El hombre que durante once temporadas acompañó a Roberto Bautista a lo largo y ancho de todo el circuito hoy se enfrenta a una realidad totalmente distinta. Pepe Vendrell (Castellón, 1980) tomó una decisión valiente al final de la pasada temporada, rompiendo uno de los tándems más sólidos del vestuario masculino. Eso sí, tan solo unos días después ya tenía una nueva oferta encima de la mesa: ser uno de los entrenadores con más peso dentro de la Academia Equelite de Juan Carlos Ferrero.
El castellonense no se lo pensó dos veces y desde allí atendió a Punto de Break hace unos días. Su vida ha cambiado, su día a día es diferente, pero el hecho de seguir conectado al tenis de alta competición le hacer seguir sintiéndose un privilegiado. Durante la entrevista hablamos de su presente, pero también de un pasado inolvidable donde pudo cumplir unos objetivos con los que jamás había soñado. Un gustazo de conversación con uno de los mejores entrenadores de nuestro país.
Nueva etapa en Villena, un lugar muy especial para ti.
Yo fui jugador de la Academia, pasé dos años allí con el grupo de Juan Carlos Ferrero, Santi Ventura, Pedro Rico y compañía. Te hablo de hace 25 años, no tiene nada que ver con lo que es ahora, una de las mejores academias del mundo, aunque hay muchas personas del equipo que se mantienen desde el primer día. Siempre he mantenido una vinculación muy fuerte con ellos, una relación de mucho cariño, aquella fue una etapa que me marcó.
¿Por qué dejaste de jugar?
Con 18 años me volví a casa, veía que tenía unas carencias dentro de la pista, así que decidí seguir jugando pero de otra manera. Empecé a dar algunas clases, lo cual me fue abriendo otros horizontes. Me gustaba la enseñanza, me gustaba conectar con los chicos, así que fui progresando hasta llegar a los grupos de competición.
¿Qué es lo mejor de esta profesión?
Ayudar al jugador, enseñarle, crearle ilusión, motivarle, darle mi energía. Todo esto siempre me resultó muy natural, no tardé mucho en encontrar esa conexión y seguramente por eso haya disfrutado siempre dando clases.

¿Cómo han sido estas primeras semanas en Equelite?
Pues mira, me ha sorprendido muy gratamente el nivel que me he encontrado en la Academia, chavales súper educados. Entiendo que es también debido al clima que se crea aquí, con un trato cercano y muy familiar, donde todo el mundo conoce cuáles son las normas de comportamiento y de convivencia. Luego siempre hay alguna ovejita negra, pero eso lo ha habido siempre.
¿Hay mucha adicción a las redes sociales?
El tema de los teléfonos móviles lo ha cambiado todo, se nota que la gente está más aislada, hay menos contacto social. Muchas veces ves a los chicos en el comedor y está cada uno con su smartphone. En mi época eso no existía, estábamos todos comentando nuestras experiencias y aprendiendo los unos de los otros. Hay que estar pendiente de ellos para que esta tendencia no se convierta en una amenaza.
¿Cuál es tu función en la Academia?
El proyecto que me han propuesto está enfocado en los chicos de arriba, el grupo de competición. Ahora estoy ayudando a Fran Martínez, que está viajando con Ulises Blanch y Emilio Nava, así que le echo un cable con ellos y también con otro grupo que están más en el circuito de los Futures, como Diego Barreto, Alejandro Manzanera o Alex Martí. Luego es posible que también le ayude a Samuel López para hacer alguna semana con Pablo Carreño.
Vas a estar con los mejores.
Bueno, la Academia estaba buscando un entrenador con algo de experiencia, así que cuando se enteraron de que no continuaba con Rober (Bautista) se pusieron en contacto conmigo. Hablamos de las posibilidades y enseguida llegamos a un acuerdo.

¿Te costó mucho aceptar la propuesta?
La verdad es que no, enseguida sentí esa ilusión, la motivación. Hablando con Juan Carlos me explicó que necesitaban una figura así que se complementara con los otros entrenadores. A día de hoy la Academia está creciendo mucho y en el futuro apunta a que seguirá creciendo. De momento solo llevo unas semanas pero estoy encantado, el clima es fabuloso, aunque en mi mente sé que el cambio es brusco. Ahí no te puedo mentir, pasar de entrenar a Roberto Bautista a trabajar en una Academia supone un gran cambio.
