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Los tenistas y las vacunas, una relación aún distante
Varios y varias tenistas fueron preguntados sobre la posibilidad de ponerse pronto la vacuna del coronavirus. Sus respuestas no dejan indiferente a nadie.
Vivimos en un mundo al que la pandemia ha transformado de manera radical. Una amenaza sigilosa pero letal que ha acabado con nuestras rutinas, con muchos de esos pequeños detalles que antes no valorábamos, mientras que nos ha obligado casi a la fuerza a pensar y agarrarnos a otros que tampoco valorábamos. Una paradoja que, con la creación de las vacunas, ve cómo la complejidad del asunto se eleva un poco más. Y los deportes no escapan a nada de esto.
La gran mayoría de los eventos deportivos tienen lugar sin público en las gradas. Otros dejan la presencia de aficionados, pero hasta cierto límite. Las medidas de seguridad dependen de cada país, de cada situación epidemiológica y en ocasiones de las decisiones que toman las personas al mando. Burbujas, distancia social... conceptos nuevos que también pesan sobre los deportistas más exitosos. Y el pasaporte hacia una normalidad mucho más cercana hacia la que vivíamos no hace tanto parece que no termina de convencer al mundo tenístico.
Durante la jornada de ayer en el Miami Open 2021, una serie de jugadores y jugadoras fueron preguntados sobre la posibilidad de ponerse la vacuna pronto. Hay muchas formas de encarar la pregunta: tomarla como lo que realmente es, sin leer entre líneas (¿piensas vacunarte o no?), pensar en si existe una necesidad de hacerlo en este momento (lo que te puede llevar a priorizar, de manera sensata, a colectivos de riesgo) o aprovechar y explotar el tema como si de un folio en blanco se tratase.
Diego Schwartzman optó por la segunda en un idioma que no es su especialidad... y sus palabras se malinterpretaron. Lo que parecía una forma de decir que no se pondría la vacuna y que de conseguirla esta iría únicamente para sus padres, el argentino se encargó de reformularlo hacia algo totalmente distinto: ellos van por delante y él, metido en la vorágine del circuito, no piensa en recibir la inyección antes que sus progenitores (en mayor situación de riesgo). Ojalá todos fuesen como él.
Lo cierto es que el escepticismo hacia la vacuna parece recorrer el seno de los circuitos tenísticos. Al menos esa sensación inundó la sala de prensa (bueno, las llamadas de Zoom) conforme los jugadores abordaban el tema. La respuesta más insólita probablemente la diese Andrey Rublev: el ruso confesó que 'nunca' se había vacunado (lo que, afirmó, nunca ha repercutido en problemas de salud) y que si tiene la posibilidad de elegir no recibirá la vacuna del coronavirus. Si ésta fuese obligatoria para acudir a Tokyo, suponemos que la película cambiaría muchísimo. No lo duden.
Una de las respuestas más extrañas fue la que dio Elina Svitolina. La figura ucraniana sorprendió al hablar sobre la posibilidad de conseguir la vacuna. "Pensé en ponérmela, pero mis amigas me convencieron: me dijeron que esperase a ver cómo se desarrolla, porque está claro que han existido casos con efectos secundarios. La verdad es que no lo sé, ya veremos. Por otro lado, siento que ponerse la vacuna no me va a repercutir ni ayudar en nada, ya que la ATP y WTA te van a seguir obligando a estar en cuarentena; y sí, puede que reduzcas los síntomas si te la pones, pero hay una posibilidad de cogerlo aún. No tiene sentido ponerme algo que ha sido testado en un periodo tan corto de tiempo".
Este razonamiento podría ser incluso anecdótico en caso de que fuese el único, pero la sensación es que realmente los y las tenistas piensan en la vacuna como si fuese una ventaja competitiva. Como si el hecho de portar el virus no influyese en la gente de tu alrededor: tu familia, tus amigos, incluso tu compañero o compañera de dobles. ¿Que la vacuna es un pasaporte para que volvamos a tener torneos como si nada de esto hubiese pasado? Probablemente muchos harían cola para ponérsela. ¿Que todo va a seguir igual? Bueno... entonces puede esperar.
Pero las respuestas de muchos también ponen de manifiesto la ignorancia y el desconocimiento hacia el funcionamiento de las vacunas. La contestación de Aryna Sabalenka, por ejemplo, parece un ejercicio de equilibrismo entre la desconfianza y la simple idiotez. "Ahora mismo no confío en ellas. La verdad es que no quiero que me la pongan y tampoco quiero que se la pongan a mi familia. Está claro que si me obligan a ponérmela me la pondré, ya que la nuestra es una vida con muchos viajes y pienso que de hecho somos quienes deberíamos ponérnoslas.
Ya veré, porque hay dos tipos, y quiero asegurarme de que me pusieran la que es un poco más cara y no afecta directamente a tus genes. Hay como dos tipos diferentes de vacunas, tengo que pensármelo. Hablaría con mi doctor y me aseguraría de tomar la que sea mejor para mí. De momento no confío en ellas y tendría que pensármelo dos veces antes de ponérmela".
Osaka, la jugadora más receptiva
La única jugadora receptiva a la hora de ponerse la vacuna fue Naomi Osaka, eso sí, recalcando que lo hará "cuando llegue su turno". Otros citaron motivos logísticos, como el caso de Hubert Hurkacz, que afirmó que metido en una vorágine tan tremenda de torneos no piensa ahora mismo en ponérsela. Lo que ha quedado demostrado, eso sí, es que muchísimos y muchísimas tenistas miran aún a la vacunación con un recelo y temor totalmente infundados. Aunque ya saben el dicho: por la plata baila el mono... y si la vacuna es necesaria para jugar, muchos y muchas harán fila de uno para ponérsela. Aunque eso no hable demasiado bien de ellos.