Jack Draper regresará esta semana a la competición en Eastbourne tras más de dos meses alejado de las pistas por lesión. El británico, que hace apenas un año era número cuatro del mundo y ahora ocupa el puesto 160 del ranking ATP, ha reflexionado sobre el impacto de sus continuos problemas físicos, la pérdida de confianza en su cuerpo y sus expectativas de cara a Wimbledon 2026.
La vuelta de Jack Draper será una de las historias más seguidas de la gira de hierba. Durante los últimos doce meses, el británico ha vivido una auténtica montaña rusa marcada por lesiones en el brazo y la rodilla, intentos de regreso que no llegaron a consolidarse y una caída vertiginosa en la clasificación mundial.
Ahora, con Wimbledon a la vuelta de la esquina y acompañado por Andy Murray en una nueva etapa profesional, afronta un momento decisivo de su carrera. Más allá de los resultados inmediatos, la gran incógnita pasa por comprobar si puede dejar atrás definitivamente una dinámica de recaídas que ha frenado la progresión de uno de los talentos más prometedores del circuito.
Jack Draper y la frustración de ver cómo desaparece todo el trabajo realizado
El tenis es uno de los deportes más despiadados cuando un jugador se ve obligado a permanecer lejos de las pistas. Mientras otros competidores continúan sumando victorias y puntos, el ranking sigue avanzando y los puestos conquistados con años de esfuerzo desaparecen poco a poco. Draper ha vivido esa realidad durante los últimos meses y no escondió la dureza emocional que ha supuesto atravesar este proceso.
"El tenis es un deporte muy duro porque estaba entre los diez mejores del mundo, haciendo cosas increíbles, y cada semana estás perdiendo ranking", explicó durante el Media Day celebrado en Eastbourne. La reflexión refleja perfectamente la sensación de impotencia que acompaña a muchos jugadores lesionados, especialmente cuando observan desde fuera cómo continúan avanzando rivales contra los que hace poco competían de igual a igual.
Sin embargo, fue una frase posterior la que mejor resumió el momento que atraviesa. "No es como en un equipo de fútbol, donde puede entrar un sustituto y ocupar tu lugar. Es como estar viendo tu propio declive". La imagen resulta especialmente poderosa porque transmite una realidad muy específica del tenis profesional. Cuando un jugador se lesiona, no solo deja de competir. También observa cómo desaparece progresivamente la posición que había construido dentro del circuito.
"No soy un jugador lesionado": la batalla mental de Draper
Uno de los aspectos más interesantes de sus declaraciones tiene que ver con la forma en la que interpreta su propio historial físico. Durante el último año han surgido dudas razonables sobre la capacidad de Draper para soportar las exigencias del circuito ATP. Las lesiones se han convertido en una constante dentro de su carrera y han alimentado el debate sobre si podrá desarrollar todo el potencial que atesora.

Sin embargo, el británico rechaza frontalmente esa narrativa. "Creo que he aprendido muchísimo sobre mi cuerpo durante el último año", aseguró. Más que centrarse en la frustración de los problemas sufridos, Draper parece haber encontrado una oportunidad para comprender mejor cómo debe gestionar su físico y qué cambios necesita introducir para evitar recaídas futuras.
La afirmación más reveladora llegó cuando abordó directamente la etiqueta que muchos comienzan a asociar con él. "He tenido muchas lesiones, pero no soy un deportista lesionado. No creo que sea un deportista lesionado. Soy un deportista fuerte". No es una diferencia menor. En muchas ocasiones, el principal desafío para un jugador que encadena problemas físicos consiste en evitar que las lesiones acaben definiendo su identidad competitiva. Draper parece decidido a impedir precisamente eso.
Su conclusión fue igualmente contundente. "No imagino mi carrera como una carrera marcada por las lesiones". La frase transmite una convicción importante en un momento en el que las dudas externas sobre su futuro son cada vez más frecuentes. El británico sigue creyendo que su historia deportiva está lejos de quedar determinada por los problemas físicos que ha sufrido hasta ahora.
Eastbourne y Wimbledon: el objetivo no son las victorias inmediatas
Después de tanto tiempo fuera de la competición, habría sido fácil centrar el discurso en los resultados que espera conseguir durante la gira de hierba. Sin embargo, Draper sorprendió al mostrar una visión mucho más amplia de la situación.