Con Roberto has compartido 11 años de tu vida, ¿qué supuso terminar ese viaje?
Supone cerrar una etapa de la que me siento muy orgulloso por el trabajo que hemos hecho. Fueron unos años donde los dos crecimos mucho, a todos los niveles, así que le estaré agradecido toda la vida. Él me ha abierto las puertas de todo lo que está por llegar. Me he marchado tranquilo después de hablarlo con él y comentarle lo que pienso que él necesitaba para este nuevo año. Otros años le propuse cosas en las que yo era protagonista, pero esta vez veía que le faltaba un poquito de frescura, así que era el momento de renovar su día a día para atacar mejor los próximos años. A veces tienen que pasar cosas así para que el jugador reaccione y vuelva a poner toda la carne en el asador.
En diciembre pude entrevistar a Roberto en el canal y me confesó que fuiste tú quien tomó la decisión.
Tampoco quiero que se entienda así, fue una cosa de los dos. Yo sentía que había llegado el momento de levantar la mano y dejar que otro viniera a seguir con mi función. Cuando yo le propuse ese cambio no nos centramos en si lo dejaba él o lo dejaba yo, lo importante dentro de un equipo profesional siempre es el jugador. Si sentía que ya no era lo que él necesitaba, debía decírselo. En ese aspecto siempre he sido muy honesto, el día que sintiera algo así no me iba a quedar acomodado en la silla.
¿En qué punto estaba vuestra relación personal?
Nuestra relación había llegado a un punto que, sin ser mala, había entrado en un punto de demasiado confort. Nos conocíamos demasiado, ya no llegábamos a la estimulación deseada. Él al principio no lo terminaba de ver, pero al final los dos entendimos que el circuito nos había pasado por encima y había que pagar esa factura. Mover un poquito el árbol en busca de una renovación no tenía por qué ser una mala decisión.
Hay que ser muy valiente y muy honesto para dar ese paso.
Uno tiene que estar convencido de lo que hace, si di ese paso es porque pensaba que de verdad necesitaba un cambio, de corazón. En los últimos meses veía que el mensaje que salía de mí ya no producía el efecto deseado en mi jugador. Esto es alto rendimiento, el tenis no espera a nadie, aquí la exigencia es brutal. O estás con el cuchillo entre los dientes y con tu entrenador a muerte… o eso se nota en la pista. En 2021, sin ser una mala temporada en cuanto a números, ver a Rober por debajo del nivel que creo que tiene me había dejado mensajes claros.
¿Fue muy dura esa última conversación?
Es un momento incómodo, naturalmente, al fina y al cabo estás rompiendo una relación de muchos años. Hay que afrontarlo con normalidad, igual que cuando pierdes un partido, hay que seguir adelante con la cabeza alta y con mucha ilusión por lo que venga. Cuando yo tomo esa decisión no lo hago mirando el ranking o los resultados, lo hago porque veo que Roberto necesitaba un poco de aire nuevo. ¿Que jamás pensé que llegaría este momento? Probablemente, pero llegó.
¿Has seguido sus partidos en este inicio de temporada?
En la ATP Cup le vi bastante y me pareció una pasada, disfrutamos mucho de todo el equipo español. Creo que en ese torneo pudimos ver al Rober de siempre, eso tiene mucho valor. Un jugador muy ordenado, muy lógico y muy agresivo, en ese orden. El orden de Rober es bueno cuando él tiene esa agresividad y esa intención de impactar a la pelota, de crear estrés en el oponentes. En esos dos términos lo vi muy bien, así que imagino que Dani (Gimeno) y Tomàs (Carbonell) habrán incidido bastante en esa intensidad.

¿Qué sientes al verle ganar partidos? Feliz porque es tu amigo, imagino, pero su mejoría certifica que vuestra ruptura, en cierto modo, era necesaria.
