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Djokovic multiplica su leyenda

El serbio gana por primera vez en Cincinnati y se convierte en el primer jugadora de la historia en ganar todos los Masters 1000 del calendario.

Los récords están para romperse y hoy en Cincinnati se rompieron varios. Aquellos versos que decían que Roger Federer nunca perdería aquí una final, o los que pronosticaban que Novak Djokovic jamás ganaría una. Incluso subimos la apuesta. ¿Se acuerdan de aquel desafío inalcanzable de ganar todos los Masters 1000? Pues ese también se quedó hoy en saco roto. El serbio se impuso al suizo en dos mangas (6-4, 6-4) y demostró que está de nuevo en la brecha. Luciendo como número 3 en la Race, el de Belgrado parece ser un hombre muy a tener en cuenta en el próximo US Open.

Hasta tres fotos se hicieron Novak Djokovic y Roger Federer antes de empezar el partido: una con los niños, otra con unos no tan niños y una tercera en solitario. Tanto tiempo hacía que no se veían las caras que todo el mundo quería un recuerdo en su cámara. También los que estábamos en casa. Se respiraba la emoción de la final, pero sobre todo el morbo de verles de nueve combatiendo en la arena. El suizo, jamás había perdido una final en Cincinnati. El serbio, jamás había ganado una final en Cincinnati. Hoy podríamos ver un nuevo día de la marmota o, por el contrario, un cambio de turno. Dicen que siempre hay una primera vez para todo, así que no podíamos enterrar ninguna opción antes de tiempo.

Mucho menos después de ver el primer set. El serbio se lo apuntó en 37 minutos gracias a varios factores, pero hay dos a tener más en cuenta. No concedió ni una sola de break (el suizo entregó tres y salvó dos) y no subió ni una sola vez a la red. Y alguno dirá, ¿y esto es algo positivo? En este caso en concreto, sí. Sobre todo conociendo la velocidad de la pista y la mano que tiene el de Basilea para pasar a sus rivales. Novak se mantuvo centradito y enfocado desde la línea de base pasando cada bola con una intención distinta, observando como Roger se llenaba de errores no forzados a causa de la dificultad que le imponía su rival Ya saben que el balcánico es capaz de pasar siempre dos bolas más que cualquier otro, circunstancia que en ocasiones se le hizo pesado a Federer.

Uno de las cuentas pendientes del número 2 del mundo estaba en el resto. Una asignatura a mejorar, ya que estaba restando sin ningún tipo de peligro, pese a que los servicios que recibían llegaban con mucha menor potencia que los que él mismo cocinaba. Pero había tiempo, lo único que hace falta en el tenis para empezar una remontada. Arrancó el segundo asalto y en tan solo dos juegos ya pudimos ver algo inédito en el encuentro: una bola de break a favor de Federer. Bola que además se resolvió con una doble falta de Novak. El 2-0 imperaba en el marcador y el helvético se las prometía muy felices, pero poquito le duró la alegría. De nuevo volvió a sufrir en demasía para defender su saque, tanto que lo acabó perdiendo y, con él, la ventaja que tanto había costado alcanzar.

Djokovic, que nunca había ganado un set en ninguna de sus cinco finales en Cincinnati, tenía la meta más cerca que nunca. Federer, que acumulaba 100 juegos al servicio sin que le rompieran el saque (el último había sido Ferrer en 2014), veía cómo sus estadísticas se embarraban y su rival crecía anímicamente en el encuentro. Todavía quedaba tiempo, eso no cambiaba, pero las sensaciones siempre arrojan cosas que no se pueden leer en un marcador. Entre tanta tensión, el público no tuvo reparo en tomar partido: “Roger! Roger! Roger!”. Como si estuviéramos en el Swiss indoors de Basilea, tal cual. De repente, un juego que empezó fácil (40-0) se complicó demasiado para Federer. Djokovic volvía a romper para luego confirmarlo al saque. Era 5-3 y los papeles casi a punto de repartirse. Ya no había vuelta atrás.

Tercera final del curso que se le escapa a un Federer que deberá a esperar para ponerse su primer corona con 37 años. En cuanto a Novak, un día redondo. Batió a uno de sus mayores rivales, conquistó un título que se le resistía y alcanzó una marca legendaria al alcance de muy pocos. De momento, de ningún otro. Un nuevo episodio de sonrisas y lágrimas que nos dejan con más ganas que nunca de acelerar esta semana que entra y plantarnos ya en la Gran Manzana.