Nunca sabes por dónde va a salir, pero lo que asegura son sorpresas y frases que pueden descolocar a cualquiera. Stefanos Tsitsipas es uno de esos deportistas de los que muchos pueden dudar si es demasiado inteligente o más bien todo lo contrario. Sus declaraciones son confusas, difíciles de intepretar en muchas ocasiones y no dejan indiferente a nadie. En los prolegómeno de su puesta en escena en el ATP Masters 1000 Montecarlo 2023, torneo en el que se propone encadenar tres títulos consecutivos y demostrar que el Principado es su hábitat natural, el griego ha charlado con los compañeros de L´Equipe, a los que habrá dejado anonadados cuando ha explicado en tono poético y bastante original lo que es jugar para él a tenis en tierra batida.
El heleno es un tenista contracultural, un tipo que disfruta de los golpes sutiles, con gran sensibilidad en su muñeca, un aprecio genuino por la estética de este deporte, pero una cierta falta de efectividad competitividad y progresión en su carrera. Sus altibajos de rendimiento deportivo y anímicos son ya conocidos y, al igual que con sus declaraciones, resulta difícil discernir si estamos ante un genio incomprendido o ante un hombre atribulado y con complejos. Da la sensación de que sus mayores éxitos pueden llegar sobre tierra batida, y así lo reafirma él cuando es cuestionado acerca de qué siente al desempeñarse sobre esta superficie. "Esta superficie te da la oportunidad de ser más creativo y hace que el aspecto estratégico sea mucho más relevante que en pista dura", comienza señalando.
Tsitsipas cree que el tenis en pistas rápidas exige a los jugadores er máquinas y que este deporte no puede reducirse a eso
Puede sorprender que incluya en ese pack a la hierba, al considerar que es una superficie que también premia la innovación, creatividad y talento puro, teniendo en cuenta sus malos resultados históricamente en ella y el hecho de que se relacione con sacadores natos. Sin embargo, la hierba actual es cada vez más lenta y da más tiempo a los jugadores para buscar soluciones en forma de golpes planos, cortados y otras variantes poco adecuadas para el juego vertigonoso sobre pista dura. "Las canchas rápidas exigen al tenista que sea una máquina, que no piense, y creo que el tenis no puede reducirse a eso", reclama con contundencia un jugador amante de las variaciones de ritmo, altura y velocidades, donde su juego preciosista y versátil puede brillar más.
"Cuando la pista es rápida resulta casi imposible construir algo en varios tiros, tener la visión de ir más allá de la pelota que te toca golpear. En tierra batida, puedes abrir ángulos, pensar en lo que vas a hacer en el siguiente golpe, en definitiva, crear una jugada con sentido táctico. Esta superficie es como el lienzo de un artista, en el que puedes pintar y mostrar toda la belleza de este deporte. Hace que salga a relucir el tenis más puro y bello que pueda haber", sentencia Stefanos Tsitsipas con su rimbombancia habitual, en una reflexión que merece ser atendida y que pone de manifiesto la añoranza de algunos jugadores de otros tiempos en los que el juego no era tan vertiginoso y en el tenis había que pensar mucho más para ganar puntos.

