Todo lo que está deparando este año resulta curioso, atípico, inesperado. Ver un partido de Roland Garros 2020 pasada la medianoche, sin público y en el frío de octubre desconcierta a cualquiera, pero Rafael Nadal y su inapelable grandeza dibujan esa pátina reconocible para todos. El español gana en París, sigue haciéndolo independientemente de la bola, de la temperatura, de las horas, del contexto y hasta del rival. Tuvo uno bien duro en Jannik Sinner, un chico que puede erigirse en una de las pocas cosas positivas que deje esta temporada: el salto cualitativo de un joven llamado a la gloria. Competir hasta el final y ofrecer tan buena imagen en su primer encuentro de cuarto de final de un Grand Slam es aval más que suficiente para pensar en él como un protagonista a corto plazo. 7-6 (4) 6-4 6-1 fue el resultado final de un partido que catapulta a Rafa a semifinales.
El duelo comenzó por todo lo alto, con un primer set memorable que puede erigirse en un útil aprendizaje de cara al futuro para el italiano y una síntesis del motivo por el que Nadal es un jugador de leyenda. El balear empezó algo titubeante, abusando de los drives cruzados a un revés de Jannik que funcionaba a la perfección. No tenía el español la confianza necesaria para hacer cambios recurrentes y agresivos con su drive paralelo y el revés se quedaba corto. Se escabulló del primer desafío de Sinner al resto mediado el set, pero acabó cediendo en el undécimo juego y se vio muy cerca de perder el parcial. Sin embargo, reaccionó siendo agresivo, saliendo de su zona de confort y asumiendo riesgos, para devolver el break y firmar una muerte súbita impoluta.
Se antojaba de vital importancia cortar las alas de Sinner tomando ventaja en el marcador, pero el transalpino no le perdió la cara al partido en la segunda manga. Redobló su intensidad de piernas, encontró un buen equilibrio en su juego y forzó sobremanera a Rafa, cómodo en la defensa por momentos, pero consciente de que necesitaba asumir la iniciativa. Empezó a tirar con más violencia con su drive, alternaba velocidades con un revés cortado eficiente y sus tiros iban más profundos. Se estableció un pulso sublime que derivó en un break del italiano y contrabreak del español, haciendo que se viviera un tramo de partido de enorme calidad. Rafa puso en marcha el molinillo de sus piernas al fondo de pista, invirtiéndose con agilidad y tirando mucho con sus golpes. Pequeños detalles en el noveno juego, como una cinta a favor de Rafa con 40-30, precipitaron el break y la posterior consolidación.
Eso sí supuso un cruel aldabonazo a las aspiraciones de Jannik Sinner, con evidente margen de mejora en algunas lides del juego, como el saque, la derecha o la resistencia física, pero aún más evidentes condiciones tenísticas y mentales como para ser una estrella. Se diluyó un poco en el tercer parcial y cuando quiso volver se encontró con un bastión inexpugnable al otro lado de pista, un Nadal con una consistencia y brillantez difícilmente imaginables y que con su actuación muestra al italiano el camino que le queda por recorrer hasta alcanzar su estatus como tenista. Excelso rendimiento de Rafael Nadal en el primer desafío de enjundia al que se ha enfrentado en este Roland Garros 2020. En semifinales espera ya Diego Schwartzman.

