La hierba no es para todos

Diferentes jugadores del vestuario profesional comparten sus experiencias sobre césped, señalando por qué es la gira más complicada del calendario.

Novak Djokovic entrenando sobre hierba. Fuente: Getty
Novak Djokovic entrenando sobre hierba. Fuente: Getty

Algo tiene la gira de hierba que se le atraganta a más de la mitad del vestuario. Dejando grandes sacadores a un lado, son muy pocos los tenistas que realmente se adaptan a ese bote bajo, a la continua flexión de rodillas, a la velocidad de los juegos o a la ausencia de puntos de break durante buena parte del encuentro. En un reportaje elaborado por The Guardian y, aprovechando el comienzo de Wimbledon 2022 este mismo lunes, varias raquetas masculinas y femeninas comparten su experiencia sobre el verde, reflejando dónde están los hándicaps y cómo alcanzar el nivel competitivo deseado.

“El movimiento es una parte importante, terminar tu tiro correctamente es otra parte importante, ya que la pelota Slazenger siempre es muy pesada”, expresa Daniel Evans, número 33 del ranking ATP y uno de los jugadores que se frotan las manos cada vez que llega su gira favorita. “Durante el partido, los juegos suelen ser bastante rápidos, todo se reduce a pequeños márgenes donde tienes que estar muy atento, hay mantener una buena salud mental durante cada partido”, resuelve el británico, quien ha pisado varias veces la tercera ronda en Londres.

Pero esto es solo la teoría, hasta que uno no pisa el pasto no se da cuenta de lo que realmente supone jugar sobre hierba. Tommy Paul, cuartofinalista estas semanas atrás en el ATP 500 de Queen’s y en el ATP 250 de Eastbourne, confiesa que ha ido mejorando poco a poco en la superficie, aunque hubo un factor que no esperaba encontrarse. “Uno puede pensar que jugar partido largo sobre tierra batida es el reto más duro que te puedes encontrar para las piernas, pero ojo con un partido largo sobre hierba. La semana pasada jugué un partido de tres horas sobre césped y acabé muy dolorido. No podía creerlo, siempre pensé que las condiciones rápidas eran las más sencillas”, recuerda el estadounidense.

Los nuestros también tiene voz en este debate, aunque no uno cualquiera. Preguntándole a Alejandro Davidovich sobre la necesidad de ampliar la gira de hierba, esto fue lo que contestó el ex campeón de Wimbledon Junior. “Para mí, con un mes es más que suficiente. Cuanto más tengo tiempo, siempre es mejor, ya sea para alcanzar el nivel deseado sobre pistas de tierra batida, pista dura o pistas de hierba. Este mes he podido disfrutar mucho jugando sobre césped, lo he podido pasar bien, he mejorado cosas de mi juego con el paso de los años, ya no me caigo 30 veces como me pasaba al principio, cuando jugué el cuadro junior”, responde el malagueño.

LOS BRITÁNICOS, UN PASO POR DELANTE

Lo que quizá llame un poco más la atención es la facilidad que suelen tener los jugadores de Reino Unido para encontrar una línea más recta hasta llegar a esa comodidad soñada sobre la hierba. Basta con mirar la última gira, con tenistas ingleses desconocidos brillando por encima de algunos top10. ¿Ryan Peniston? ¿Jodie Burrage? ¿Katie Boulter? Esta última nos revela dónde está la clave. “Conozco a algunos jugadores que, probablemente, no hayan golpeado una pelota sobre césped durante 15 años, pero luego salen ahí fuera y juegan bien, parece increíble. Sin embargo, lo que la gente no sabe es que jugadores como Harriet Dart, por ejemplo, jugó en club con su madre desde una edad temprana y se familiarizó rápidamente con la superficie, lo cual nos da cierta ventaja sobre el resto”, expone la actual número 118 del mundo.

Esta lección que los británicos aprenden antes que el resto, otros tenistas de diferentes orígenes suelen tardar un poco más. Es la única manera de explicar por qué jugadores de la talla de Alexander Zverev, Daniil Medvedev, Stefanos Tsitsipas, Andrey Rublev, Casper Ruud o Dominic Thiem nunca lograron pasar de los octavos de final en Wimbledon. Muchos pensarán que la solución estaría en ampliar la gira, en instalar más torneos sobre el verde, pero es aquí donde el factor económico se impone a los demás.

“Es mucho más caro, no hay duda”, afirma rápidamente Edwin Weindorfer, director del torneo de Stuttgart. “Diría que es entre dos y tres veces más caro que hacer un torneo sobre tierra batida. El mantenimiento es el factor diferencial para entenderlo todo, ya que el césped es un material vivo y es necesario cuidarlo y protegerlo durante todo el año. Para el mantenimiento de una cancha de hierba se necesitan, al menos, unos 25.000€ por cancha al año”, sostiene con las cifras en la mano. Veremos si el futuro trae buenas noticias económicas dentro del circuito, será la única manera de que esta gira de hierba amplía sus fronteras.

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