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Magüi Serna: “Mary Pierce me explicó como teníamos que hacer la reverencia ante la familia real británica”

Alex Ander - 22 abr 2018 | 07:49

Nuestro redactor Álex Ander entrevistó a Magüi Serna, haciendo un extenso repaso a su trayectoria deportiva donde consiguió tres títulos.

María Luisa ‘Magüi’ Serna (Las Palmas, 1979) tenía cinco añitos cuando empezó a dar raquetazos en una actividad extraescolar. “Soy la pequeña de cuatro hermanos y, como todos jugaban, pues a mí también me apuntaron”, recuerda. En un principio se lo tomó como un hobby, pero a los once años empezó a obtener títulos como el Campeonato de España Alevín que también conquistaría un año después— y empezó a pensar que el tenis le gustaba más de lo que creía y que igual podía llegar a ganarse la vida con ello.

P. ¿Cuál fue el verdadero punto de inflexión?

R. Realmente, no me lo planteé seriamente hasta cumplidos los trece años. Entonces, hablé con mis padres y les dije que me quería ir a Suiza, donde se me había ofrecido la oportunidad de ir a entrenar con un entrenador internacional llamado Eric Van Harpen (que veía mucho potencial en mí) y que quería ser tenista profesional.

Y allá que se marchó, cargada de ilusión e incertidumbre. “A lo primero que tuve que renunciar fue a vivir en Gran Canaria y a dejar el colegio, aunque seguí estudiando en Suiza y posteriormente en Barcelona. También a los amigos y la familia. Fue un cambio muy fuerte para toda la familia, pero yo estaba persiguiendo mi sueño y empezaba a cumplirlo, así que estaba muy feliz”, explica la ex jugadora. Parece que la decisión fue acertada: Serna debutó como profesional en 1996 y a los diecisiete años ya estaba entre las cien mejores del mundo.

La jugadora zurda se convirtió en esos años en una de las mejores tenistas españolas de la época. Y se encargó de derribar mitos como aquel que decía que los españoles no eran capaces de hacer un buen papel en Wimbledon, meca del tenis mundial. La famosa frase de “la hierba es para las vacas” —pronunciada por vez primera por Manolo Santana— no iba mucho con ella. Para empezar, alcanzó la final del londinense Grand Slam en su categoría junior (perdiendo frente a Amelie Mauresmo). Y, además, llegó hasta los cuartos de final del mismo torneo en su edición del año 2000 (donde perdió frente a Jelena Dokic), gracias a su buen drive, su magnífico revés (liftado y cortado) y su efectivo juego de red. “[esa edición] Fue muy especial para mí, no sólo por alcanzar los cuartos, sino porque completé una de mis mejores victorias ante Mary Pierce, número tres del mundo en ese momento y vigente campeona de Roland Garros, en la pista Central y porque ese fue el partido que me dio la plaza directa para ir a mis primeros Juegos Olímpicos en Sydney. Cabe señalar que la grancanaria participó en los Juegos Olímpicos de Sydney y Atenas y se convirtió en uno de los grandes baluartes del equipo español de Copa Federación.

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La ex tenista confiesa que su primer partido en la pista central de Wimbledon fue el que jugó ese año ante Mary Pierce y que, justo antes de entrar en la pista, se les acercó un responsable del torneo para contarles que la familia real británica estaba presente y que tenían que hacer la reverencia. “Yo ya estaba algo nerviosa por jugar en la pista central, algo que llevaba años deseando, y es verdad que justo antes de entrar nos dijeron que había que hacer reverencia. Mi cara fue de ‘¡ay, mi madre! Y ahora cómo lo hago?’.

P. ¿Y cómo salió del apuro?

R. He de reconocer que Mary me ayudó mucho y me explicó como teníamos que hacerla, porque no es tan sencillo. Teníamos que girar ambas al mismo tiempo, ya que el palco real está situado justo detrás de la entrada de los jugadores a la pista, y una vez situadas frente al palco, hacer la reverencia a la vez.

A Serna no le temblaba el pulso a la hora de enfrentarse a las mejores del planeta. Puede presumir de haberle ganado un partido a Serena Williams, en el torneo Manhattan Beach de 1997. “Sientes una alegría especial. Si te soy sincera, en aquel momento quizás no fui consciente de a quién había ganado, pero con el paso del tiempo lo valoras mucho más”, confiesa con orgullo. “La considero la mejor jugadora de la historia y creo que, si se lo propone, volverá a ganar un Grand Slam. Pero también creo que le costará coger el ritmo del circuito”.

Y la norteamericana no fue la única a la que logró hincarle el diente. También fue capaz de ganarle un encuentro a la misma Steffi Graff, en el Open de Canadá de 1998. De hecho, cuenta que fue la vez que con más miedo le fue a dar la mano a alguien al acabar un partido. “Recuerdo muy bien ese día y lo nerviosa que me puse al acabar. Pero también recuerdo entrar en el Players' Lounge, una vez acabado el partido, y que Martina Hingis me dijera ‘bien hecho, no puedes parar de sonreír’. Era imposible, porque acababa de ganar a mi ídolo. Hasta en la rueda de prensa me lo dijeron también. Fue un día en el que la sonrisa no me desapareció en ningún momento”.

