Kerber diseña su propio final feliz

La alemana conquista Wimbledon por primera vez ante una Serena que se quedó a las puertas de igualar los 24 Grand Slams de Margaret Court.

Fernando Murciego | 14 Jul 2018 | 18.35
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En la fiesta de Serena Williams por alcanzar su 24º Grand Slam, una artista invitada para tirarlo todo abajo. Angelique Kerber se destapó como la mejor jugadora del torneo de Wimbledon 2018 (además con diferencia) firmando su mejor actuación en su última salida a pista. Nada menos que ante la mejor jugadora de la Era Open por un resultado holgado (6-3, 6-3) que demostró su gran estado de forma y lo peligrosa que puede llegar a ser cuando todos los factores de su vida están en orden. Campeona en Melbourne, en Nueva York y ahora en Londres. Una triple corona que obliga a la de Bremen a pensar muy seriamente en su trabajo de cara a Roland Garros. Ya en la treintena, puede que los mejores años estén todavía por llegar.

La Centre Court de Wimbledon todavía estaba vibrando tras lo acontecido hace unos minutos entre Novak Djokovic y Rafael Nadal. La batalla de todas las batallas resuelta con triunfo del serbio bajo un techo donde volvieron a juntarse sonrisas y lágrimas. Ya con el techo abierto, era el turno de las mujeres. Y precisamente de mujeres estaba repleto el palco, aunque no de mujeres cualquieras. Solo de un primer vistazo podías encontrarte con Navratilova, Wade, King o nuestra Conchita Martínez, grandes ex campeonas que no quisieron perderse la final entre Serena Williams y Angelique Kerber. Los libros de historia se preparaban para pintar una nueva página en sus volúmenes, a menos que una alemana de 30 años decidiera cambiar el guión.

Es normal pensar que Serena Williams, en una final de Grand Slam, ¡además en Wimbledon¡ y perdiendo un solo set en el camino, pueda resultar casi invencible en una cita así. Pero a veces el tenis tiene guardadas sorpresas inesperadas, obstáculos que detienen la historia a cambio de otra historia diferente, quizá una más impresionante. Angelique Kerber ya perdió aquí hace dos años ante Serena, no necesitaba otra experiencia amarga para darse cuenta de lo complicado que es llegar hasta esta casilla. Con un balance perfecto entre la defensa y el ataque, la de Bremen nos regaló un primer set inmaculado (6-3) que hacía más humana a su rival.

Porque no es normal ser madre y, a los once meses, regresar al circuito como si nada. Ni siquiera llamándote Serena Williams, aunque cerca se quedó. Efectivamente, la de Saginaw no ganaría esta final, pero el ejemplo de superación y amor por el deporte ya estaba dado. Fue la teutona, con la etiqueta de tapada durante toda la quincena, la encargada de hacerse fuerte en el segundo parcial y repetir idéntica jugada de camino al trono. Una corona que Serena le negó en 2016 y que esta vez caía en sus garras. Merecido, por supuesto, tras un año donde ha ido menos a más y en el que ha rematado este verano con un triunfo mayúsculo. Solo dos mujeres tumbaron en más de una ocasión a Serena en finales de Grand Slam. Una fue su propia hermana y la otra, ya saben quién fue.