La organización de la Federación Francesa de Tenis parece totalmente convencida de que tendremos Roland Garros este 2020. El torneo francés podrá llevarse a cabo, tal y como hizo el Open de Australia... pero en septiembre, claro está. Con la gran incógnita de saber si estará precedido por otros torneos de alta enjundia sobre tierra batida (¿Roma? ¿Madrid?), el día 20 de dicho mes marca un nuevo Roland Garros. Si ya antes de la pandemia del Covid-19 tendríamos grandes novedades, la nueva fecha (si todo sale adelante) nos permite hablar sobre algunas más.
Varios exjugadores y jugadores se reunieron y analizaron estos cambios para Tennis.com, poniendo especial énfasis en las condiciones meteorológicas que rodean a París a lo largo de septiembre. En algunos aspectos las variaciones no son tan enormes como quizás alguno podría pensar, pero sí que hay algunos puntos que podrían gozar de una renovada importancia en este nuevo Roland Garros. "La superficie tiene que ser susceptible a algo de mal tiempo durante esa época del año", explica Todd Martin, que curiosamente ha jugado en Roland Garros durante esa época del año: fue en una eliminatoria de Copa Davis en el año 2002, y lo que recuerda es que "el tiempo era un poco frío".
También estuvo allí presente Patrick McEnroe, como capitán, que desveló qué sensaciones tuvo con respecto a la temperatura aquella vez. Parece que, durante el día, máximas y mínimas pueden ser relativamente parecidas a las condiciones durante mayo o junio, pero conforme cae la tarde y el sol se pone, la temperatura desciende de forma algo más drástica. "El sol es diferente, y más tarde hace más frío, lo que podría ralentizar un poco las condiciones y hacer la pista un poco pesada".
Aquí llegamos a una de las principales novedades de Roland Garros 2020, que se combina con la nueva fecha para crear una atmósfera totalmente diferente: las luces artificiales. Por primera vez en la historia, el torneo parisino dispondrá de iluminación en ocho pistas, ni más ni menos, lo que significa el fin de muchas jornadas suspendidas conforme cae el sol. Pero esta vez estamos en septiembre/octubre y el sol se pone sobre París algo antes de las 8 de la tarde, mientras que antes no se escondía hasta las 9 y media de la noche. Con una oscuridad más temprana, las temperaturas también caerán de forma más rápida, y los partidos del último turno podrían disputarse bajo circunstancias totalmente nuevas.
Pero si hay algún factor externo que podría tomar una mayor importancia con el aplazamiento del torneo, ese es sin dudas la lluvia. Llegadas estas fechas, las probilidades de que los días nublados se apoderen de París suben exponencialmente. Para McEnroe, jugar con la pequeña llovizna que hemos visto solo de forma ocasional (salvo en 2016, donde sí afectó al final del torneo) en París beneficiaría a jugadores como Isner, que sufren en la movilidad: "Cuando la pista está más seca, debes moverte más rápido".
La posibilidad de que el techo de la Central se cierre por lluvia, o independientemente de ello, que se juegue con al aire libre con pequeños aguaceros cayendo, perjudica al rey de París (dentro de que, probablemente, siga siendo el mejor, claro). Si Rafael Nadal ya ha sufrido en ediciones anteriores bajo condiciones de juego muy pesadas, con posibilidad de cancelar el partido por lluvia (final vs Djokovic en 2012, duelo contra Schwartzman en 2018), un torneo con más posibilidad de jugar bajo nublado e incluso de hacerlo en condiciones indoor (lo que conlleva un tenis más pesado, con menos aire entrando a la pista y una pelota mucha menos viva) le haría algo más vulnerable a posibles sorpresas.
Otro aspecto a tener en cuenta que sí que beneficia al español es, probablemente, la poca preparación previa sobre la superficie de la que los jugadores gozarán. Se juegue o no se juegue Madrid, o incluso Roma, los especialistas aquí cuentan con una ventaja, la de la teórica mayor capacidad de adaptación a una superficie en la que han crecido durante toda su vida y sobre la cual juegan "casi de memoria". Deberíamos esperar pocas sorpresas en duelos entre argentinos y estadounidenses, por poner un ejemplo.
Las nuevas luces, el nuevo techo, la posible presencia de la lluvia... solo falta esperar con impaciencia a que Roland Garros abra sus puertas en una edición que, eso sí, promete ser algo diferente.

