Masters 1000 Cincinnati 2018. Análisis de la final: Federer-Djokovic
Después de 934 días, suizo y serbio vuelven a medir sus fuerzas en el circuito. Será la cuarta final entre ambos en Ohio, donde Novak nunca pudo ganar.
Sí, lo han leído bien: 934 días después. Es el tiempo que ha transcurrido desde la última vez que Roger Federer y Novak Djokovic se enfrentaron sobre una pista de tenis. Ocurrió en semifinales del Open de Australia 2016 y allí ganó el serbio de manera holgada por 6-1, 6-2, 3-6 y 6-3. Mucho tiempo y muchas cosas han pasado desde entonces. Tras pasar ambos por crisis deportivas también por algún que otro quirófano, Cincinnati les vuelve a reunir por cuarta ocasión en una final. Veremos la octava corona del helvético en Ohio o la primera del balcánico para completar su álbum de cromos en la categoría. Una rivalidad que echábamos mucho de menos y que este domingo nos regalará su episodio número 46.
Con Roger siempre nos pasa lo mismo. Cuando juega se muestra intratable y tan competitivo como el mejor, sin embargo, luego desaparece durante un par de meses y en su regreso siempre nos vuelven las dudas. ¿Seguirá ganando partidos? Es lo que tiene tener 37 años, que tienes que despejar estos fantasmas cada cierto tiempo. En Cincinnati lo ha vuelto a hacer, derrochando carácter y triunfos a partes iguales. Solo tuvo que sudar ante Wawrinka, para luego recibir el ‘premio’ aunque él odia ganar así) ante Goffin y su lesión inoportuna. Mucho peor lo ha pasado un Djokovic que se ha ido al tercer set con todo el mundo menos con Johnson. Tuvo que apretar los dientes ante Mannarino, Dimitrov, Raonic y Cilic, saliendo vencedor siempre con un resultado holgado en el parcial definitivo. Muestra de que el serbio todoavía no arrasa como solía hacerlo, pero la determinación de los momentos clave ya viaja desde hace tiempo en su maleta.
El H2H entre los dos es por todos conocidos, una balanza que no se mueve desde el Open de Australia 2016. Allí el serbio firmaría su último triunfo ante el suizo para luego capturar su sexta corona en Melbourne, una cifra que ahora mismo también ostenta el de Basilea. El registro dice que Novak domina 23-22 y que su rival se muere de ganas por quitarle ese gustillo y empatar la contienda. Parecen números insignificantes a estas alturas de sus carreras, pero por todos es conocidos que estos dos siempre se ‘odiaron’ un poquito detrás de las cámaras. Si pueden evitar que el rival cuente a sus nietos que tuvo un registro positivo ante él, pues mejor. Y la verdad, si hemos tardado 31 meses en ver de nuevo un Federer-Djokovic, habrá también que ir pensando en que igual no nos quedan muchos más por ver. Sí, también decíamos que nunca veríamos otro Federer-Nadal y en 2017 nos regalaron cuatro. Pero, ¿y este año?
Son siete las finales disputadas por Federer en Cincinnati resueltas con siete títulos cada cual más bueno. Campeón en 2005 (Roddick), 2007 (Blake), 2009 (Djokovic), 2010 (Fish), 2012 (Djokovic), 2014 (Ferrer) y 2015 de nuevo (Djokovic). Siete conquistas, tres de ellas con Novak Djokovic al otro lado de la red. Y al serbio todavía le dio tiempo a perder dos más: en 2008 y en 2011, ambas ante Andy Murray. No se suelen dar mucho estos casos. Una leyenda que juegue siete finales en un sitio y no pierde ninguna. Más grave es lo otro. Una leyenda que juegue cinco finales en un torneo y las pierda todas. Es el destino caprichoso en Ohio, localización donde el serbio puede multiplicar su historia convirtiéndose en el primer tenista que gane, al menos una vez, todos los Masters 1000 del calendario. Seguro que el de Basilea pondrá todo de su para evitar esta tremenda distinción en las vitrinas de su oponente.
En total son 934 días sin verlos juntos en la pista, aunque de Cincinnati tenemos unos cuantos vídeos que repasar. Las condiciones ultra rápidas favorecen a Federer, como también lo hace la propia mística del torneo. Podemos juntarnos con varios certámenes en la misma superficie que, sin embargo, siempre hay alguno en concreto en los que un jugador guarda una especial conexión. En el caso de Roger, podemos contar Halle, Wimbledon, Basilea o el mismo Cincinnati. Todo lo contrario para Novak, maldito siempre en estas tierras, pero con una dinámica buenísima durante toda la semana y preparado de sobra para ganar a cualquiera después de ganar su 13er Grand Slam. Pase lo que pase, nos vamos a divertir.