Si McEnroe no hubiese existido, alguien lo habría inventado. Irreverente, polémico, fanfarrón, espectacular, burlesco. Estos son solo algunos de los adjetivos con los que, dependiendo del grado de simpatía que se posea hacia él, el espectador del tenis ocasional podría definir la figura de Big Mac. Muchísimos capítulos de su historia han sido escritos e incluso llevados a la gran pantalla: su eterna rivalidad con Borg, sus episodios de furia y rabia con los jueces de silla, su legendario juego de saque y volea, etc.
Hoy, día 3 de marzo, se cumplen 40 años desde que aquel joven sin miedo a nada asaltó los cielos del ranking mundial. Solo tenía 21 años, pero ya se sabía que McEnroe estaba destinado a hacer grandes cosas en el mundo del tenis. Al final fueron 170 semanas como mejor jugador del mundo, una única parte de un legado que va más allá y cuya enjundia se mide también en sus 7 Grand Slams o sus 3 Finales ATP. En aquel momento, John ya había saboreado las mieles de un Major cuando en el 79 derrotó a Vitas Gerulaitis en el Us Open, y se había metido de cabeza en el top-5 tras vencer a Ashe en las Finales del 78.
Pero el camino del norteamericano parecía estar tocado por la varita de los dioses. La ATP rememora cómo aquel niño fanático de los deportes acabó de forma tan prematura entre los mejores de su categoría, con testimonios de varias personas que conocen a Johnny Mac desde el primer momento de su trayectoria. Esa historia comienza en Douglaston, un pequeño pueblo a 30 minutos de Nueva York donde McEnroe comenzó a vivir con sus padres en 1963. La figura de sus progenitores forjó el carácter salvaje e inconformista de McEnroe, tal y como recuerda una de sus mejores amigas de la infancia, la extenista y comentarista deportiva Mary Carillo: "John McEnroe padre fue absolutamente fundamental para ser el mejor en algo, pero a veces se infravalora hasta qué punto su madre, Kay, influyó en John. John cuenta la historia de que si volvía a casa con un 98 en un examen, ella le contestaría, "¿Dónde están los otros dos puntos?" Si escuchas a John y Patrick (su hermano), era Kay quien quería que McEnroe padre se convirtiese en un gran abogado, ella la que era muy ambiciosa con sus hijos. Es una familia que rebosa ambición, el listón estaba muy alto".
Era en el Douglaston Club donde McEnroe empezaba a perfilar su estilo de juego, practicando sobre las pistas de tierra y cemento de su ciudad de la infancia. La propia Carillo rememora uno de sus partidos contra su amigo John. Ella tenía once años; él, nueve. "Me apabulló, destrozó todo mi juego aquel día. Recuerdo que paramos para beber agua y le dije "Eres un gran jugador y algún día serás el número uno". Su respuesta fue rápida: "Cállate, ¡no sabes de lo que estás hablando!". Aquel fue mi primer análisis tenístico. A mí me enseñaron a jugar al tenis, los entrenadores tenían que mostrarme los golpes, pero cada vez que John golpeaba a la bola hacía algo diferente con ella: le pegaba plano, duro, cortado... y hablamos de la época de las raquetas de madera. Si querías ser creativo, debías trabajar muy duro".
Mientras McEnroe sorprendía a propios y extraños con un tenis anormal para su edad, una figura robusta lo ve desde la grada. Es el hombre que moldearía su tenis y le acompañaría desde sus inicios, durante 17 años: el mexicano Tony Palafox, que había sido campeón de 2 Grand Slams como doblista junto a su compatriota Rafael Osuna. En 1968 comenzó un binomio que catapultaría a Johnny Mac al estrellato: "En uno o dos años conseguí que cambiase a la empuñadura continental, desde entonces trabajamos con ella cada día. Trabajó y trabajó hasta que se acostumbró a ella: aprendía muy rápido, pero también se olvidaba rápido. Siempre me escuchaba, prestaba atención, nunca se negaba a lo que le decía. Puede que no lo pillase todo en el primer golpe, pero lo intentaba y en el tercero o cuarto ya lo dominaba. Siempre trabajaba con un objetivo, aunque no te decía cuál exactamente: solo ganar, que trabajaría para ello. Siempre quiso ejecutar el golpe correcto, nunca depender de la suerte".
McEnroe empezó su camino hacia la cima a velocidad de vértigo. Hay mil pruebas de ello: en 1977 se presentó en Roland Garros para jugar el torneo junior, pero fue capaz de superar la previa y perder en segunda ronda del torneo masculino. ¿Su verdugo? Un Phil Dent que solo dos meses después caería derrotado ante John en cuartos de final de Wimbledon. "Aquella noche salimos a por pizza, como hicimos durante esas dos semanas. John me dijo: "Si pierdo ante este tío otra vez, cuelgo la raqueta", rememora la propia Carillo. Otro momento que la gente no recuerda es el paso de McEnroe por el college americano: en 1978 llevó a la Universidad de Stanford a ganar el campeonato por equipos mientras también se alzaba con la corona en singles. Aquella temporada solo perdió dos partidos.
El resto es historia. Los más grandes del juego quedaban impresionados con las prestaciones de McEnroe. "Me impresionó la forma en la que cubría la pista, su habilidad para volear y golpear la bola en el momento correcto. Sabía qué hacer cuando era junior, pero se adaptó rápidamente a jugar en la Era Open, donde los profesionales golpeaban mucho más fuerte. Hacía muchas cosas diferentes a la perfección, incluyendo su servicio con muchísimo liftado, un arma muy poderosa. Siempre parecía estar un golpe por delante del resto", decía de él un Rod Laver cuya carrera se apagó mientras la de McEnroe solo comenzaba. Arthur Ashe, uno de sus mayores competidores, decía de él que "simplemente, su juego te cortaba. Tenía un arsenal enorme de golpes. Un cortado por aquí, un golpe por allá, y de repente empiezas a sangrar aunque las heridas no sean muy profundas. Al poco después, te acababas desangrando".
Palafox deja una reflexión sobre uno de los mayores prodigios de este deporte que sirve perfectamente como epílogo a este viaje de 40 años. El tenis de McEnroe sigue siendo un ejemplo a seguir en la actualidad: "Jugaba un tenis distinto al de todos, y todavía hoy lo sigue haciendo en el ATP Champions Tour. Mucha gente a la que enseño hoy día quiere imitar el tenis de John McEnroe, pero solo hay uno como él. Cuando escucho sus comentarios en la tele hoy, cierro los ojos y escucho los consejos que le daba cuando tenía 15 años. Es fascinante". Feliz aniversario, John.

