Hay días en los que da gusto ver jugar a Nick Kyrgios. Por desgracia no son la mayoría, y el australiano jamás ha demostrado tener la consistencia necesaria para llegar lejos con dicho nivel en los grandes eventos, pero el ATP Halle 2022 está redescubriendo su versión más equilibrada, aquella capaz de mezclar dosis de show y genialidades con los golpes adecuados en los momentos importantes. Hoy, el de Canberra se ganó el billete a sus terceras semifinales de la temporada (segunda consecutiva y segunda en lo que llevamos de gira de hierba) tras imponerse a un Pablo Carreño sin ideas ante las variantes de Kyrgios, que tuvo unos porcentajes impresionantes al servicio (no cedió ni una sola bola de break) y jugó liberado, en especial en el segundo parcial (6-4, 6-2).
Mantener los puntos lo más cortos posible, ser resolutivo con su derecha, sorprender a un Carreño de ritmo más diésel. Éstas fueron algunas de las claves que explican un partido tan desigual, claves que empezaron a cimentarse en un primer set de propósito claro para el australiano: asegurar el break en algún momento dado y proteger su servicio. Ayudado por la hierba, el de Canberra fue encontrando sensaciones de manera progresiva: se atisbaba desde el primer momento que estaba a un nivel altísimo con su servicio, llegando a firmar en el primer parcial un 89% de puntos ganados con el primer servicio y un 75% de puntos con el segundo. Sin ningún tipo de desconexión mental ni bajón en su tenis, empezaba a dar la sensación de que la rotura era inminente.
Carreño salvó las dos primeras opciones con dos grandes puntos, pero un juego después llegaría la primera herida en su coraza. Kyrgios se armó de paciencia para neutralizar los primeros golpes del de Gijón, una constante en el partido, y pasar al ataque utilizando todo tipo de golpes. Una de las claves fue la dejada, que utilizó hasta en ocho ocasiones con muy buen resultado: no solo su servicio funcionaba, también su derecha encontraba la profundidad y precisión necesarias. Por otro lado, Pablo sufría a la hora de jugar con menos margen, intentando que su derecha haciese más daño, algo que rara vez consiguió. La mayoría de veces quedaba a merced de Nick, y solo encontraba respiro en los puntos verdaderamente largos (donde le superó por 8 puntos a 7).
UN KYRGIOS SENCILLAMENTE ESTELAR
Pero poco importaba eso si la mayoría de puntos se resolvían por la vía rápida. Ahí, Kyrgios era el rey: 49 a 23 en los puntos de 0 a 4 golpes, una prueba de lo irreductible de su servicio. Con el primer set asegurado (6-4), el australiano pareció soltar amarras y se empezó a tomar el partido con un chip "de exhibición", ayudado por un mal juego del español que le ponía break arriba en el segundo set. Avalado por un servicio capaz de sacarle de cualquier apuro, el oceánico empezó a dejar todo tipo de golpes: varios entre las piernas, saques por debajo, dejadas inverosímiles y derechas supersónicas. Carreño sufría, encajaba otro break e incluso veía cómo la grada pitaba ligeramente a su rival tras uno de esos saques por debajo (al que el español ni corrió).
Finalmente, el 6-4 y 6-2 es un fiel reflejo de la superioridad vista en el tapete alemán. Las estadísticas no mienten, y son, además, verdaderamente brilantes: el australiano dejó un balance de 39 golpes ganadores (16 aces y 16 winners con su drive) y solo 4 errores no forzados, muy cómodo con la velocidad de crucero de un partido que apenas superó la hora y ocho minutos. El español se marcha de Halle con unos nada desdeñables cuartos de final, en especial si nos fijamos de sus resultados previos; Nick, por su parte, empieza a lanzar avisos serios con respecto a sus posibilidades de cara a Wimbledon 2022. La cuestión física, a cinco sets, preocupa y mucho... pero Kyrgios está muy cómodo con su tenis y se gusta en partidos como estos. Mañana más ante Felix Auger Aliassime o Hubert Hurkacz.

