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El silencioso apagón de Andrey Rublev
Tras su estrepitosa caída en Cincinnati, Rublo saldrá del top-20 poniendo fin a una de las rachas más longevas en el primer escalón de la élite. ¿Volverá algún día a ser el que fue?
Durante muchos años, Andrey Rublev ha sido un fiel soldado de la élite tenística. Con sus virtudes y sus defectos, la regularidad del ruso ha sido encomiable y le ha hecho permanecer siempre cerca de los mejores, rondando las rondas finales de grandes eventos y permitiéndole cosechar un gran palmarés. Títulos en plazas de menor calado han dado lustre a sus mejores años, años que no tendrían por qué finalizar: a sus 28 años, aún deberían quedar gotas del mejor tenis en el cuentakilómetros del ruso... pero los últimos meses han dado pie a un lento pero silencioso apagón que le ha hecho desaparecer de la primera plana del circuito.
El moscovita, de hecho, hacía gala de una de las rachas más impresionantes dentro del circuito. Una estadística que era la prueba viviente de su consistencia y regularidad, de su capacidad para adaptarse y mantenerse dentro de los peldaños más altos de la clasificación mundial. Solo podía terminar con una derrota dolorosa, por resultado y forma, como la sufrida hoy en el ATP Cincinnati 2026 frente a Nuno Borges: un 6-3 y 6-4 que desnuda una vez más la fragilidad mental del ruso, la sensación de que todo se puede tambalear con apenas un mal punto, un mal juego o un gran golpe.
Dato increíble: Rublev saldrá del top-20 por primera vez en más de seis años
Esta estadística de la que hablamos hace referencia a la permanencia de Rublev en el top-20 del ranking mundial. Su periplo entre los 20 mejores pondrá fin el próximo lunes: caerá hasta el #24 del mundo al no poder defender los cuartos de final cosechados aquí el año pasado. Este dato esconde uno aún más demoledor: el ruso tenía la tercera mejor racha de semanas activas en el top-20 de todo el circuito, solo por detrás de Novak Djokovic (comenzó en julio de 2018) y Daniil Medvedev (comenzó en octubre de 2018). Andrey formaba parte de los veinte mejores del mundo desde principios de enero de 2020: más de seis años y medio de estancia en la élite absoluta del circuito que finalizan tras una dura derrota.
No es un final fruto de la casualidad, claro. Rublev irrumpió en el circuito con fuerza desde que era prácticamente un niño, cosechando en 2017 unos cuartos de final del US Open con apenas 19 años. Solo Nadal frenó el ímpetu de un tipo que hacía gala de una portentosa derecha y que descosía la pelota desde ambos lados de la pista, el santo y seña de su tenis, una virtud que le hizo escalar hasta cotas impensadas.
Campeón de Masters 1000, victorias frente a los mejores y un lugar de privilegio, incluso, entre los cinco mejores del mundo. El ruso ya se codeaba con los más grandes desde muy temprano: a pesar de sus debes, claros a la opinión pública (una discutible gestión de las emociones y una alarmante racha de caídas en los cuartos de final de los Grand Slam), Rublev era un seguro de vida ante rivales de peor ranking, un rival siempre a tener en cuenta dentro del segundo escalón de candidatos a todo.
A Marat Safin and Andrey Rublev practice today 🤝#RolandGarros pic.twitter.com/x68QSx11nm
— Roland-Garros (@rolandgarros) May 25, 2025
¿A qué se debe la caída de Rublev?
Sin embargo, el moscovita no pisa los cuartos de final de un Grand Slam desde enero de 2024. Su récord ante los mejores se ha venido abajo y la señal más palpable de que su tenis ha perdido aplomo tiene que ver con sus derrotas frente a nombres a los que antes pasaba por encima con facilidad. Luca van Assche, Nuno Borges, Jerry Shang, Roman Safiullin, Zizou Bergs, Vit Kopriva, Alejandro Tabilo o Gabriel Diallo: todos magníficos tenistas, por supuesto, pero un escalón inferiores, en ranking e historia, a Andrey; sus verdugos este 2026 eran su comidilla perfecta hace tres o cuatro temporadas.
Muchos ahondarán en sus visibles problemas emocionales, en cómo una cabeza puede convertir un partido en un auténtico tormento. El repertorio de quejas y gestos de incomodidad no ha cesado en los últimos meses, pero siempre estuvo ahí y no impidió a Rublev acumular títulos e hitos. No, el análisis es más profundo, más estructural: el ruso formaba parte de una generación que impuso una nueva manera de jugar al tenis, una en la que el ritmo de bola fuese santo y seña, donde golpear con potencia y descoser la pelota pudiese llevarte muy lejos...
Y se ha encontrado, por los derroteros hacia los que ha virado a este deporte, a nombres más jóvenes que pegan igual de fuerte a la pelota. Que ya no tienen miedo a los mayores, porque han crecido en ese tenis de pistoleros. Con bolas cada vez más pesadas y un tenis cada vez más rápido, la pelota de Rublev ya no destaca tanto como antes: su derecha ya no es tan temible, su revés está varios pasos por detrás de otros jugadores más completos y su servicio no ha terminado de evolucionar lo suficiente.
Rublo turning up the heat 🥵@AndreyRublev97 #CincyTennis pic.twitter.com/OCzy61BFEZ
— ATP Tour (@atptour) August 18, 2026
Quizás la supervivencia del ruso en lo más alto pasaba por una evolución tenística que no ha existido: sumar variantes a su tenis, encontrar planes B a través de diferentes trayectorias de bola, cambiar alturas... elementos en los que Andrey aún no se siente cómodo. Quizás aquella sonada derrota en Australia ante Fonseca ejemplificase muy bien el cambio de paradigma: pocas veces Rublev se sintió tan inútil desde el fondo, desplazado por un tipo que descosía la bola igual que él, pero que gozaba de más vitalidad y desparpajo en sus piernas y en su actitud.
Es un tenis diferente, un nuevo horizonte que obliga a Rublo a renovarse o morir. Quizás lo mental tampoco ayude en este proceso de reciclaje, quizás los demonios de su mente se preocupen de más tras cada derrota negativa... pero volver a la primera línea de batalla pasa por un ajuste tenístico que, francamente, necesita de mucho tiempo para hacerse. Hasta entonces, quizás Andrey nos deje algún fogonazo, en una semana de más acierto de lo habitual, de lo que un día fue un motor de muchos caballos... que ha caído ante la llegada de nueva tecnología. ¿Cómo lo veis vosotros?