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¿Qué podemos esperar de Alcaraz en el próximo US Open?
Con la ilusión desbordada por la vuelta de Carlos y el estado de incertidumbre en el que está sumido el circuito ATP... ¿son reales las opciones al título? ¿Debemos pensar en ellas?
Cuando te has aupado al Olimpo del tenis con apenas 22 años, convirtiéndote en el jugador más joven de todos los tiempos en conquistar todos los Grand Slams, cada torneo en el que te apuntas se afronta con una expectativa: ganar. Ganar, ganar y volver a ganar, que decía el Sabio de Hortaleza. Existen factores, claro, que complican y que añaden un contexto nuevo a esta máxima: sufrir una lesión en la muñeca que te deja fuera de combate desde abril hasta septiembre, por ejemplo. Con todo esto y todo lo demás (que no es poco: hablamos de la naturaleza volátil del actual circuito ATP), existe una pregunta que cada aficionado del tenis se está haciendo en voz alta: ¿qué debemos esperar del regreso de Carlos Alcaraz en el US Open 2026? ¿Estamos en posición de exigirle el título?
La ilusión y la esperanza corren como un río de pesado caudal. Ha vuelto la alegría del circuito y con él, como si fuese unido a su carácter, un optimismo que casi sale únicamente con ver a Carlitos sonreír. Es aquí donde toca ofrecer ese contexto tan complicado a veces, una especie de aviso a navegantes: exigirle a Carlos Alcaraz que sea campeón del US Open, por mucho que el triunfo esté en su ADN, sería, cuanto menos, una temeridad.
El contexto del circuito favorece a Alcaraz, pero conquistar un nuevo Grand Slam sería una proeza
Hay leyendas capaces de volver tras una grave lesión comiéndose el mundo. Quizás nadie prendía motores tan rápido como Rafael Nadal, capaz de arrancar la apisonadora tras casi un año fuera de combate, por ejemplo, allá por 2013 (llegó a la final en su primer torneo de vuelta, luego ganó tres seguidos y acabó conquistando Roland Garros y el US Open). Hablamos de un perfil que confiaba buena parte de su estilo de juego a su físico, y que supo establecer un umbral del dolor casi inhumano para tratar estos regresos como el pan de cada día.
Desde hace meses venimos escuchando que Carlitos solo iba a volver en el momento en el que estuviera convencido de que su muñeca estaba al 100%.
Por eso, el entrenamiento de hoy ha durado casi cuatro horas, porque era el examen de verdad para ver si la muñeca aguantaba como… https://t.co/KB0M5gFPge pic.twitter.com/rDhiQ4dunB— José Morón (@jmgmoron) August 20, 2026
¿Puede hacer eso Carlos Alcaraz? En un perfil tan explosivo, de esfuerzos cortos pero que requieren de una agilidad y viveza en las piernas total, esperar una apisonadora desde el inicio no parece realista. Estamos ante un territorio inexplorado: jamás había estado tanto tiempo fuera de combate Carlos, y ni mucho menos por una lesión en una zona tan sensible como la muñeca, por lo que tenemos poco a lo que atenernos.
Los precedentes son muy buenos: recuerden cuando se bajó del Mutua Madrid Open el año pasado y volvió con todo para completar el doblete Roma-París. Fue una respuesta clara a una dolencia, eso sí, de incomparable magnitud, lo que genera muchísima más cautela a la hora de tratar el momento actual. Existe, eso sí, una razón para pensar a lo grande que, a su vez, es un arma de doble filo: el estanque de tiburones en la pecera de la élite de la ATP no vive su mejor momento (Djokovic entre algodones, Sinner en duda, Zverev sin confianza...), si bien la clase media nunca fue tan peligrosa en los primeros compases de un torneo.
Las últimas sensaciones desde Murcia apuntaban a un Alcaraz a su 70% o 75%. Tendrá tiempo de sobra para subir estos guarismos en la semana previa al torneo, pero la intensidad de un Grand Slam, la vuelta a la competitividad extrema, puede ser abrumadora. Que el éxito de Carlos no nos ciegue: se ha ganado todo el tiempo del mundo para regresar de forma gradual, sin importar si su vuelta se diese en Nueva York o en Tokio. No viene de una lesión cualquiera, en un lugar de mucha sensibilidad: sería lógico que tardase en encontrar ritmo, que su tanque de gasolina se resintiese tras tanto tiempo fuera... o que el feeling con la bola, tan importante para alguien como él, llegue con mucho más trabajo en un ambiente ultracompetitivo.
¿Quiere decir este mensaje que no debamos ilusionarnos? Todo lo contrario: el circuito necesita a Carlos y viceversa, lo que hace muy válido que nos contagiemos de esa alegría infinita. Ilusión, la máxima; exigencias, ninguna. Si hay alguien que puede consumar la machada y sumar una heroicidad más a su repertorio es el Tiburón de El Palmar... pero ni mucho menos debemos pedírselo o plantearlo como la expectativa más razonable. Solo queda confiar... y, por supuesto, disfrutar del espectáculo.