Saltó la sorpresa en el ATP 500 de Astaná. Carlos Alcaraz, que venía con la etiqueta de número uno del mundo, condición que además estrenaba por primera vez en el circuito individual, se vio sorprendido por David Goffin en un partido donde el belga nos recodó el gran jugador que ha sido siempre (7-5, 6-3). Un partido cargado de errores por parte del español y un juego al contraataque muy fluido por parte del actual número 66 del mundo. Tras un primer set de ida y vuelta, el murciano se desinfló en el segundo para firmar su tercer torneo de esta temporada sin victorias (Montecarlo, Montréal). Jarro de agua fría en un final de curso donde la cabeza llega con la energía justa.
No sé, quizá subestimamos un poco a David Goffin. Ahora me viene a la cabeza el momento donde nos enteramos que Holger Rune se bajaba del torneo por agotamiento y el belga entraba como lucky loser a citarse con Alcaraz en primera ronda. ¿Quién no celebró este emparejamiento? Rápidamente pensamos en el ranking del belga, en sus malos resultados estos dos últimos años, incluso en aquella primera victoria de Carlos ante un top20 firmada en enero de 2021, precisamente ante David. Todo invitaba a pensar que esta primera ronda no le traería muchos dolores de cabeza al número uno del mundo, pero nos olvidamos de lo difícil que es soportar tanta presión con tan solo 19 años.
Se tenían que dar dos condicionantes para que saltara la sorpresa este martes. La primera era sencilla: que Goffin saliera con la mentalidad totalmente relajada y sin nada que perder. Al fin y al cabo, venía de perder en la fase previa con el #151 del mundo, obligado a pasar por las Qualys en este tipo de torneos debido a su descenso en la clasificación. Verse ahora ante el mejor del vestuario era un regalo que no querría desaprovechar. El segundo requisito era que Carlos no tuviera el día, que pagara el tiempo de inactividad y no estuviera fluido con sus golpes. En el primer set vimos cómo las dos corrientes avanzaban en una misma dirección, aunque el murciano todavía tuvo algunos momentos de frescura para gobernar el parcial. Pero no salió, el 7-5 era un aviso de que tocaba un día duro en la oficina.
Desde la grada, Antonio Martínez Cascales animaba al español a seguir peleando, a no perder la fe en el encuentro y centrarse en cerrar los puntos en la red, sin precipitarse. Goffin, que a sus 31 años sabe perfectamente cómo gestionar estos momentos, tiró de veteranía para zafar algunos puntos calientes en el inicio del segundo set y colocar un 3-0 de salida. Difícil de creer si nos lo cuentan hace unas horas, pero el tenis siempre se encarga de regalarnos partidos como éste para recordarnos que nunca debemos dar nada por hecho. Hoy seguramente no quisimos tener en cuenta esta ley, pero finalmente se terminaron cumpliendo los pronósticos más osados. Un jugador con el motor pasado de revoluciones y otro que llevaba esperando mucho tiempo para brillar en un partido así.
CERO DRAMAS
Todavía hubo un intento de reacción por parte del vigente campeón del US Open, pero llegó demasiado tarde, la distancia era insalvable. ¿Duele la derrota? Mucho. ¿Supone una decepción que el Nº1 caiga en primera ronda? No hace falta ni responder. Pero es solo eso, un partido trampa en el arranque de la última gira del curso. Por delante todavía quedan varias paradas interesantes como el ATP 500 de Basilea, el Masters 1000 de París-Bercy o las Nitto ATP Finals de Turín. Por supuesto, también las las Davis Cup Finals. No se preocupen, hay tiempo para ir recuperando la forma, no duden que Alcaraz acabará 2022 con una última sorpresa.

