Radiografía de un partido perfecto de Rafael Nadal ante Novak Djokovic en la final de Roland Garros 2020

Analizamos en profundidad las claves que han permitido a Nadal cuajar un partido memorable y dejar sin argumentos a Djokovic para sumar un nuevo título.

Diego Jiménez Rubio | 11 Oct 2020 | 18.35
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Rafael Nadal y claves de su victoria ante Novak Djokovic en Roland Garros 2020. Foto: gettyimages
Rafael Nadal y claves de su victoria ante Novak Djokovic en Roland Garros 2020. Foto: gettyimages

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Inaudito, esplendoroso, inolvidable, histórico. Son muchos los adjetivos que se pueden emplear para calificar lo que ha hecho Rafael Nadal en esta final de Roland Garros 2020, pero todos se quedan cortos. La tierra batida se inventó para que se jugara como hoy lo hizo Rafa, siendo capaz de desarbolar por completo y dejar sin argumentos a Novak Djokovic, uno de los mejores de la historia y que llegaba sin perder un partido completo en todo el año, con la única mancha de su descalificación en el US Open 2020. Pero ¿cómo se ha fraguado un triunfo tan contundente? ¿Qué claves tácticas y momentos concretos han cimentado este triunfo en tres mangas con que se corona por 13º en París?

- Confianza plena en su drive paralelo. Suele decirse que este golpe es el termómetro del estado de confianza del español y quedó claro desde el inicio. No hubo tramo de encuentro en que Nadal no asumiera la iniciativa y tirara con decisión, abriendo la pista por el revés del serbio para luego conectar tiros ganadores con su drive paralelo y descolocar por completo a su rival.

- Potencia de su revés y buenas variaciones de altura y efectos. La clarividencia táctica del español está fuera de dudas y hoy se manifestó de manera evidente con un golpe: su revés. Alternó el español cruzado potentes montándose sobre la pelota y golpeando tiros cruzados repletos de potencia, pero también supo utilizar reveses paralelos altos, para evitar que Djokovic se metiera en pista y repartiera con su derecha. La manera de frenar las ofensivas de su rival con el revés cortado fue magistral, obligando al serbio a empezar el punto cada vez que conseguía desplazarle.

- Cifra bajísima de errores no forzados. Es un enigma cómo un ser humano puede cometer, tan solo, 14 errores no forzados en un partido de máxima intensidad ante el número 1 del mundo, en una final de Grand Slam con tanto en juego. Y lo mejor de todo es que 11 de ellos llegaron en el tercer set, así que imaginen lo que se vio en los dos primeros. A esto le sumó la friolera de 33 golpes ganadores, prueba irrefutable de su agresividad en pista.

- Movilidad felina y buena mano para resolver las dejadas del serbio. Djokovic no veía huecos desde el fondo de pista y buscó de manera recurrente acortar los puntos con dejadas. Este recurso, que tan bien le funcionó en su duelo ante Tsitsipas, se topó esta vez con un rival repleto de energía e inteligencia para anticiparse y llegar sobrado a cada pelota. Hubo muy pocas dejadas ganadoras del balcánico, que sí consiguió algunos éxitos con el golpe posterior, pero que se topó con un balance negativo en cuanto Nadal vio la manera de engañarle cuando llegaba a sus dejadas.

- La claridad de ideas al resto. El techo retráctil pudo ralentizar algo la pelota, lo cual fue una desventaja para el saque de Djokovic. No encontró el serbio buenos porcentajes de primeros saques (67%) y, sobre todo, se topó con un Nadal que lo restaba todo. Ganó el español el 51% de sus puntos al resto, provocando 18 bolas de break, de las que convirtió 7, y haciendo que cada turno al servicio de Novak fuera una tortura para él.

- Primer y cuarto juego del primer set. El serbio tuvo oportunidades de ganar ambos, uno al servicio y otro al resto, para reengancharse a la batalla, pero Nadal gestionó a la perfección la selección de tiros y levantó cada oportunidad del serbio.

- Mantenimiento de la concentración con la reaccion de Novak en el tercer set. Quizá otros se habrían amilanado al perder su saque en el sexto juego de la tercera manga y ver los gritos de rabia contenida de Djokovic, pero Nadal no bajó su rendimiento ni un ápice y supo gestionar a la perfección dos turnos muy comprometidos de saque, en los que Djokovic soltó el brazo y buscó la remontada por la vía directa.