Novak Djokovic se encuentra inmerso en la Copa Davis con la intención de ayudar a su país en ese compromiso que siempre ha tenido en esta competición. Serbia deberá luchar por mantenerse y tener opciones el año que viene para luchar por el título o, de lo contrario bajará al Grupo Mundial I. Nole será de la partida ante Grecia este fin de semana por llevarse la eliminatoria y defender los colores de su querida nación una vez más. La última vez que llevó a Serbia a lo más alto fue en los Juegos Olímpicos de París, donde Novak por fin consiguió esa medalla de oro que tanto ansiaba y por la que tanto ha luchado.
Este hito es tan importante en su carrera, que él mismo lo considera como el mayor logro que ha obtenido hasta ahora. “La razón principal es que tuve la oportunidad de representar a Serbia una vez más en un evento deportivo de gran importancia a nivel mundial. La otra razón es mi carrera olímpica. Perdí contra Nadal en unas semifinales muy reñidas en Pekín, luego perdí dos semifinales más y también perdí la batalla por el tercer puesto. Esas fueron algunas de las derrotas más duras de mi carrera”, confesó Djokovic al medio RTS y en palabras recogidas por TennisMajors.
Djokovic continúa en una nube después de haber conseguido algo por lo que tanto ha luchado. Y es que, teniendo en cuenta que esta es, probablemente, su última participación en los Juegos Olímpicos, eleva ese éxito a una estancia superior. Además, en otras ocasiones sí era más favorito al oro, en cambio, este año llegaba a París sin ningún título, algo que posiblemente fuese algo que le motivara aún más para hacerlo aún más épico. “Los Juegos Olímpicos solo se celebran cada cuatro años. Llegué a estos Juegos sin haber ganado ningún título anteriormente esta temporada. Me operaron de la rodilla, tengo 37 años, he vencido a un rival que me acaba de ganar en Wimbledon… Todo eso lo hace muy especial. Es el mayor conjunto de emociones de mi carrera, es difícil describirlo con palabras”, añadió.
Diferentes tipos de presión: Wimbledon clave para ganar el oro olímpico
“Siempre siento una presión general de que tengo que ganar, pero también de mí mismo, ya que soy un perfeccionista y me sacrifico mucho para jugar lo mejor posible cuando más importa. Los Juegos Olímpicos eran mi principal objetivo. Estaba muy preocupado después de la lesión de rodilla en Roland Garros, pero cuando logré jugar la final de Wimbledon, me sentí aliviado porque sabía que estaría listo para los Juegos Olímpicos. Por otro lado, hay una presión que me gusta llamar 'adicional', que depende de mi estado de forma. Antes de la final de París, no había perdido ningún set, había ganado a Nadal en su casa, aunque no estaba en su mejor momento, pero ganarle en París es algo enorme.
Sentí la energía y el apoyo también desde casa, por lo que esa 'presión adicional' fue menor de lo habitual. En Nueva York, por ejemplo, sentí que no era yo quien estaba en la pista, que no estaba bien preparado, por lo que sentí más presión ‘adicional’ antes de cada partido en comparación con antes de la final de los Juegos Olímpicos. Simplemente por cómo me sentía. El tenis es un deporte individual: si no tienes una solución en un día determinado, se acabó, pierdes. A lo largo de los años, eso me mantuvo disciplinado”.
Australia, su talismán, allí donde ganó su primer Grand Slam en 2008
“Fue entonces cuando empecé a creer que podía ganar Grand Slams en la era de Federer y Nadal. A eso le siguió un período de tres años en el que perdí contra ellos en las últimas etapas de los Grand Slams. Esas derrotas me hicieron abordar sistemáticamente mi cuerpo y mi juego, junto con mi equipo. Ganar la Copa Davis en 2010 fue un gran impulso y comencé a ganarles con más regularidad a partir de 2011. Me encanta el verano australiano: la pista rápida, el estadio, especialmente los partidos nocturnos, la gran comunidad serbia... Además, es justo al comienzo de la temporada y siempre quise usar Melbourne como trampolín para el resto de la temporada. A medida que los títulos comenzaron a acumularse, la confianza creció”.