"No vuelvo solo para jugar aquí durante la gira de hierba", explicó. La frase deja claro que su regreso no debe interpretarse como un intento desesperado por aprovechar Wimbledon, sino como parte de un proceso más ambicioso y duradero. El británico es consciente de que, después de haber disputado únicamente nueve partidos esta temporada, sería poco realista esperar una versión inmediatamente competitiva de sí mismo.
"No sé cómo van a salir estas competiciones en cuanto a victorias y derrotas", reconoció. Esa sinceridad contrasta con el discurso habitual de muchos jugadores cuando regresan de una lesión. Draper no pretende vender expectativas irreales ni prometer resultados inmediatos. Su prioridad parece estar en otra parte.
"Quiero dejar atrás este periodo de entrar y salir constantemente del circuito, volver una semana y desaparecer durante otras dos". Esa frase probablemente resume mejor que ninguna otra el objetivo principal que persigue en este momento. Más que una victoria concreta o un resultado destacado en Wimbledon, lo que busca es continuidad. La posibilidad de entrenar, competir y evolucionar sin interrupciones constantes.
"Estoy construyendo otra vez para volver al lugar donde quiero estar", afirmó. Una declaración que invita a interpretar las próximas semanas como el inicio de una reconstrucción más que como una simple vuelta a la competición.
Andy Murray, un aliado clave para recuperar la confianza
La gran novedad de esta nueva etapa es la incorporación de Andy Murray a su equipo de trabajo. Aunque apenas llevan unas semanas colaborando, la influencia del tres veces campeón de Grand Slam parece estar siendo importante desde el primer momento.
Draper reconoció que una de las consecuencias más difíciles de gestionar durante este último año ha sido la pérdida de confianza en su propio cuerpo. "He perdido mucha confianza en mi cuerpo durante el último año y ahora estoy reconstruyéndola". Una confesión que ayuda a entender por qué la dimensión psicológica de la recuperación es tan importante como la física.
En ese contexto, contar con una figura como Murray adquiere un valor especial. No solo por sus conocimientos técnicos o tácticos, sino por la autoridad que transmite alguien que también tuvo que convivir durante años con problemas físicos y procesos de recuperación extremadamente complejos.
"Tener a alguien que cree en ti como persona y como jugador, alguien que ha sido una de tus mayores inspiraciones, es algo muy positivo". La admiración entre ambos viene de lejos, pero ahora esa relación ha adquirido una nueva dimensión. Draper considera que la confianza que le transmite Murray puede resultar decisiva durante esta etapa de reconstrucción.
"Tenemos una relación muy especial", aseguró. Y añadió una reflexión que ayuda a comprender el momento emocional que atraviesa. "Eso me da un poco más de energía, especialmente en un momento en el que estoy regresando y necesito tener esa energía positiva a mi alrededor". No parece casualidad que haya elegido precisamente este momento para comenzar a trabajar junto a una figura tan relevante dentro del tenis británico.
Mucho más que un regreso sobre hierba para Draper
Eastbourne y Wimbledon marcarán el regreso competitivo de Draper, pero la verdadera importancia de las próximas semanas trasciende los resultados que pueda conseguir sobre la pista. Después de un año marcado por las lesiones, las dudas y la frustración de ver cómo desaparecía el trabajo acumulado durante temporadas enteras, el británico necesita recuperar algo mucho más importante que los puntos del ranking.
Necesita volver a confiar en su cuerpo. Necesita comprobar que puede competir durante varias semanas consecutivas sin recaídas y que todavía tiene margen para construir la carrera que imaginaba cuando irrumpió entre los mejores jugadores del mundo. Por eso sus declaraciones resultan tan interesantes. Hablan de lesiones y de ranking, pero también de resistencia mental, de identidad competitiva y de la determinación de un jugador que se niega a aceptar que su futuro vaya a estar condicionado permanentemente por los problemas físicos.
Eastbourne será apenas el primer capítulo de esa historia. El verdadero desafío consistirá en demostrar que, esta vez sí, el regreso ha llegado para quedarse.

