Si nos hubieran preguntado antes del partido cuál era nuestro favorito, por muchos top10 que hubiera dejado Hubert Hurkacz por el camino, creo que todo el mundo habría conectado, pronunciando el mismo nombre, el de Matteo Berrettini. Hoy los dos se veían las caras en unas semifinales de Wimbledon, una estancia para la que no todo el mundo está preparado, y seguramente esta haya sido la lección que hayamos aprendido esta tarde. Con una entereza y una confianza superior a la del rival, el italiano se convirtió en el gran protagonista (6-3, 6-0, 6-7, 6-4) pese a dejar escapar el tercer set. Necesitó cuatro asaltos para sacar el billete a la gran final, donde se verá las caras con Djokovic o Shapovalov. Ahora mismo, una victoria le separa de hacer historia.
Siendo dos jugadores con poquísimo balance en rondas tan avanzadas de Grand Slam, hoy había uno de ellos que contaba con las armas y la experiencia necesaria para vestirse de favorito. Insisto, la diferencia tampoco era abismal, pero era la justa para dar un paso al frente. Esta era la carta que tenía que jugar Berrettini este viernes, ser contundente con su servicio y esperar que su rival mostrara sus carencias. ¿Y cuáles son las carencias de Hurkacz? Un tipo que venía de ganarle a Medvedev y a Federer no puede tener muchas, a menos que le obligues a mostrarlas. Toda esa brillantez de días anteriores no pudimos verla esta vez, atrapado por momentos en un escenario que de primeras puede venirte grande. Para el italiano solamente era su segunda vez en semifinales de Grand Slam, pero su crecimiento en los dos últimos años iba mucho más allá.
Siendo ya un top10 consolidado, era cuestión de tiempo que Matteo volviera a enseñarnos el potencial que le vimos en el US Open 2019. Ha tardado, tuvo que salvar una lesión complicada, pero una vez despejó ese par de balones ya no hubo dudas. Ni siquiera en hierba, una superficie desconocida que le sienta como un reloj. El campeón en Queen’s hace unas semanas navega montado en una racha de victorias con la sensación de ser imparable. Todo eso le ayudó esta tarde para hacerse fuerte en un primer set que estuvo muy igualado. Ya saben, ambos dominando con su saque, obligados a salvar alguna bola de break, esperando que la balanza se fuera hacia algún lado. Con el 3-3, la balanza dijo que prefería marcharse con el tenista romano, momento donde el cartel se despegó de la pared y quedó todo resuelto. Ese simple break era todo lo que necesitaba Hubert para hundirse, para verse totalmente perdido en el partido más importante de su carrera.
En total fueron once juegos perdidos de manera consecutiva. Sí, han leído bien, ONCE juegos seguidos que amarró Berrettini para ganar el primer parcial por 6-3, para aplastar por 6-0 en el segundo y para arrancar el tercer asalto conservando su saque. En apenas media hora de partido, el actual Nº9 mundial aceleró de tal manera que casi dobla a su oponente, aunque la meta todavía estaba lejos. El polaco, con la reserva encendida y la moral por los suelos, veía pasar el tiempo por delante de sus ojos, incapaz de detenerlo. Pero claro, lo que de verdad tenía que frenar era el impulso de rival, empeñado en no regalar un solo punto con su primer servicio y cargado de una confianza que, de no ser porque por la otra parte del cuadro hay un tal Novak Djokovic, muchos ya le hubieran dado como favorito al título. La cuestión es que Hubert apretó los dientes y se aseguró el desempate, salvando un poco la honra y quizá algo más.
Reacción del polaco
Lo normal era que Matteo lo hubiera cerrado en tres, pero incluso en tu mejor partido puede llegar un par de errores que te ensucien el show. Le pasó al pupilo de Vincenzo Santopadre en un tiebreak que ya empezó del revés, con un 1-5 en contra. Lo que parecía que sería una paliza, de repente se convirtió en un ejercicio de peligroso. En ese momento ya nadie se acordaba del 6-0 del segundo parcial.
Así es el tenis en Grand Slams, donde puedes bordarlo en dos parciales y quedar eliminado si no aguantas ese nivel un ratito más. ¿Se asustaría el italiano ante un desafío de esta altura? NI mucho menos. Lo que necesitaba era marcar las distancias desde el inicio, huir de otro posible desempate, así que volvió a la cancha y en tan solo 4 minutos ya se había colocado 2-0 arriba. La ventaja estaba en su poder, solo había que defenderla.
Hoy recuerdo en plena pandemia esa corriente crítica que se preguntaba cada semana por qué Berrettini seguía siendo top10, si apenas estaba ganando partidos, si solo seguía en la élite porque el ranking estaba congelado. Al final el tiempo pone a cada uno en su lugar y, en el caso del romano, el tiempo le ha empujado hacia una posibilidad histórica. Ya sea contra Djokovic o Shapovalov, el domingo entrará en la Centre Court con el libro de historia en la mano, sabiendo que está a un partido de ser el primer italiano de la historia en ganar Wimbledon en categoría individual. Merece la pena soñar.

