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Canadá, el gigante americano del futuro
El país de la hoja de arce se está convirtiendo en el referente en Norteamérica, hundiendo más a una Estados Unidos en crisis. Futuro esplendoroso les aguarda.
Oh, Canadá. Así empieza la letra del himno nacional de este gigantesco país de Norteamérica que no lo era tanto en tenis hasta bien poco. Sin embargo, progresivamente ha ido adquiriendo una presencia cada vez mayor tanto en el circuito masculino como femenino. Especialmente en hombres, Canadá es a día de hoy toda una potencia tenística y más si cabe con logros como llegar a su primera final de Copa Davis en toda la historia ahora en Madrid. Echando un ojo a los tenistas canadienses, es fácil atisbar un futuro aún más glorioso para una nación que está dejando en la sombra a una superpotencia tradicional, sus vecinos del sur estadounidenses.
Lo de Madrid de esta edición de 2019 era algo que se veía venir. Tarde o temprano iba a suceder. Canadá lleva avisando del tremendo potencial que atesora, con una hornada de jugadores envidiable. En la Caja Mágica el capitán Frank Dancevic ha utilizado básicamente a dos jugadores: Vasek Pospisil y Denis Shapovalov. Canadá tuvo una primera hornada más que buena liderada por el cañonero Milos Raonic que no estaba disponible para las finales de Madrid. A él se sumaba Vasek Pospisil, que si bien se quedó un poco en el camino, ha sabido explotar bastante bien su buen hacer en la modalidad de dobles.
Raonic tocó una final de Grand Slam en Wimbledon en 2016, siendo el primer canadiense en lograr tal cosa. No ha acabado de cristalizar en un tenista candidato a grandes, pero la hornada que venía detrás quizá sí era la destinada a los mayores logros. Dos jugadores especialmente que ya están brillando con luz propia: Denis Shapovalov y Félix Auger-Aliassime. Su evolución no está siendo la más explosiva de todas pero siguen dando pasos hacia adelante a medida que pasan los años. Cada vez aspirando a más.
Shapovalov en concreto está siendo la gran estrella canadiense en esta Copa Davis donde solo ha perdido un partido individual. El zurdo de origen ruso-israelí ya venía jugando a un gran nivel y en Madrid lo está demostrando y con creces. Especialmente de valor su victoria en semis ante un coloso ya como Karen Khachanov. Apenas 21 años para Shapovalov que apunta muy alto habiendo logrado ya todo un hito para el tenis canadiense.

Auger-Aliassime es el otro gran baluarte para el presente y futuro de esta gran nación. No ha estado en Madrid jugando, pero a buen seguro el año próximo podrá aportar su granito de arena a una escuadra cada vez más competitiva. Apenas 18 añitos le contemplan, y aunque se haya desinflado a medida que transcurría el curso 2019, su tenis y su cabeza están francamente dirigidos hacia el éxito, tarde o temprano.
Independientemente del resultado de la final de la Copa Davis ante España, Canadá ya está erigiéndose como el gigante de Norteamérica, pasando por la izquierda a una Estados Unidos que no está siendo capaz de seguirles el ritmo. Incapaz de sacar jugadores de verdadero relumbrón, sobre todo de cara a un futuro. Aún tienen, como es lógico, mucha más presencia de tenistas en cuanto a número y en cuanto a logros si tenemos en consideración lo logrado por John Isner, Sam Querrey o Jack Sock. Pero la sensación es que los canadienses ya están rebasándoles, y buena prueba de ello es el desempeño en la Copa Davis.
El éxito tremebundo de Bianca Andreescu en el circuito WTA en este 2019, sucesora de los éxitos de Eugènie Bouchard poco tiempo atrás, no hace si no potenciar aún más a este país que ha dado un cambio espectacular. En una realidad tenística donde todo se ha fragmentado bastante y las potencias tradicionales han perdido claramente hegemonia, Canadá ansía con postularse como nueva superpotencia y empezar a dictar en el tenis. Madrid 2019 puede ser y de hecho ya está siendo una primera gran piedra. Pronto vendrán las siguientes.