Siempre es un buen momento para recordar la vida de una leyenda de nuestro deporte. Si además pertenece al mundo del tenis, la oportunidad es única. Manolo Santana es uno de esos personajes que forma parte de la historia de de nuestro país, más allá de la modalidad que le hizo eterno. Esto lo saben y lo cuidan muy bien en Movistar+, medio audiovisual que nos suele regalar documentales de alta calidad narrando las vivencias de las estrellas del deporte mundial. Esta vez no tuvieron que ir muy lejos, bastaba con quedarse en Madrid y dialogar con Miguel Ángel Zubiarraín, José Luis Arilla o José María Ducamp para rememorar al gran pionero de nuestra raqueta, el gran Manolo Santana.
Si nos centramos en sus triunfos, fueron cuatro los majors que el tenista madrileño levantó, pero el Wimbledon de 1966 terminó resaltando por encima del resto, protagonizando el mejor capítulo de su carrera deportiva. “La final la he visto muchas veces, recuerdo que tenía un fuerte dolor en la espalda pero aun así la pude jugar. Tras ganar, me dieron un cheque de 10 libras esterlinas para que fuera a una tienda de deportes en Picadilly. Al llegar vi unos calcetines muy bonitos y me los compré. Ese fue mi premio por ganar Wimbledon”, reconoce un Santana que refleja el gran abismo que, por suerte, ha sufrido el tenis hasta su época profesional.
Pero los inicios no fueron tan fáciles como parece, seguramente para nadie lo fueran. En el caso de Manolo, proveniente de una familia de pocos recursos, se vio atraído por el Club de tenis Velázquez y un trabajillo de recogepelotas que luego acabaría siendo el prólogo de una historia única. “Recuerdo que era un niño y llegué un domingo a llevar un bocadillo para un hermano mío que trabajaba allí, hasta que vi todo lo que había dentro y me fascinó. A partir de ahí, poco a poco fui construyendo mi manera de trabajar alrededor del tenis”, afirma.

Un camino lleno de obstáculos que fue trazando hasta convertirse en un referente, tal y como afirman los periodistas que vivieron aquella época. “La España de esa época era el Real Madrid, Manolo Santana y Lola Flores, no había otra cosa. Jugar a tenis lo hacían cuatro millonarios. Se hablaba de tenis en las casas donde había cierta afición, incluso poco a poco fueron apareciendo los Orantes, Gimeno o Arilla, pero todo empezó con Manolo”, define Ducamp.
Hasta el propio Nadal, el mejor deportista español de nuestra historia, se rinde a un fenómeno como Santana. “Creo que Manolo fue alguien que abrió los ojos al resto de deportistas que vinieron después, ya no hablo solo a nivel tenístico. En su día, obviamente, nos situó en el mapa deportivo gracias a sus hazañas”, valora el balear.
Otro gran momento que se repasa en el documental es el de aquella primera final de Copa Davis en la que España cayó por 3-1 ante la todopoderosa Australia. “En hierba sabíamos que era imposible, pero teníamos a Manolo Santana que era el que mejor se podía adaptar a aquel juego. Fui capaz de ganarle a Emerson el único punto que pudimos amarrar en esa final. Esa eliminatoria sirvió para tomarla como ejemplo en el futuro”, subraya el madrileño.

Orantes, once años más joven, también tiene un recuerdo nítido de aquellos años en los que coincidieron. “En aquel entonces los australianos eran los mejores, tenían a Newcombe, Roche, Emerson… y además jugábamos en su casa. En aquellas Copa Davis, el equipo que ganaba jugaba la final con el campeón del año anterior y decidía dónde jugar, era demasiado duro. En Australia tenían unas pistas que nosotros no teníamos en España, apenas las habíamos visto”.
Pero los que vieron a Santana destacan algo que los millenials jamás podremos entender, por muchos vídeos que veamos en Youtube: su estilo. “Tenía un talento que hoy tiene poca gente, suplía la cuestión física con otras armas, era un diablo que los jugadores querían ver de lejos. A ser posible, ni en el hotel”, declara Arilla. “Manolo había estado muy mal alimentado de niño, por eso tenía que hacerles frente con puro tenis. Verle jugar era fantástico, ningún golpe era igual a otro. Él inventó el globo liftado, te sorprendía con esas dejadas que volvían a su pista, era capaz de crear y de trazar golpes nuevos”, refuerza Zubiarraín.
Ahora parece que los mejores años ya pasaron y Manolo, con 80 primaveras, disfruta de una última etapa de calma en la que ni mucho menos se despega del tenis. Él sigue jugando y practicando a diario en Marbella y así lo hará hasta el día en que todo esto acabe. Algunos de sus mejores amigos del circuito no podían faltar en este repaso que, por encima de todo, rezuma cariño hacia una persona inigualable.

Carlos Moyá: “Fue el capitán que me hizo debutar en Copa Davis y eso siempre me quedará grabado en la memoria. Fue una época bonita, breve porque solo fueron un par de temporadas, pero eran momentos en los que apetecía estar con él, el ambiente era muy bonito”.
Albert Costa: “Estaré siempre agradecido porque él fue el primer capitán en convocarme a una serie de Copa Davis, eso se queda ahí. No es fácil convocar y confiar a un chico de 19 años por primera vez, así que siempre le estaré agradecido por ello”.
Juan Carlos Ferrero: “A mí me gustaría llegar a la edad que tiene él ahora y seguir viviendo todo con esta intensidad el mundo del deporte. Obviamente, ver todo el cariño que recibe de la gente también es algo muy envidiable. Imagina que yo ahora tengo 40, él tiene 80, pueden pasar muchas cosas. Ojalá llegue a esa misma edad acaparando todo ese cariño”.
Rafa Nadal: “Todos estos personajes que han conseguido hacerse a sí mismos y triunfar prácticamente desde la nada sin un gran apoyo detrás, se han formado a sí mismos, tienen algo muy especial. Manolo es una de esas personas”.

Manolo Santana, ídolo dentro y fuera de la pista. Eso sí, él tiene bien claro dónde es más importante rendir al máximo. “Lo importante es saber donde uno quiere estar, no hacer mal a nadie y confiar en los amigos que uno quiere tener. Mi colaboración con el tenis siempre estará ahí, lo he hecho siempre. Ahora tengo la posibilidad de hacer cosas que antes no podía y lo disfruto mucho. Es una satisfacción enorme haber contribuido con la evolución de este deporte”, concluye nuestro protagonista.

