuando tiene que pedir perdón, pues lo pide.
SIN RIVAL EN CUARTOS
Después de dejar por el camino a Ben Shelton, Tomás Martín Etcheverry y Jack Draper, dos de ellos zurdos, con lo que esto supone. “No te puedo revelar aquí cuál es el secreto”, le dio tiempo a bromear a Fokina durante la entrevista, sabiendo que actualmente guarda una muy buena racha ante rivales que coinciden en este patrón. Ya más calmado tras soltar todos sus fantasmas, el malagueño apuntó por otra dirección para hacer balance de su último triunfo, poniendo sobre la mesa que el desenlace del partido podría haber sido otro.
“La realidad es que hoy Jack ha podido ganarme perfectamente porque ha jugado mejor que yo, por momentos ha sido superior, la diferencia es que al final he apretado los dientes, intentando permanecer en cada punto, en cada bola, aceptando todo ese sufrimiento del momento. Ha sido fundamental mantenerme en pie con mi servicio durante casi todo el tercer parcial, para luego poder ponerlo todo en esos últimos juegos del parcial. Estoy feliz de cómo he conseguido solucionar los problemas en esos dos últimos juegos”, valoró el español, que ahora cruzará en cuartos de final ante el duelo que se está disputando entre Casper Ruud y Alexei Popyrin.