Es extraño, no te lo niego. Pero es extraño por ver que todo pasa tan rápido, que de repente pasas de cerrar un año pensando en la gira australiana a estar en una Academia, eso es lo más chocante, el cambio es muy grande. Cambia el entorno, cambian los objetivos y cambia la manera de trabajar, así que ahora lo que necesito es dejar que pase el tiempo y buscar mi lugar. Estoy pendiente de lo mío y al resto les deseo lo mejor. Con Rober hablé mucho en Navidades y le deseé lo mejor para 2022, sobre todo que volviera a disfrutar. Ahora mismo estamos en franjas horarias diferentes, pero si algún día me necesita sabe que estoy ahí, no me he ido a otro planeta.
Si encargásemos un álbum con los mejores momento de estos 11 años, ¿qué imágenes saldrían en portada?
Tengo muchos recuerdos en mi cabeza […] Muchos y muy buenos, momentos de felicidad y otros más difíciles, no sabría decirte. Me viene ’s-Hertogenbosch 2014, el primer título, aquello fue un subidón. Cuando se metió top100 después de ganar el Challenger de Pozoblanco, en 2012. Todo ha tenido su momento, su parte de emoción, por suerte nos han ido muy bien las cosas. Con eso tenemos que quedarnos, los buenos momentos que han llegado gracias a todo lo que hemos trabajado. Entre los dos hemos trabajado muy duro para mejorar su nivel y convertirle en un mejor tenista, para ganar categoría. Ese camino ha sido ininterrumpido.
¿Cuál fue tu mayor preocupación en todo este tiempo?
Me preocupaba el estancamiento de Rober, pero todos estos años hemos conseguido que cada temporada fuera mejor que la anterior, cada año sus conocimientos eran mayores, esa evolución constante es lo que le ha permitido mantenerse arriba, es la única manera. Me acuerdo del primer torneo que fui con él, el Mutua Madrid Open de 2014, donde llega y hace semifinales. Aquello fue increíble, pero fue producto de esa química especial que siempre hemos tenido. Honestamente, no creo que vuelva a tener esa conexión con otro jugador, ha sido algo muy puro, algo que nos ayudó muchísimo.
Del 1 al 10, ¿qué nivel de satisfacción te deja el trabajo realizado con Roberto?
Once (risas). Estoy muy satisfecho, no puedo decir otra cosa. Lo que él ha conseguido no estaba ni en mis mejores sueños. Nunca nos planteamos alcanzar los objetivos que ha cumplido, aunque siempre fuimos muy ambiciosos, exprimiendo cada experiencia, estirando cada entrenamiento, mejorando día a día. Al final, si cumples con todo esto, las cosas caen por su propio peso. Son las consecuencias de los pequeños detalles. A veces vemos a jugadores que se ciegan un poco con los objetivos, se olvidan que hay un proceso para llegar hasta ese objetivo.

Semifinales en Wimbledon, final en el Master 1000 de Shanghái, títulos en Dubái y en Doha, ganar la Copa Davis, llegar al top10…
Conseguimos cosas extraordinarias, eso es una realidad. Roberto es un jugador muy profesional, meticuloso, alguien que siempre ha querido más, nunca se conformó con lo que tenía. Eso es lo que le permitió exprimir sus capacidades, tan simple como eso. Después de conocer a otros jugadores me he dado cuenta del valor que tiene Rober, estoy seguro que todavía le quedan buenos años de tenis.
Si tuvieras que destacar la mayor virtud de Bautista…
[…] Es un gran competidor, tiene algo que no tienen todos los jugadores. Tiene un instinto competitivo muy grande, hoy en día eso marca mucho la diferencia. Cuando estás a esos niveles, el instinto matador define esos momentos dentro del top20, ahí arriba solo llega gente con instinto asesino. No es ni malo ni bueno, es lo que hay, al final quedan los tiburones.
¿Alguna espinita que se te haya quedado clavada?
La espina más grande que me queda es no haber sido capaz de sorprenderlo un poco más en este último tramo, me dejó tocado en muchos momentos de 2021. Tú lo intentas, buscas otro camino, otro lenguaje… me daba rabia porque yo tenía ganas de seguir ahí, pero al final ves que no le puedes dar más vueltas a la relación. No supe volver a conectar con él y eso me da pena, me hubiera gustado acabar viéndole disfrutar otra vez y no tanto sufrir. Ese mal sabor de boca se quedará dentro de mí.

