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Casper Ruud, un tenista atípico con un entorno que favorece su progresión

Repasamos la figura de este joven noruego que tiene aspectos curiosos en su personalidad y ha seguido un camino atípico a la élite.

Casper Ruud, entorno familiar. Foto: gettyimages

Nadie mejor conoce el oficio de tenista y la pasión por este deporte que alguien como Casper Ruud, al que este deporte le corre por las venas y lo ha mamado desde niño. Hace años, el bueno de Casper era aún el "hijo de Christian", pero le han bastado unos años en el circuito para que ese mantra se invierta. El que fuera número 39 del mundo y pionero del tenis en su país, ha visto cómo un prodigioso talento iba asomando en su retoño. Tener un padre que sabe lo que es estar en la élite puede ser un arma de doble filo, pero si por algo se caracteriza la familia de esta saga noruega es por su inteligencia y saber estar. Esto es palpable en la decisión tomada por el clan, volcándose en la formación de su hijo y siendo conscientes de que necesitaba salir pronto de su zona de confort.

La primera vez que el gran público supo de él fue en septiembre de 2016, cuando todavía con 17 años fue capaz de ganar el Challenger de Sevilla llegando desde la fase previa. Una presentación en sociedad cimentada ya en su trabajo lejos de su país, donde había muchas limitaciones en cuanto a rivales de nivel y pistas disponibles para entrenar al aire libre durante gran parte del año. Sus padres apostaron por él llevándolo a España, donde Pedro Rico asumió su formación, y luego, en verano de 2018, se fue a la Rafa Nadal Academy by Movistar, donde Pedro Clar ha guiado sus pasos. El secreto del buen funcionamiento de esta asociación no es otro que el compromiso de Casper, trabajador infatigables, algo que le ha permitido explorar unos límites que ni lo más optimistas podían imaginar cuando era un junior.

Entrena en la Rafa Nadal Academy desde verano de 2018 y está siempre muy arropado por su familia y pareja

Su mejoría física ha sido evidente, el revés deja de ser un agujero en su tenis y mejora notablemente en la gestión emocional e interpretación táctica. Los que le conocen bien dicen que es una auténtica esponja, siempre dispuesto a aprender y mejorar. Su hermana, de 16 años, sigue sus pasos en el mundo del tenis y entrena también en Manacor, mientras que siempre se le ve arropado por su familia en las grandes citas. El pasado año trascendió su relación sentimental con Maria Galligani, joven noruega graduada en psicología y que comparte mucho tiempo con el jugador noruego. Una de las grandes pasiones de Casper es el golf, siendo el único jugador que tiene una cuenta de Instagram dedicada solo a sus andanzas en este deporte, que le sirve para desconectar y relajarse.

También es amante de la pintura, le gusta navegar y tiene una facilidad innata para los deportes, después de haber practicado en su juventud hockey hielo, fútbol y esquí. Es un portento físico que sabe aunar potencia y resistencia a las mil maravillas. Su irrupción en el top-10 del ranking ATP ha sido meteórica, cimentando su ascenso en torneos estivales sobre tierra batida el pasado año, que le dieron la confianza para mejorar en pista dura y hacerse un hueco en la élite. Sosegado en la cancha, pero con orgullo, ha tenido roces sonados con Kyrgios y, el último con Rune, demostrando que no se va a dejar avasallar por nadie y que es un chico tan tranquilo y respetuoso, como firme en sus convicciones.

Tiene todo lo necesario para conseguir grandes cosas y ha progresado mucho desde un partido que le marcó: la tercera ronda ante Federer en Roland Garros 2019. Esa experiencia supuso un punto de inflexión en un hombre que vive el privilegio de entrenar asiduamente con Rafael Nadal, su gran ídolo de la infancia y el espejo en el que mirarse en cuanto a ética de trabajo. Se avecinan emociones fuertes en la carrera de un jugador con tanto potencial como ambición. Casper Ruud dará mucho de qué hablar por sus méritos en la pista.