Hoy es uno de los diez mejores jugadores del mundo. Finalista de la última Masters Cup y un jugador respetado y asentado en el circuito masculino. Pero David Goffin, como así ha manifestado recientemente, tuvo algunos problemas de autoestima y de credibilidad cuando la estatura condicionaba su opinión sobre sí mismo en su adolescencnia. El belga creía que ser tan bajo comprometería su llegada a la élite.
Es indudable que la estatura es parte fundamental para desarrollar un deporte individual en el que la fuerza y la envergadura cobran tanta importancia. El belga, bajito y menudo, encontró algunas dificultades cuando en su adolescencia vio como todos sus compañeros eran bastante más alto que él. "No tenía la suficiente confianza en mí mismo. Cuando eres joven y casi no llegas al nivel del hombro de tus rivales, te preguntas si tienes lo necesario para dar la talla".
Aquello, que fue pasajero, pues terminó alcanzando el 1.80m de altura, una estatura perfectamente compatible con el tenis, a pesar de que una silueta más prominente facilita mucho las cosas para sacar y acelerar, condicionó, no solo su mentalidad, sino también sus procesos de aprendizaje. Como en otras disciplinas, la ausencia de fuerza obliga al jugador a usar más la mente para desarrollar otro tipo de habilidades. Y asi también fue con el propio Goffin, uno de los jugadores más técnicos de la ATP.
"Tuve que pensar más en la pista. Junto a esa cualidad que aún mantengo y un golpeo más potente que conseguí a partir de los 16 años, gracias a un estirón en mi estatura, rápidamente me puse al nivel del resto". Es una respuesta prácticamente automática el que la mente sustituya a la fuerza en caso de carecer de esta última, acelerando capacidades que quizás otros deportistas no desarrollan tanto a temprana edad por disponer de una envergadura de la que echar mano.

