El tenis está lleno de datos y estadísticas que nos sorprenden cada día. Rachas infinitas que parecen no acabar y otras que jamás veremos producirse. Algunas, como la del caso que ocupa este artículo, también pican a injustas dado la cantidad de oportunidades que se han dado para que se rompa. Carla Suárez, a sus casi 30 años de edad, todavía no sabe lo que es disputar unas semifinales de Grand Slam. La canaria se quedó tres veces a las puertas en el Open de Australia, dos en Roland Garros y una en el US Open, pero nunca salió cara en la moneda. Mañana Caroline Wozniacki buscará que esta maldición se amplíe en un capítulo más en un duelo donde la española no parte como favorita pero donde jugará sin presión y nada que perder.
“Bueno, ahora me siento realmente bien. Quiero decir, estoy muy feliz. La última vez que llegué hasta aquí fue hace dos años, así que estoy feliz. Siempre cuando alcanzas los cuartos de final o una de las últimas rondas debes ser feliz”, celebrara la de Las Palmas de Gran Canaria tras cruzar hasta la quinta ronda y citarse con Wozniacki. “Ante Caroline será difícil, hemos jugado muchas veces juntas y sé cómo juega, sé lo complicado que es. Será un partido realmente difícil, Caro pelea por cada pelota, pero al mismo tiempo puede jugar de manera agresiva. Además ella tiene mucha experiencia en estas rondas. Será un partido realmente interesante en el que tengo que estar concentrada todo el tiempo para vencerla”, subraya la actual número 39 del mundo.
Roland Garros 2008 fue la primera gran cita de la canaria en el circuito y no pudo empezar de mejor forma. Tenía que ser en París, donde la tierra batida le iba a dar la bienvenida a lo grande. Con un ranking de 132 y partiendo de la fase previa, Carla fue capaz de ir pasando rondas como quien no quiere la cosa hasta plantarse en la quinta ronda, donde caía de manera clara ante Jelena Jankovic (6-3, 6-2). Por el camino quedaros balas de la talla de Mauresmo, Dellacqua o Pennetta, pero con la serbia o hubo manera. Eran solo 20 años, pero ese revés a una mano ya prometía más emociones de cara al futuro.

Al año siguiente, no hubo que esperas mucho más para verla de nuevo en unos cuartos de final. Esta vez tocaba en el Open de Australia 2009, donde la pista dura retaba a la canaria a ser competitiva más allá de la arcilla. Esta vez el límite volvió a quedarse en los cuartos, pero el elenco de mujeres que cedieron ante la canaria creció: Vinci, Venus, María José Martínez o Anabel Medina. La rusa Elena Dementieva fue la encargada de volver a frenar el acelerón de la española con un doble 6-2 que rompía el sueño a la misma altura que en el pasado Roland Garros.
Los dos siguientes cuartos de final fueron en el US Open 2013 y Roland Garros 2014. En Nueva York sufrió la que seguro es una de las derrotas más dolorosas de la derrota, ante su bestia negra: Serena Williams. Una bicicleta que expulsó a Suárez de la Gran Manzana y que le otorgó un golpe moral de una jugadora contra la que jamás pudo. Luego volvería París, en Rolad Garros 2014 y de nuevo las cuatro victorias de manera consecutiva gracias a un cuadro amable que fue generoso hasta en esos malditos cuartos de final, allí donde apareció la mejor versión de Eugenie Bouchard (la que hace años que no vemos) para vencerle en el duelo más ajustado que ha tenido Carla de las cinco ocasiones en las que llegó a esta ronda: 7-6, 2-6, 7-5.

La última puerta llegó hace relativamente poco, en el Open de Australia 2016, donde una inspirada Agnieszka Radwanska imponía su ley por 6-1 y 6-3. Parecía que sí, que esta sería la buena y que por fin Carla pondría los pies entre las cuatro mejores raquetas de un grande, pero la polaca llegaba crecida y fue mucho más consistente desde el minuto cero. Estas han sido las mejores actuaciones de Suárez Navarro en Grand Slams, pasando por el alambre en todas las plazas menos en Wimbledon, donde nunca cruzó de cuarta ronda. En unas horas será de nuevo en Melbourne, ante Wozniacki, jugadora que va en busca del número 1 del mundo. No será fácil, mucho menos en un duelo con tanto en juego, pero si el tenis es justo (y dicen que lo es), a esta jugadora le debe algo desde hace mucho tiempo.

