Kyrgios da el KO tenístico y mental a Tsitsipas con su bendita locura

El australiano venció en cuatro mangas a un Tsitsipas que perdió los estribos y se vio superado por la magia incontrolable de un Kyrgios desatado.

Diego Jiménez Rubio | 2 Jul 2022 | 22.21
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Nick Kyrgios gana a Tsitsipas en Wimbledon 2022. Foto: gettyimages
Nick Kyrgios gana a Tsitsipas en Wimbledon 2022. Foto: gettyimages

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Puede gustar más o menos, considerar que sus faltas de respeto hacia todo y todos opacarán por siempre su tenis o percibirle como un jugador muy lejano de la ética del deporte, pero lo que asegura Nick Kyrgios en grandes escenarios y ante rivales como Stefanos Tsitsipas es un interés máximo y un espectáculo pocas veces visto. Lo que se vivió en la Pista 1 de Wimbledon 2022 es difícilmente explicable con palabras y complejo de entender para una mente racional que se haya enfrentado al desafío de estar en una pista de tenis compitiendo, tanto en lo bueno como en lo malo. Porque hay argumentos de sobra para defender las bondades de ambos y denostar su carácter en la cancha, pero de lo que pueden estar seguros, es de que este partido no lo olvidaremos ninguno de los que lo vimos. El resultado final fue de 6-7 (2) 6-4 6-3 7-6 (7) en favor de Kyrgios.

Ya desde el primer set pudo comprobarse que se avecinaban emociones fuertes, y no solo en lo tenístico. Kyrgios vagaba por la pista con un acierto y clarividencia al saque tan elevado como su carácter malhumorado, por aspectos que posiblemente ni él sabía cuáles eran. Errores de jueces de línea, roces con su rival por el ritmo diferente entre puntos, exhabruptos a su banquillo sin razón aparente... En definitiva, un monólogo propio de un desarraigado de la vida que es infeliz haciendo bien su trabajo, pero que no encuentra el premio esperado. Nick consideró una ofensa no romper el servicio de su rival en ninguna de las cuatro ocasiones de las que dispuso, y eso le hizo llegar al tiebreak creyendo que había un complot divino contra él. Pagó caro su actitud, ante un Tsitsipas que sacó a relucir su mejor tenis en esta muerte súbita.

Tsitsipas pudo haber sido descalificado al final del segundo set

Perder un set después de dejar escapar solo 7 puntos al servicio debe ser duro, y mucho más para Kyrgios, pero su voluntad de competir y ganar, por mucho que trate de esconderlo detrás de esa fachada de rebelde sin causa, le hizo perseverar en la segunda manga. Empezó a haber más peloteos de fondo de pista, ambos jugadores mostraban la opción de hacer daño en alguna escaramuza al resto y durante ocho juegos, no hacía falta narrador porque Kyrgios comentaba cada punto; solo le faltaba hablar mientras golpeaba, algo que no se puede descartar que haga. Los puntos de calidad empezaron a florecer tanto como los warnings por abuso de palabra de un juez de silla desbordado por el trabajo incesante que tuvo que hacer, tanto en la aplicación del reglamento como en la gestión emocional, propia y de los jugadores.

Quien primero perdió los estribos fue Stefanos. En un abrir y cerrar de ojos, Nick pareció conectar con Buda o algún ser supremo que apagó sus demonios internos y le permitió jugar dos juegos plenamente concentrado. Con eso le bastó para romper el saque de su rival y poner el empate en el marcador. Pudo acabarse en ese momento el partido, ya que el griego pegó un pelotazo hacia la grada que pudo haber causado estragos en alguna persona del público. Fue la mecha que encendió la llama de forma definitiva. Nick pedía la presencia del Tribunal de La Haya con tal de que descalificaran al heleno, que caminaba sobre la hierba con el rictus propio del niño travieso que sabe que ha ido demasiado lejos y que teme las represalias.

Kyrgios salvó un 0-40 en el tramo final del cuarto set

Todo quedó en nada... O no. Porque el tercer parcial estuvo totalmente marcado por ese suceso y lo que condujo a él. Tsitsipas había perdido el Norte y no veía ni un atisbo de brújula para encontrarlo, por lo que tomó la calle de en medio, que no resultó ser otra que pegar pelotazos a diestro y siniestro. Parecía más preocupado por golper a su rival y mostrar su enfado que por encontrar la manera de ganar puntos, lo cual le condenó a perder el saque en el tramo inicial y no disponer de ninguna oportunidad para revertir la situación. Kyrgios había encontrado la manera de ganar puntos, pero también de fastidiar a su contrincante, y lo explotaba con fervor, con celebraciones circenses, gritos, miradas desafiantes y todo tipo de artificios ingeniosos y de dudosa deportividad.

Las aguas parecieron calmarse en el cuarto set, con Stefanos siendo capaz de salvar un ultimátum en el tercer juego. Dispuso el australiano de un prometedor 0-40 que podría haber provocado un colapso mental definitivo en su contrincante, pero el griego emergió con fuerza, tirando de intangibles y carácter. El encuentro volvió a igualarse, con la sensación de que cualquier detalle podía decantar la balanza de un lado u otro. Kyrgios volvió a disponer de una oportunidad de rotura, luego fue el heleno quien dispuso de un 0-40 en el tramo final y la tensión podía cortarse con un cuchillo. El encuentro derivó en un tiebreak plagado de aciertos y errores por parte de ambos, pero sobre todo, de gran determinación por encontrar el triunfo.

Uno salvó una bola de partido, el otro hizo una volea milagrosa para salvar una de set y el mundo pareció detenerse cuando el australiano asumía riesgos con sus golpes de fondo y desbordaba a su rival. Terminó venciendo con un resto brutal que le permitió dominar y hacer una dejada majestuosa. Paso franco a los octavos de final de Wimbledon 2022 para un Nick Kyrgios único en su especie, que ha agrandado su leyenda en este encuentro, tanto para bien como para mal. Stefanos Tsitsipas ha de reflexionar sobre lo ocurrido y encontrar soluciones a su pérdida de papeles frente a un hombre que le ha ganado algo más que un partido.