Hubert Hurkacz, el hombre del mazo

El gigante polaco mostró un impresionante nivel al servicio para apear a un Federer lento y sin ningún feeling con su derecha. Es la victoria más importante su carrera.

Carlos Navarro | 7 Jul 2021 | 19.19
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Hubert Hurkacz. Fuente: Getty
Hubert Hurkacz. Fuente: Getty

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Hubert Hurkacz hizo estallar en pedazos las ilusiones de Roger Federer. A solo dos pasos de volver a una final de Wimbledon, el gigante polaco mostró todo su arsenal para acabar con la resistencia del suizo: eso sí, una resistencia lejana, muy lejana de versiones pasadas que ilusionasen a su fiel parroquia. Sin precisión con su derecha y sin respuesta a las bombas del polaco, el tie-break del segundo set fue la sentencia definitiva para el de Basilea (6-3, 7-6(4), 6-0), que abandona Londres con unos cuartos de final en el zurrón. Hurkacz se cuela en este Wimbledon 2021, así pues, en sus primeras semifinales de Grand Slam, donde se medirá al vencedor del Aliassime-Berrettini.

Los motivos de la derrota de Federer ante Hurkacz

El inicio del partido puso de manifiesto varias cosas: en primer lugar, que el viento, que corría con cierta intensidad en la Pista Central, iba a tener un papel relevante en el transcurso del partido; en segundo, que los intercambios no iban a ser demasiado largos. Normalmente esto debería beneficiar a Roger Federer, pero el primer set seguiría un guion monotemático teñido por la bandera polaca. Hurkacz restaba con profundidad y arrojo los saques del suizo, lejos de la potencia y la voracidad con la que realmente molestaría a su rival.

Calibrando aún el nivel al servicio, Roger trató de encomendarse a la agresividad en los primeros golpes del intercambio para salvar los muebles. Aquí radicó, sin embargo, otra de las claves del primer set: la precisión de Hubert a la hora de evitar la derecha invertida del suizo. Cada resto apuntaba directamente a la zona de revés de Federer, lo que no era si no un intento de poder tomar el control de los intercambios desde la línea de fondo. Ahí también se imponía el polaco, que tras desperdiciar un 0-40 no tardaría demasiado en obtener la primera rotura a su favor.

Al saque, Hubi no sufría absolutamente nada. Cero concesiones, solidez tremenda y algún que otro toque de genio (en especial con las dejadas) para demostrar que no había llegado a cuartos de final para ser una mera comparsa. Mientras que el suizo aún buscaba sus sensaciones (solo un 57% de primeros saques dentro, 10 errores no forzados y ni una sola de break generada), el jugador polaco se plantaba con un 6-3 en el marcador. ¿Lo único positivo para Roger? El nulo desgaste: cortos intercambios, prevalencia del saque y apenas poco más de media hora, lo que dejaba la sensación de que el duelo estaba muy lejos de haber concluido.

El inicio del segundo parcial le dio a Federer una pequeña ventana por la que poder colarse. Y el suizo la aprovechó para entrar el partido. Una doble falta de Hurkacz le dio el tan ansiado break, a la par que Roger se daba cuenta que sus sensaciones con los golpes desde el fondo de la pista estaban muy lejos de ser las óptimas: así, se lanzó a la conquista de la red en sus juegos al servicio, lo que le permitió salvar tres bolas de break y colocarse 3-0 arriba. Ahora, al menos a nivel mental y de inercia, todo parecía volver a igualarse.

Sin embargo, los fantasmas volvieron a merodear el saque de Federer, que replicó el 'autobreak' y permitió a Hurkacz entrar de lleno en el segundo set. Lo cierto es que al polaco no le hacía falta bordar, ni mucho menos, el tenis: con mantener un alto porcentaje de primeros saques le valía para tener cierta tranquilidad (siempre por encima del 85% en los puntos ganados con primer servicio ante un Federer falto de chispa y reacción al resto). Al resto, eso sí, estuvo algo más condescendiente. Roger seguía dejando golpes totalmente fuera de timing y alguna que otra caña, pero aún con todo eso se encaminaba a un tie-break que podía ser clave para el resto del partido.

Y fue ahí cuando el caos se apoderó del partido. Para conceder el mini-break, una volea de derecha a media pista, de esas que Federer acomete con facilidad en el 90% de ocasiones, a la red. En el punto inmediatamente después, un desafortunado resbalón que le hizo perder el equilibrio... con toda la pista a su favor y una fácil volea al lado de la red. Con un toque de instinto, Roger recuperó el mini-break, pero otro gran resto del polaco y dos últimos puntos a pura valentía (un segundo saque con sabor a primero y otro punto directo de servicio) le dieron la segunda manga al tenista centroeuropeo. Una demostración, todo sea dicho, de competitividad, bravura en los puntos importantes y saber estar para cerrar el set.

El tercer set se convirtió en una carga mental y física para Federer. El suizo únicamente jugaba a destellos, sabiendo de la extrema dificultad de la empresa que se avecinaba por delante. Que Hurkacz consiguiese el break en su primer juego al resto, además, terminó por ser una losa demasiada pesada que inclinó la inercia del partido hacia la raqueta del polaco. La movilidad de Federer, absolutamente desastrosa durante todo el duelo, se diluía como un azucarillo, así como las esperanzas de sus seguidores en pos de una última machada. Además, Hurkacz no mostraba las típicas dudas de alguien que se dispone a vencer a su ídolo: el polaco seguía golpeando con su saque como un verdadero martillo pilón.

Y así, de manera prácticamente surrealista, finalizaba un partido cuyo guion muy poca gente esperaba (6-3, 7-6(4), 6-0). Porque sí: una derrota de Federer, vistas las sensaciones generales de su andadura en Londres, podía entrar en los planes... pero una que finalizase en un rosco y que dejase más espacio para la preocupación que para la esperanza a buen seguro que no. Es importante no perder el norte: la empresa de ganar el título era prácticamente utópica, y colarse en cuartos de final tras pasar dos veces por el quirófano no deja de ser, en lo estadístico, un gran resultado. Eso sí, en el ámbito de las sensaciones, uno no puede evitar pensar que esos cuartos de final están motivados por algún que otro accidente (resbalón de Mannarino, cuadro endeble) y que, en lo puramente tenístico, a día de hoy Roger Federer está muy lejos de un posible #21 Grand Slam.

En definitiva, una victoria que abre muchos interrogantes por el lado de Federer; por el lado de Hurkacz, eso sí, muestra que este gigante va muy en serio. Un primer saque de clase mundial, una extraordinaria capacidad para sorprender con cambios de ritmo (dejadas, saque-volea) y una capacidad mental que le permite mirar de tú a tú a los mejores. Hubert demuestra que su título en Miami no fue flor de un día, y que las semifinales, tope histórico para las raquetas polacas, no quieren que sea su última frontera. Berrettini o Aliassime querrán decir algo en ese aspecto.