El enemigo en casa

Félix Auger-Aliassime, con Toni en su banquillo, derrota a Rafa Nadal en otro partido donde reflejó falta de ritmo. El español depende de lo que pase en el Ruud-Fritz.

Fernando Murciego | 15 Nov 2022 | 16.14
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Felix Auger-Aliassime vence a Nadal en Turín. Fuente: Getty
Felix Auger-Aliassime vence a Nadal en Turín. Fuente: Getty

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No queríamos perder la esperanza con Rafa Nadal y su participación en las Nitto ATP Finals 2022, pero tras lo visto esta tarde en el Pala Alpitour las dudas han quedado despejadas. Hacía tiempo que no veíamos al español en una versión tan baja, la que aprovechó Felix Auger-Aliassime (6-3, 6-4) para sumar su primera victoria en el torneo y dejar al campeón de 22 Grand Slams contra las cuerdas esta semana, al borde de la eliminación. Un duelo generacional donde el más joven le puso el colmillo al veterano en la yugular, aunque tampoco quiso hacer sangre. Eso ya vendrá después.

Pese a tener a dos monstruos dentro de la pista, lo primero en ser noticia esta tarde en Turín fue una imagen que vimos en los banquillos. Concretamente, en el box del canadiense, donde aparecía un Toni Nadal con cara de circunstancia, aunque ejerciendo su labor como asesor del tenista de Montreal. Claro, lo que no es habitual es que al otro de la red se encuentre su sobrino, algo que intentó evitar en numerosas ocasiones esta temporada, pero hasta aquí. Sin llegar a decir que el marcador final dependió únicamente del técnico español, es evidente que su mensaje tuvo mucho que ver con lo íbamos a ver en las próximas dos horas.

Pero hablemos de los jugadores, sobre todo de Nadal. En el primer set no tuvimos muchas noticias importantes, solo algunas bolas de break que se fue dejando Félix por el camino y que, inmediatamente, resolvía gracias a su saque, ese que le saca de apuros en tantas ocasiones. La película de verdad llegó en el octavo juego, cuando el de Manacor servía con 40-0 para igualar a cuatro. Muchos dieron por hecho ese juego, pero lo que de verdad llegó fue el desastre. Un par de dobles faltas, un par de errores, un poco de adrenalina en los ojos del canadiense y ya estaba el lío montado. BREAK. Muy doloroso. Inexplicable. El trampolín perfecto para que Auger cerrara a continuación el set con la autoridad de los grandes sacadores.

Todos se quedaron con el rostro gélido, sobre todo los entrenadores del español. Carlos Moyá, Francis Roig y Marc López se miraban entre ellos, intentaban animar a su pupilo, le invitaban a creer en la remontada, aunque Nadal llevase desde mayo de 2021 sin ganar un partido a tres sets después de perder la primera manga. Su intento de ser agresivo y subir mucho a la red chocaba de frente con la irregularidad y la falta de rodaje que desprendían sus golpes. Ni siquiera el movimiento era el de siempre, pero es normal cuando apenas juegas torneos en estos tres últimos meses. Y no es culpa de nadie, simplemente es la realidad del balear, la que ha tenido que abordar con múltiples adversidades en este final de temporada.

MORIR EN LA ORILLA

Tampoco Aliassime tenía la culpa de que su rival estuviera en horas bajas, bastante días lo había sufrido ya en su versión prime. El de Montreal necesitaba esta victoria, así que no esperó más tiempo a darle un nuevo bocado al partido. Al tercer juego, quiebre. Los fallos de Nadal se mantenían a la orden del día, tanto con el saque como con el drive, una ecuación imposible para competir ante una de las mejores raquetas del circuito bajo techo. No se alargó más el encuentro, así que nosotros tampoco alargaremos más la crónica. Tarde muy oscura para un Nadal que, a falta de que se confirme su eliminación matemática, tiene mucho camino que recorrer para llegar a 2023 en condiciones óptimas.