El tenis italiano está de moda, esto ya no se escapa a ningún seguidor del tenis. Basta con decir que tienen ahora mismo casi 25 jugadores entre los 250 primeros del ranking ATP, confirmando que es una de las potencias que dominarán el circuito en los próximos años. Hoy traemos la historia de uno de ellos, Matteo Arnaldi, aunque es el propio tenista de Sanremo el que la explica. A través del clásico Behind the Racquet, el actual #154 del mundo cuenta cómo ha sido su camino hasta cumplir los 21 años, con una experiencia en el pasado que le hizo replantearse su futuro.
Objetivo a largo plazo
“No me gusta la palabra ‘miedo’, ya que a lo largo de una carrera de tenis pueden pasar muchas cosas. Personalmente, lo único que intento es mejorar cada día y hacer las cosas lo mejor que puedo. Creo que las cosas buenas vienen con trabajo duro y dedicación, pero es normal que todos tengan sus propios metas, aunque no siempre es fácil alcanzarlas. Al final de mi carrera lo que espero es mirar atrás y ver que hice todo lo que pude para lograr mis objetivos, sin remordimientos”.
Pasión por el trabajo
“Soy alguien que tiene mucha pasión por el deporte, realmente disfruto estando en el gimnasio y trabajando todos los días, esforzándome al máximo en cada aspecto de mi desarrollo. Hay que veces que necesito que mi equipo me recuerde que tengo un día libre, porque si no estaría trabajando sin parar durante todo el año sin parar. Mi pasión y el trabajo que hago me ayuda luego en los torneos que juego, pensar en esos momentos me recuerda a mí mismo el trabajo que he realizado previamente, eso me mantiene motivado y me lleva a superar los momentos complicados”.
El día que descubrió su potencial
“Fue en mi primer torneo internacional junior, en Georgia, cuando tenía 16 años. Esa semana fue también la primera vez que tomé un vuelo en solitario, no viajé con nadie. Llegué allí sin saber inglés y en busca de mis primeros puntos ITF. Recuerdo que me quedé durante dos semanas y gané el torneo partiendo desde la fase previa. Regresé a casa con un buen saco de puntos y por fin pude a participar en los torneos que se disputaban en Europa. En aquel momento fue donde creí que el tenis podría ser mi trabajo para el resto de mi vida”.
Una experiencia para crecer
“Hasta ahora nunca he tenido una experiencia dramática o muy dolorosa fuera de la cancha y espero que no me suceda en mucho tiempo. Mi familia está muy unida, la primera persona que me puso una raqueta en la mano fue. Mi abuelo, quien todavía me acompaña durante muchas semanas para mirarme y animarme en cada uno de mis partidos. Sin embargo, sí tuve una etapa complicada cuando tenía 13-14 años, ya que maduré un poco más tarde que los demás. Los otros chicos eran mucho más grandes que yo y eso fue algo con lo que tuve que luchar. Debido a que no estaba tan desarrollado físicamente como los demás, sentía que era un tipo pequeño en la cancha, que apenas tenía fuerza”.
Reacción ante los problemas
“Fue duro verme en aquella situación, así que intenté cambiar mi atención sobre las cosas. Busqué trabajar mucho los estiramientos, ser mucho más flexible, trabajar más duro que el resto estando más tiempo en pista que ellos. Pensé que ese esfuerzo ayudaría a compensar mi desventaja física, luego me sirvió cuando crecí y alcancé mi altura actual, 1’85m. Ahora tengo más cuerpo de atleta, puedo utilizar esa experiencia del pasado para resolver situaciones más difíciles”.

