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El curioso viaje a la élite de Tommy Paul

Analizamos el recorrido de un jugador muy especial que ha encontrado en Brad Stine, exentrenador de Courier, el revulsivo definitivo para desplegar su enorme potencial.

Tommy Paul, viaje élite tenis. Foto: gettyimages

Lo importante es llegar, da igual cuánto se tarde. Esta máxima es perfectamente aplicable a numerosos tenistas de renombre mundial que maduraron a una edad más avanzada de la esperable y que sufrieron para dar el salto que su potencial vaticinaba. Tommy Paul puede ser un perfecto ejemplo de ello, tal y como se desvela en TheAge. Nada mejor para madurar que superar adversidades, sentir el amargo sabor de la decepción y ver cómo la presión mediática asfixia las altas expectativas puestas sobre sí mismo. A esto tuvo que enfrentarse el estadounidense, cuyo título en Roland Garros Junior 2015 generó una enorme atención por la necesidad imperante de una estrella en el malherido tenis estadounidense. Su facilidad natural para desenvolverse en una superficie poco propicia para los norteamericanos hizo que se desataran las expectativas en torno a él y, a tenor de sus recientes palabras, no supo gestionarlo.

Paul renunció a ir a la Universidad por dar el salto al profesionalismo siendo muy joven

Había acordado ya enrolarse en la aventura universitaria y compaginar estudios con la NCAA de tenis durante uno o dos años, por la Universidad de Georgia, de donde han emergido otros grandes talentos. Madurar, adquirir perspectiva, medirse ante los mejores del país y postergar el salto al profesionalismo para fortalecerse física y mentalmente eran los argumentos sólidos de una decisión que se evaporó de un momento a otro. Al día siguiente de su victoria en París, recibió una lucrativa oferta de patrocinio por parte de Nike y poco después, era fichado por Team8, la agencia de representación de Federer. No supo decir que no, no quiso o su entorno no entendió que ese camino podía traer consecuencias negativas.

Dio el salto definitivo al ATP Challenger Tour en 2016 y ahí se topó con la cruda realidad. No estaba preparado para competir con continuidad ante rivales de más experiencia, fortaleza física y sin tanta atención mediática como él. Su nombre se fue diluyendo, las múltiples invitaciones a cuadros finales durante sus primeros años de profesional empezaron a verse reducidas y en 2019, a pesar de situarse ya al borde del top-100, no le fue concedida una wildcard para el US Open. A pesar de ello, consiguió irrumpir en el top-100 a final de esa temporada, haciendo valer ya una mayor fortaleza física en su tenis y aprovechando que su nombre había caído en cierto olvido en el mainstream del tenis estadounidense. Fue en ese preciso momento cuando se acercó a Brad Stine para proponerle el puesto de técnico a tiempo completo.

Graves lesiones de rodilla y codo mermaron una progresión condicionada también por la presión mediática

Conviene aclarar el alcance de esta figura en el tenis estadounidense, algo de lo que podemos hacernos una idea si recordamos que fue el entrenador de Jim Courier. A partir de ahí, asesoró a otros tenistas de renombre mundial, como Denti, Medvedev, Grosjean, Fish y Kevin Anderson. Precisamente abandonó al sudafricano, inmerso en lesiones, para tomar a Paul bajo su experimentada tutela y tratar de sacar su mejor rendimiento. En poco más de tres años, el resultado es innegable. "Siempre creí en él, veía que era un chico muy talentoso y tenía claro en qué podía mejorar", sentencia el técnico antes de ahondar en ello.

"Tommy no era un chico muy disciplinado cuando le conocí. En júniors dominaba el circuito por su evidente talento y porque era muy buen atleta, pero le costó cambiar el chip cuando dio el salto al profesionalismo. Yo vi que le gustaba trabajar, que amaba este deporte y estaba dispuesto a hacer esfuerzos. Conoce y analiza muy bien todo lo que ocurre en el circuito y hemos mejorado mucho su conducta, tanto dentro como fuera de la pista", comenta un Stein que tiene claro el tipo de jugador que tiene entre manos. "Es fundamental inculcarle la importancia de que sea él mismo, que juegue con alegría y suelte el brazo, pudiendo combinar eso con orden táctico. Antes era una montaña rusa, se mantenía estable un set y luego se desmoronaba. Ahora es capaz de sostener esfuerzos físicos y mentales durante muchas horas", asevera antes de abordar el tema de las lesiones.

Brad Stine, el revulsivo clave para emerger a partir de 2019

Y es que gran parte de la odisea hacia la élite de Paul viene también explicada por las lesiones. Severos problemas en las rodillas y el codo derecho le mantuvieron fuera durante meses y han hecho que Brad Stein modificara su mecánica de saque. "Nos hemos tirado tres años entrenando muchísimo el servicio y contrató un fisioterapeuta para prevenir recaídas de sus lesiones. Algo cambió en su mente cuando hizo octavos de final en Wimbledon 2022. Ahí se dio cuenta de que podía aspirar a cosas importantes y es consciente de que puede conseguir cualquier éxito si mantiene la concentración e intensidad durante todos los partidos que dispute", resume un hombre que confía en que su pupilo siga creciendo tanto como en los últimos tiempos.

Sus triunfos ante Nadal, en París-Bercy, frente a Alcaraz, en Canadá, y una lenta pero progresiva e inexorable ascensión en el ranking así lo atestiguan. Quizá no sea Tommy Paul un tenista que pueda aspirar a éxitos recurrentes o a ganar un Grand Slam de forma firme, pero sí tiene todo lo necesario para afincarse en la élite y ser un habitual del top-20 que pueda sorprender a cualquiera y tener escaramuzas triunfales que den lustre a su palmarés en una etapa donde todo estará más abierto.