La gira sudamericana de arcilla, como ha ocurrido de manera bastante general, está siendo terreno para las irrupciones de jóvenes jugadores que buscan una oportunidad. Sin ir más lejos, las figuras de Juan Ignacio Londero y Hugo Dellien, la de Nicolás Jarry la temporada pasada o la de Casper Ruud en 2017 y 2019, riegan los torneos de tierra batida de Sudamérica de talentos emergentes que se asoman por el circuito con descaro y determinación, aprovechando el punto de inflexión que transforma sus carreras.
Muchos lo recordarán. Allá por 2017, la gira sudamericana de arcilla se encontró con un invitado y protagonista inesperado, cuando un chico noruego, de 18 años, se metía en la semifinal del torneo de Rio de Janeiro y se hacía con el primer set de la penúltima ronda, ante el experimentado Pablo Carreño. Su nombre era Casper Ruud y sorprendió con su intensidad y su potencia sobre tierra batida. Hoy, dos años después, después de mucho trabajo y una progresión más lenta que la que parecía llevar tras su irrupción, es nuevo top-100 del circuito ATP.
Precisamente es una irrupción temprana un arma de doble filo. Todo lo que despierta un talento emergente llama mucho más la atención que un salto repentino tras muchos años de aprendizaje. La precocidad tiene el valor de hacer girar los focos, por lo inusual de la irrupción en sí y por la frescura que transmite alguien no experimentado quemando etapas de golpe y porrazo. Ruud, que con 17 años ya fue capaz de ganar el Challenger de Sevilla, recoge ahora parte de los frutos que ha ido sembrando.
De la mano de Pedro Rico primero y ahora Christian Ruud, su padre, entrenando en la Rafa Nadal Academy con el propio Rafa, Ruud trataó de gestionar su aterrizaje en un contexto competitivo muy diferente al de su clasificación y progresión. El noruego fue semifinalista de Rio 2017 ubicándose más allá de los 200 mejores. Tras ello, tocaba acoger lo sucedido y gestionar el porvenir, sobre todo afianzando su juego, su físico, y acondicionando su progresión en un circuito marcado por un gran número de torneos en pista rápida.
Así, desde su aparición, la ATP enumeró una gran multitud de talentos prematuros, englobándolo en las Next Gen. Y Ruud se quedó a medio camino. Otros grandes nombres llegaron antes y con más carrerilla y fiabilidad. A casper le tocaba trabajar duro y ser paciente, como así ha sido este tiempo.
Ha sido precisa y nuevamente esta gira de arcilla sudamericana la que le ha posibilitado alcanzar posiciones de privilegio. Tras un 2018 donde el circuito Challenger ocupó su día a día, los cuartos de final de Rio y los cuartos de final alcanzados ahora en Sao Paulo le han hecho romper la barrera más deseada: el top-100. Ruud será la próxima semana top-100 por primera vez, a sus 20 años. Con toda la vida tenística por delante, la tierra batida vuelve a darle grandes alegrías al tenista escandinavo.