P. ¿Celebraría aquella hazaña con una fiestecita al menos?

R. Desafortunadamente, no hubo fiesta porque al día siguiente volvía a jugar y, encima, mi entrenador en ese momento, David de Miguel, estaba malísimo con fiebre. Pero sí que por teléfono, con la familia, fue como si estuviéramos en una fiesta. Serna llegó a situarse entre las veinte mejores jugadoras del mundo a principios de 2004 y logró hacerse con tres títulos individuales WTA a lo largo de su carrera, además de alcanzar otras tres finales en eventos del circuito.

P. ¿Cuál ha sido la espinita que se le quedó clavada para siempre?

R. Siempre he dicho y mantendré que para mí lo máximo hubiese sido ganar un Grand Slam y, especialmente, Wimbledon. Siempre fue mi torneo favorito por todo. Ya no sólo porque, tenísticamente, es una superficie que se me daba muy bien, sino por el ambiente que se respira, la tradición, la devoción que hay, el respeto del público, etc.

Durante varios años, y a pesar de su buen hacer, Serna vivió inevitablemente a la sombra de Arantxa Sánchez Vicario. Algo similar a lo que le ocurre ahora a Garbiñe Muguruza, a quien también admira. “Considero que ambas, Arantxa en su momento, y ahora Garbiñe, han logrado cosas muy difíciles”, comenta. “Entiendo que se las compare, pero hasta la fecha considero que Arantxa ha sido la mejor jugadora española, dejando un listón muy alto, aunque también reconozco que Garbiñe tiene mucho futuro por delante para tratar de igualar o incluso superar eso”.

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De hecho, Serna ve a la hispanovenezolana dominando el circuito, huérfano de una líder clara en los últimos años. “Creo que [Garbiñe] está alcanzando la madurez tenística necesaria para mantenerse ahí arriba, ya que tenis tiene de sobra. Pero también es verdad que veo a muchas jóvenes jugadoras llegando con fuerza”, apostilla.

P. Ahora se han equiparado bastante los premios para chicos y chicas en los torneos pero… ¿cómo vivió esa situación en su época?

R. Nada que ver con cómo es ahora. Sí que es verdad que en mi época se peleó bastante para intentar conseguir que esa diferencia de premios entre el circuito masculino y el femenino fuese cada vez menor. Y sí he de reconocer que se consiguió igualar los premios en los cuatro Grand Slam. Pero, quitando esos cuatro torneos y alguno más como Miami, los premios en el circuito masculino siempre fueron muy superiores al femenino.

Ella, afortunadamente y a diferencia de otras jugadoras del circuito, sí logró vivir exclusivamente del tenis durante varios años. “Tuve patrocinadores a lo largo de toda mi carrera que me ayudaron a costearme mis gastos”, apunta.

Su valentía y simpatía le valieron el cariño de los aficionados, con los que vivió varias situaciones divertidas. “Una vez se me acercó un fan en un torneo y me regaló 2 CDs de las que en ese momento eran dos de mis cantantes favoritas, Madonna y Gloria Estefan”, cuenta. “Pero lo mejor de todo fue que el de Gloria Estafan estaba firmado y dedicado expresamente para mí. ¡Me dijo que hizo una cola de más de cuatro horas sólo para conseguirme el cd firmado por Gloria! Yo en ese momento aluciné”.

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Muchos de esos seguidores han sido fieles a la canaria desde el comienzo de su carrera profesional. “En Wimbledon del año 2000, un grupo de fans empezaron desde la primera ronda hasta los cuartos de final a pintarse la bandera española en la cara y mi nombre. La prensa empezó a decir que había nacido la ‘Magüimanía’. Me pareció muy gracioso y he de decir que, hasta la fecha, muchas de esas fans me felicitan por mi cumple y las fiestas navideñas”, recuerda divertida.

Los días de vino y rosas acabaron cuando las molestias en su hombro hicieron acto de presencia. Esa lesión le obligó a retirarse definitivamente en 2006. Asegura que fue una decisión bastante dura pero también reconoce que “al estar inmersa en los estudios universitarios, quizás se me hizo más llevadero”. En uno de esos parones, pensó que quizás nunca llegaría a recuperarse del todo. Por eso, optó por estudiar dirección de empresas.

P. ¿Alguna vez, durante estos últimos años, ha pensado en retornar a la competición, siguiendo el ejemplo de jugadoras veteranas como la japonesa Kimiko Date Krumm o la francesa Marion Bartoli?

R. Si ahora mismo estuviera acabando la carrera, que acabé con 29 años, y viendo cómo ha evolucionado el circuito profesional, te aseguro que volvería sin dudarlo.

Ahora, la ex jugadora dirige la Escuela de Tenis ubicada en las pistas del Real Club de Golf de Las Palmas y es la capitana del equipo femenino del Club de Tenis Gran Canaria. En los últimos días se rumoreó que podría estar pensando en competir en el Circuito Mundial de Pádel.

P. ¿Se va a animar entonces?

R. No. Sí es verdad que me han propuesto jugarlo, pero sólo he dicho que jugaría un torneo por ver el ambiente. No entra en mis planes jugar el circuito de pádel.