Cuando menos se le esperaba, el austriaco ha conseguido romper moldes. Dominic Thiem ha logrado alcanzar por primera vez los cuartos de final del Grand Slam neoyorquino haciendo gala de un tenis sublime y quitándose la mala sensación con que abandonó Flushing Meadows el pasado año. Su choque ante Rafael Nadal se presupone mayúsculo, siendo la primera vez que los dos mejores jugadores de tierra batida del mundo se encuentren lejos de su superficie predilecta. Hasta en diez ocasiones se han visto las caras, con siete triunfos para el español y notable espectáculo ofrecido por ambos.
Tras imponerse a Kevin Anderson en toda una demostración de confianza, el actual número 9 del mundo ya se prepara para intentar el más difícil todavía. "Ha sido uno de los mejores partidos de toda mi carrera. Jugar en una pista grande como la Louis Armstrong me ha ayudado mucho, ya que me permite restar desde muy atrás y aprovechar mi potencia para jugar cómodo e ir cogiendo iniciativa poco a poco. Ha sido una ventaja para mí en este partido porque una pista tan grande hace que todo se asemeje un poco más a la tierra batida", reflexiona Thiem en declaraciones recogidas por la web oficial del torneo.
"Era consciente de que iba a necesitar restar un metro por detrás de lo habitual para poder ser competitivo contra Kevin, y lo he logrado", afirma un Thiem al que todavía le duele mucho el encuentro perdido contra Juan Martín Del Potro en la edición de la temporada pasada. Lo del año pasado me dolió mucho. Tenía el partido dominado y me sentí muy desvalido, viendo cómo todo el público apoyaba a Juan Martín. No supe cerrar un partido que tenía en mi mano pero hoy sentí el apoyo del público y eso es una sensación fantástica", comentó un hombre que ha conseguido ganar en tres ocasiones a Rafa, pero ninguna de ellas en Grand Slam. Se espera una batalla apasionante en la que ambos aprovecharán la amplitud de la Arthur Ashe jugando a las cuatro esquinas y exprimiéndose al máximo.
Dominic Thiem llega con tremenda confianza a un duelo que podría erigirse en un punto de inflexión en su carrera profesional. Haber ganado a Kevin Anderson en pista dura ya supone un avance más que notable y el premio a una temporada repleta de sinsabores en la que no ha podido recoger los frutos del trabajo invertido. Rafael Nadal es el desafío más notable al que puede enfrentarse un hombre que ya mantiene una rivalidad íntima con el español, aunque siempre acotada al polvo de ladrillo. Un nuevo episodio puede comenzar en el US Open 2018.

