Skip to main content

Andrey Rublev, aprendiendo a ganar

El tenista ruso comenta cómo ha recuperado la confianza en su juego, su forma de encarar los partidos mentalmente y su renovada actitud

Rusia se ha ido abriendo camino en el circuito ATP a través de pasos agigantados. Hacía una década que el país del Kremlin no daba al tenis dos top-10, además de un ganador de Masters 1000. Medvedev y Khachanov se han erigido como puntas de lanza de una generación que quiere volver a éxitos pasados y que lleva un 2019 envidiable. Atrás parecía haberse quedado quien fuese ganador de Roland Garros junior, un tipo visceral, visiblemente delgado pero con una determinación a prueba de bombas y un tenis que palo tras palo pedía paso.

Andrey Rublev, sin embargo, está de vuelta en las grandes ligas. Atrás quedó un periodo de frustraciones, de molestias físicas que le obligaban a quedarse en casa mientras sus compatriotas acumulaban grades resultados. La vuelta a una final ATP en Hamburgo fue el detonante para recuperar la confianza en sus planazos desde el fondo; la victoria ante Federer en Cincinnati, el catalizador perfecto de autoestima y el golpe en la mesa para decir 'presente'. En el mismo lugar donde alcanzó cuartos de final hace tan solo dos años (parece un mundo), Rublev también quiere hacer una nueva gran aparición en Grand Slam, habiendo derrotado ya a Tsitsipas y con Nick Kyrgios, ni más ni menos, en el horizonte.

"No estuve jugando un buen tenis, pero hice la final porque luché y tuve un poco de suerte. Así gané los partidos. Y a veces es mejor hacerlo así, te da confianza el saber que aún jugando tu peor tenis eres capaz de ganar", admite abiertamente Rublev, hablando con la ATP, acerca de su gran semana en Hamburgo. Todavía se encontraba inmerso en un mar de dudas e incertidumbre, sin saber si podría volver a jugar su mejor tenis. "Esto es increíble porque todos los jugadores top, cuando están jugando mal, conocen la forma de llegar al menos a la mitad (octavos, cuartos) de un torneo. No tienen por qué jugar su mejor tenis para llegar lejos y eso es increíble, me da mucha confianza".

Espalda. Muñeca. Rublev conoció cada parte de su cuerpo debido a las lesiones, que le dejaron en el dique seco durante largos periodos de tiempo. Mientras tanto, el ruso no veía tenis en la tele; era frustrante ver a sus amigos acumular victorias mientras él no podía levantarse del sofá. Ahora el destino le ha devuelto todo lo que le quitó: sensaciones, gran tenis, victorias ante los grandes y una final ATP. Solo falta volver a saborear las mieles de un título, pero Andrey aún tiene los pies en el suelo, encarando este camino de vuelta con pausa y tranquilidad. "Trato de no ponerme objetivos ni centrarme en el futuro. No pienso "bueno, si consigo esto...". Doy lo mejor de mí cada día para mejorar, para ser mejor. Si lo hago, significa que ganaré más partidos. Si gano más partidos consigo más puntos, así que hay que ir paso a paso, ¿sabes? Me centro en esto, especialmente entrenando, donde lo doy todo cada día".

Rublev, además, está rompiendo algunas barreras que mentalmente dejaban huella. En Cincinnati se desquitó ante Basilashvili, su verdugo en la final de Hamburgo, y en Winston-Salem derrotó a jugadores con los que tiene un H2H negativo como Tomas Berdych o Albert Ramos. "Me volvía loco mentalmente porque no sabía qué hacer, cómo jugar ante ellos y cómo ganarles. Estos partidos me dan confianza también, ganarle a los tipos con los que antes sufrías, me estoy volviendo fuerte mentalmente; aceptando que sí, puedes perder, pero tienes que dar lo mejor de ti y al final vas a convertir esas derrotas en victorias".

Otra de las características distintivas de Rublev es su particular forma de mostrar emociones en pista. Conocidos son sus arrebatos en los que, tratando de mostrar furia, sus pulsos con la raqueta son un quiero y no puedo. Atemperar esos demonios internos es también un área en el que ha trabajado y en el que admite cierto progreso: "Antes estaba claro que después de cada partido o cuando estaba jugando me decía "qué malo soy, soy el peor". Pero eso es solo para descargar las emociones. Dentro siempre he creído en mí. Ahora siempre creo que, no importa lo que refleje al exterior, dentro siempre creo en mí y en dar lo mejor de mí".

La próxima parada para el pupilo de Fernando Vicente no será fácil, un Nick Kyrgios que parece un indicador perfecto para calibar si Rublev es mucho más calmado en cuestión emocional. Flushing Meadows espera un encuentro de órdago con un Rublev que quiere dar el gran golpe tras su lesión.