Nadal, cada vez más fiable en las finales de Grand Slam
El manacorí ha triunfado en ocho de las últimas nueve finales que ha jugado, convirtiéndose en un valor seguro en finales con el paso del tiempo.
Pocas cosas se pueden decir de Rafael Nadal que no sepamos. Alabar sus virtudes como competidor se ha vuelto, casi, una rutina. Su temporada 2022 es una reivindicación más de una figura histórica, redescubriéndose a sí mismo y rompiendo récords personales que, a sus 36 años, parecían prácticamente imposibles de romper. Pero buceando en el archivo de las grandes estadísticas algunas de ellas llaman la atención, en especial porque reflejan una seguridad y convicción en las instancias decisivas que sorprenderían a cualquiera. En muy pocas ocasiones se ha visto el balear sorprendido en las finales de los grandes torneos, pero los últimos tiempos nos están dejando a un Nadal aún más clarividente en finales de Grand Slam. Hasta tal punto esto es así... que solo ha perdido una final de las últimas nueve que ha jugado.
Un porcentaje de efectividad altísimo sustentado en su reinado permanente en Roland Garros, pero apoyado con grandes actuaciones en pista dura. También en la serenidad de Rafa, cualidad que comparte con el resto del Big Three, a la hora de no dejarse sorprender por primerizos en las instancias más importantes de Majors. Solo Novak Djokovic en la final del Open de Australia 2019 es el único intruso en una lista espectacular, con un dominio de muchas de estas finales absoluto y que muestra que Nadal, con el paso del tiempo, gestiona mejor si cabe los momentos importantes de los partidos por la gloria. Es difícil batirle en Grand Slams, pero esa dificultad de multiplica si, además, el título está en juego.
Como decimos, Roland Garros es su gran bastión. Cinco de sus últimas nueve finales llegaron sobre la arcilla de París, y el balance de Nadal en ellas es sencillamente impresionante. Tan solo se ha dejado un set en cinco partidos, señal del monstruo inabarcable en el que se convierte si la Chatrier espera una nueva Copa de los Mosqueteros. Fue ante Dominic Thiem en el año 2019: tras un segundo set de altos vuelos en el que echó el resto, el austriaco se acabó quedando sin gasolina ante un Rafa que jamás soltó el pie del acelerador. El resto de finales ni tan siquiera dieron sensación de igualarse en ningún punto: en 2017, la vuelta a los grandes escenarios ante un Stan Wawrinka que no veía portería. En 2018, otra demostración de fuerza ante un novel Thiem, que en ningún momento estuvo cerca en el marcador. En 2020, una de sus mejores actuaciones en Grand Slam, cobrándose la venganza de Australia ante Djokovic y endosándole un rosco por el camino. Y, por último, un 2022 en el que Casper Ruud jamás le supuso un desafío considerable en el camino hacia el 22º.
EN PISTAS DURAS TAMPOCO DUDA
Si cinco de los triunfos llegaron en París, Nadal tampoco duda a la hora ejecutar a sus rivales en otras superficies. Hay una víctima, en particular, que siempre remó para quedarse en la orilla, falto de ese plus necesario, ese killer instinct para terminar de derrocar al balear. Es Daniil Medvedev, protagonista de dos de las últimas victorias de Nadal en un Major. El ruso se marchó relativamente contento del US Open 2019, donde contra todo pronóstico alargó el partido hasta el quinto set en la que era su primera final de Grand Slam; por el contrario, la historia dio la vuelta a la tortilla en el pasado Open de Australia, una de las conquistas más especiales de Nadal que llegó tras superar un hándicap de dos sets en contra. Medvedev gozó de tres pelotas de break para hacerse con una importante ventaja en el tercer set... pero Rafa se sobrepuso y la historia es bien conocida por todos.
El último protagonista de esta historia, como nota curiosa, ya no forma parte del circuito. Kevin Anderson también tiene un lugar en el "Hall of Fame" particular del manacorí, siendo su segunda víctima en esta racha y dejando clara la laguna que existe entre un novel en estas lides y Nadal cuando en juego está el campeonato. Aquel 6-3, 6-3 y 6-4 en la final del US Open 2017 dejó claro que Rafa estaba de vuelta en las grandes ligas, incluido más allá de la tierra batida... y dio continuidad a una racha que, hasta hoy, roza la total efectividad. 36 años, un cuerpo curtido en mil batallas y una mente maravillosa cuando el partido es de importancia capital. Ese es, amigos y amigas, Rafael Nadal.