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Rybakina, al Olimpo por la vía directa

La kazaja remontó un set en contra, se mostró mucho más sólida y terminó jugando con la ansiedad de Jabeur para sumarse al panteón de las campeonas de Wimbledon.

Elena Rybakina. Fuente: Getty

Impasible, como si se tratase de una primera ronda. Como si nada hubiese pasado, como si este partido fuese uno más. Así celebró Elena Rybakina la mayor victoria de su vida, el acontecimiento más importante en una carrera destinada a llegar el Olimpo, pero cuya entrada al salón de la fama de las campeonas de Grand Slam se ha dado de la manera más sorprendente posible. Llegó a Wimbledon 2022 con una racha realmente negativa, pero sale de Londres saboreando el título de un Grand Slam histórico tras una final en la que enderezó el rumbo tras un mal primer set. El nivel de Ons Jabeur se cayó de forma inesperada y a la kazaja no le tembló la mano para cerrar un partido en el que, a partir del segundo set, solo hubo una jugadora (3-6, 6-2, 6-2).

El primer set fue una demostración de temple por parte de Ons Jabeur. La tunecina quería hacer historia, no solo por ella, sino por toda su legión de seguidores y como representación árabe en una cita de semejante calado. Mientras Elena se habituaba a un partido tan trascendental como este, Ons aprovechaba para atraerla a la red con golpes cortados, a generar ángulos para sacarla de su zona de confort y, en definitiva, a hacerla sentir incómoda y evitar sus golpes planos después del servicio. El bajo porcentaje de Rybakina con su saque fue también absolutamente clave: pocas veces pudo soltar la derecha como golpe de continuación, con una Jabeur muy metida en la pista que, con escuadra y cartabón, trazaba todo tipo de golpes que le llevaron en volandas a ganar la primera manga.

El segundo parcial fue el inicio de una historia completamente diferente. Un nuevo partido se dibujaba en el horizonte con el break de salida de Rybakina, necesario para coger por primera vez la dinámica ganadora y para darle tranquilidad en el plano mental. Fue la chispa que prendió la mecha del autoconvencimiento, de la fé en que sí, ella también tenía derecho a hacer historia. A partir de aquí, un nuevo panorama con el servicio: pasó del 53% de puntos ganados con su primer servicio al 73%, elemento clave que le dio aire y le permitió imponer sus patrones favoritos. Jabeur pareció descolgarse: ahora era la tunecina quien llegaba varios segundos tarde a sus golpes, inflando su cuenta de errores no forzados en un encuentro que se marchaba al parcial decisivo.

RYBAKINA TEMPLA SUS NERVIOS PARA HACER HISTORIA

Fue como si la ansiedad se traspasara de una jugadora a otra conforme el tiempo avanzaba. Si al principio era la kazaja quien mostraba señales de nerviosismo, quien dudaba hacia dónde mandar sus servicios y quien no conseguía ajustar sus golpes, el paso del tiempo y la incesante presión de Rybakina provocaron que el tenis de Jabeur empezara a desmembrarse. Con 9 errores no forzados tanto en el segundo como en el tercer set, Jabeur volvía a entregar una nueva rotura en el set decisivo, presagio de lo que ocurriría poco después. Su oponente seguía golpeando con la misma ferocidad y ni tan siquiera dudó con la línea de meta cerca, ajustando su movilidad, mejorando su juego de pies (ahora llegaba mucho más temprano a las bolas) y, en definitiva, tomando el timón del partido. Jamás lo volvió a soltar.

La WTA es impredecible, y esa máxima se hace aún mayor cuando llega la hierba, el tapete sobre el que las jugadoras tienen menor adaptación. Fue Elena Rybakina, alguien que no entraba en ninguna quiniela a inicios del torneo, quien acabó llevándose los honores, y lo celebró con la tranquilidad y la parsimonia de quien acaba de ganar un duelo de primera ronda. Extraño, sí, pero con encaje claro en una personalidad que deja que el tenis hable por ella misma, que calma los caballos de su tenis, que puede adquirir velocidad de vértigo y que acabó desdibujando a una Ons Jabeur que se marcha de Londres con honores. Una kazaja nacida en Moscú se ha unido al olimpo de las campeonas de Grand Slam. Hasta el US Open, amigos.