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La leyenda está más viva que nunca
El español supo reponerse de un inicio titubeante y frenar el tenis desatado de un Aliassime que le llevó al límite por momentos en este Roland Garros 2022.
Las grandes batallas pueden ser la antesala de gestas memorables y a eso se aferran los dos jugadores que hicieron vibrar a toda la pista Philippe Chatrier con su duelo de octavos de final en Roland Garros 2022. Mientras flotaba ya en el ambiente la opción de que Rafael Nadal se citara en unos históricos cuartos de final con Djokovic, no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer fácilmente un joven canadiense llamado a la gloria ya a corto plazo, como es Félix Auger-Aliassime. En un apasionante duelo de estilos marcado por altibajos de ambos que fueron aprovechados de forma eficiente por el otro, el resultado final fue de 3-6 6-3 6-2 3-6 6-3 a favor de Nadal.
Empezar mal no es algo a lo que esté habituado Rafa en estas instalaciones y mucho más cuando las sensaciones en los juegos iniciales del primer set no parecían malas. Sin embargo, el castigo para el español por no aprovechar cuatro bolas de break en dos turnos al resto, fue sumarísimo. Félix supo escabullirse de la presión inicial del español de una manera tan contundente que pareció generar dudas en él. En un abrir y cerrar de ojos, el balear no se atrevía a lanzar tiros paralelos, su pelota se quedaba corta y se veía dominado de forma evidente. Algunos errores inesperados llevaron el marcador a un insospechdo 5-1 a favor de Aliassime, que cedió dos juegos antes de hacerse con el triunfo parcial.
Pero Rafa con esos dos juegos, aparentemente insustanciales para el resultado, había comenzado a fraguar su remontada. Con la habitual resiliencia que le ha conducido a la gloria eterna, el español hizo un click mental en el cuarto juego de la segunda manga, cuando tuvo que afrontar dos bolas de rotura que le hubieran puesto en una situación muy peliaguda. Gritó a los cuatro vientos, su puño desgarró el aire de París y la confianza voló libre. Félix aguantó el desafío amparándose en un drive letal, hasta que en el octavo juego, el español metió una marcha más y consiguió ese ansiado break que se le estaba resistiendo. Verse por delante en el marcador fue un impulso moral para el jugador balear, que elevó su nivel de juego.
Nadal sufrió para convertir bolas de break, terminando con 6 de 22
Esto no solo le permitió equilibrar el marcador, sino también adquirir una sustancial ventaja en el tercer parcial. Auger-Aliassime se encontraba recluido por detrás de la línea de fondo, viendo cómo el rey de esta pista gobernaba por decreto y sin pieda, imprimiendo ese mortífero efecto y potencia a sus golpes que neutralizan cualquier atisbo de derrocamiento. Tan brillante fue el rendimiento de Rafa en este set que su rival no dispuso ni de una sola pelota de rotura y vio cómo el español conectaba 10 golpes ganadores y cometía tan solo 5 errores no forzados. El susto parecía resuelto, todo indicaba que viviríamos un capítulo más de la historia interminable de reacciones virulentas del balear, pero no fue así.
Posiblemente, fue en el cuarto set donde se notó el crecimiento tenístico y mental de Aliassime, así como la falta de ritmo competitivo de Nadal. Todo parecía controlado, en el primer juego hubo una prometedora situación de Deuce con Nadal al resto, pero Félix se soltó ante el paso atrás de Rafa en la pista. No se puede conceder ni un centímetro al canadiense hoy por hoy. Lo comprobó ya Medvedev en Melbourne, al que solo un milagro le salvó de la eliminación, y lo comprobó Nadal, que por mucho que se afanó en revertir la situación, se topó con una clarividencia táctica y acierto notables de su rival. Consiguió el break en el tercer juego, pero sufrió un dramático despiste en el cuarto que supuso ya la lanzadera definitiva para que el canadiense llevara el encuentro al terreno pantanoso de un set final.
El octavo juego del quinto set es el mejor aval para pensar en las opciones de Rafa en este torneo
La vida externa se detuvo en una quinta manga memorable y todas las miradas se centraron en una pista, en dos hombres que se dejaban el alma en cada golpe y luchaban por encontrar resquicios en su rival. Se podía cortar con un cuchillo la tensión y ambos jugadores mostraban un nivel de concentración sobrenatural. Los saques adquirieron iniciativa y aunque Nadal se puso juguetón con una bola de break en los compases iniciales y un Deuce en el sexto juego, Félix aguantaba el tipo. La agresividad del canadiense era total y seguía atacando a tumba abierta y alternando dejadas y subidas a la red para sacar a Rafa de su zona de confort.
Lo sucedido en el octavo juego resulta la síntesis perfecta de lo que es este deportista, la clase magistral de cómo afrontar situaciones difíciles y dar lo mejor de sí mismo cuando todo parece más en contra. Nadal bordó el tenis como no lo había hecho en todo el partido y se erigió en un muro inexpugnable para conseguir un break memorable que le permitió sacar para obtener una victoria que debe entrar entre las más notables de su carrera en este torneo.