Ashleigh Barty ante una maldición de 40 años

La de Ipswich será la única jugadora local entre las 32 mejores de este Open de Australia. Christine O’Neill fue la última en reinar en casa en 1978. 

Fernando Murciego | 18 Jan 2018 | 19.59
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Cuarenta años dan para mucho, dan para tanto tiempo que incluso se nos olvida lo que sucedió en 1978. Aquel año, por ejemplo, se conseguía erradicar la viruela a nivel mundial, en España se aprobaba la constitución y en el tenis, el Open de Australia celebraba que tenía nueva campeona. Pero no una cualquiera, una de la casa. Fue Christine O’Neill la mujer que recogió el testigo de Evonne Goolagong para convertirse en la 15ª australiana en la historia en levantar el título más importante de su país. Quince jugadoras locales que probaron la gloria desde que en 1922 se empezara a celebrar el cuadro individual femenino. Al mirar el archivo daba gusto ver como las nacidas en Oceanía copaban la mayoría de trofeos… pocos pensaron que iban a pasar 40 años sin sumar un nuevo nombre a aquella lista.

Eran otros tiempos, de acuerdo. Para que se hagan una idea, el cuadro femenino individual de aquel 1978 se compuso de 32 jugadoras (ahora ya saben que son de 128), de las cuales 17 eran australianas, es decir, más de la mitad. Había una alta probabilidad de que alguna de ellas saliera campeona y esa fue O’Neill, que ni siquiera era cabeza de serie pero que se las apañó para superar las seis rondas necesarias, sin ceder un solo set, y levantar su primer Grand Slam. Sería también el último, para ella y para un Open de Australia que jamás volvería a ver a una de las suyas gobernando el torneo.


Cuarenta años después, ya con los cuadros modernos de 128 cartas disponibles, siete mujeres aterrizaron en Melbourne Park con el objetivo de parar esta sangría que ya duraba cuatro décadas: Samantha Stosur, Olivia Rogowska, Jaimee Fourlis, Daria Gavrilova, Lizette Cabrera, Ashleigh Barty y Destanee Aiava. Tres de ellas consiguieron una victoria y solamente una se ha terminado colando entre las 32 mejores. Una jovencita de 21 años que nunca cruzó a la segunda semana de un torneo de esta categoría y que ahora se ha convertido en la única esperanza de Melbourne Park. El clavo ardiendo que está a cinco victorias de hacer historia.

Peor suerte tuvieron las otras seis bazas que ya ven el torneo desde casa. Una Stosur ya castigada por los años y lastrada por sus últimas lesiones, o una Gavrilova que defendía aquí cuarta ronda pero que no supo materializar ocho bolas de set ante Mertens. Luego, obviamente, lo acabó pagando. Sobre Aiava se han escrito muchas cosas pero con 17 años todavía no está preparada para dar el golpe. Lo que está claro es que opciones hay más que nunca, al menos más que en los últimos años, y que Ashleigh Barty parece la más fiable para hacer algo importante. Sabalenka y Giorgi, dos raquetas que venían con fuego en las cuerdas, sufrieron la tormenta de la jugadora de Ipswich, un marcha que ahora deberá afrontar Naomi Osaka, la homóloga de Barty pero en el tenis asiático.


Atrás quedaron los tiempos donde nadie que no fuera australiana se atrevía a conquistar Australia, así fue hasta que Dorothy Round rompiera moldes en 1935, británica capaz de ser la única no australiana en plantarse en la final en los primeros 16 años de competición. Además, se llevó el título. Pero estos males no se sufren solamente en Melbourne, en lugares como París (2000, Mary Pierce) o Londres (1977, Virginia Wade) llevan también esperando por una Mladenovic o una Konta. Más suerte tienen en Nueva York con la simple existencia de Serena Williams, aunque por si acaso aparece Sloane Stephens para engordar el registro. En fin, veremos si en unos días se mantiene en pie este artículo o alguien externo ya ha venido a ampliar la maldición a 41 años de soledad.