De no poder caminar a volver a un lejano top-100

En el mejor momento de su carrera Mackenzie McDonald sufrió una lesión desgarradora. Esta es una historia de superación y coraje con final feliz.

Carlos Navarro | 6 Aug 2021 | 19.44
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Mackenzie McDonald celebra en Washington. Fuente: Getty
Mackenzie McDonald celebra en Washington. Fuente: Getty

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Hace apenas unos meses, en 2019, Mackenzie McDonald vivía uno de los mejores momentos de su carrera. Tras haberse hecho una magnífica carrera en la universidad de UCLA, siendo uno de los jugadores más laureados de la institución y catalogado como una de las mayores estrellas del país, había conseguido un hueco dentro de la élite más absoluta del tenis mundial. Su nombre aparecía en todos los Grand Slams, estaba bien situado dentro del top-100 y sus miras eran cada vez mayores. Todo eso se detuvo en una acción desafortunada durante un partido de dobles en Roland Garros.

Mackenzie salió de Paris con una lesión inusual: un desgarro en el tendón de la corva derecho, cerca del bíceps femoral. El tendón se había desligado completamente del hueso y el estadounidense salió como pudo de la pista, consciente de lo que una lesión como esa podía suponer para un tenista. Lo único que pasaba por su cabeza muy probablemente fuesen palabras de clemencia: "por favor, que esto no me impida jugar más al tenis". Y, por un momento, llegó a pensarlo. Hasta aquí había llegado su carrera.

Porque semanas después de la operación, el estado en el que McDonald se encontraba era de todo menos esperanzador. Mes... mes y medio... y hasta dos meses. Dos meses sin poder caminar, tumbado en el sofá de casa, cuestionándose qué hacer durante el resto de la temporada (absolutamente descartada). Apenas podía ir a ducharse o al servicio, y otra de las consecuencias de la operación (más allá de una cicatriz cerca del glúteo que todavía se muestra en su cuerpo) fue una pérdida brutal de masa muscular en la pierna derecha.

Comenzaba un proceso en el que, paulatinamente, McDonald cargaría la zona más y más para recuperar la potencia en sus piernas. Todo esto mientras daba clases virtuales en UCLA y producía contenido para el Us Open 2019 (el mismo que hubiese disputado de no haber sido por esa maldita lesión). "Fue un proceso agotador. Durísimo. Cometes un error y puedes volver a romperte. Tuve que tener mucha paciencia, aprendí mucho. A partir de ahí, poco a poco empiezas a volver. Cada paso que dimos lo hicimos con muchísimo cuidado. Empecé a empujar hasta el final, ir al límite... sabía que estaba listo para dar el próximo paso".

Decía Mackenzie que la lesión había sido tan grave que su único pensamiento era el de poder volver a pisar una pista de tenis. Nada de volver al circuito para un tipo que se pasó el 2019 al completo lesionado, un competidor nato que ama este deporte. Y bien, ¿por qué hablar de él ahora? ¿Qué ha hecho Mackenzie McDonald para que debamos rescatar esta, su historia, sin saber cuál es ese final feliz?

Washington, un torneo mágico y una semana inolvidable

Tras pasar de nuevo por el circuito Challenger, demostrando una vez más su clase y cómo ese escalón se le queda pequeño, el trabajo de años y años tras aquella durísima lesión se ha visto recompensado esta misma semana. El estadounidense está en los cuartos de final del ATP Washington 2021, un resultado que le permite volver a romper una barrera que hace años se antojaba absolutamente impensable: el top-100. Sí, Mackenzie vuelve a sentirse tenista.

"Ya era hora, joder", abría en rueda de prensa entre risas, con la emoción del que sabe a la perfección de todo el esfuerzo que hay hasta llegar a este punto. "Esto es muy grande. Siento que por fin todo tiene sentido. He estado luchando, he trabajado durísimo para poder volver. Mucha gente pone énfasis en el top-100, y los jugadores también lo hacemos: es algo realmente importante. Sinceramente, poder volver al top-100 es algo muy grande para mí. Me voy a dar una palmadita en la espalda a mí mismo, creo que me lo merezco. Creo que he jugado un gran nivel de tenis este año y que esto es solo el comienzo".

Las palabras vienen de un tipo con muchísima facilidad para conectar golpes ganadores desde el fondo, un prototipo de jugador alejado del gran sacador estadounidense. Inteligencia, agilidad, coordinación y un tenis fluido, simple, de los que entra por el ojo del espectador. Quizás esa falta de altura le lustre a la hora de conseguir puntos gratis a lo largo del partido, obligándolo a construir los puntos desde el fondo y desgastarse más en cada partido, pero McDonald ahora juega con una ventaja: el hambre y la motivación del que estuvo derrotado y ahora vuelve a levantarse.

"Diría que ahora soy un mejor tenista. Cuando me lesioné estaba haciendo muchas cosas bien, jugando a un gran nivel, creo que estaba en mi cénit. Alejarme de las pistas durante un tiempo me permitió apreciar todo lo que tenía fuera. Luego necesité entender mi juego, repetir y volver a instaurar todos los patrones, recuperar la confianza para hacerlo todo de nuevo. Ahora siento que tengo más recursos... que soy mayor, entiendes más cosas cuando sumas años. Es natural, sumas más experiencias. Sí, ahora soy mejor". El tenis necesita, siempre, de historias como esta para poner en valor lo duro que es jugar a este deporte. Good luck, Mac.