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Maestra Wozniacki

La danesa cierra la temporada con el título más importante de su carrera y asciende hasta el Nº3 del mundo. Venus, adiós a un gran 2017 sin recompensa.

Con un tenis de salón y una manera de competir incontestable, Caroline Wozniacki derrotó por primera vez en su carrera a Venus Williams (6-4, 6-4) en el momento que más falta le hacía. En toda una final del WTA Finals con el títulos más importante de su vida en juego y con la opción de dar un golpe sobre la mesa de cara a la próxima temporada. Lección maestra, nunca mejor dicho, de la danesa para enterrar definitivamente todos sus fantasmas y enésimo golpe del calendario para una Williams que despide el curso sin un solo título en su poder. Contraste de emociones en esta función final de un circuito que, año a año, nos regala mejores actuaciones.

Vivimos en una época donde la estadística y el dato ha cobrado casi más importancia que os propios hechos, mucho más si hablamos de deporte. Hoy en Singapur se medían las dos mujeres más en forma del torneo de Singapur con siete precedentes marcados a fuego en la mente del espectador (y sobre todo, del apostador): un 7-0 a favor de Venus sobre Wozniacki que hacía presagiar un duelo intenso pero con esa marcha de más en la raqueta de la estadounidense que le acercara al triunfo. Sin importar que hubiera más de una década de diferencia entre ambas, o que la danesa llegara a la final con mano de hierro y su rival haya sufrido por diversos baches en su camino hasta el domingo. “Cada partido es un mundo”, suelen decir los que saben de esto, hoy fue el mejor ejemplo.

Por supuesto que tampoco íbamos a ver una paliza, pero ya desde el comienzo entendimos que la mayor de las Williams tendía más al error que su oponente, algo que si juegas ante Caroline lo acabas pagando. Recuperando esa solidez que la llevó al número 1 mundial con apenas 20 años, la de Odesa repartía juego mientras que la de California disparaba desde el fondo con toda su fiereza, buscando acortar los puntos antes de verse con el agua al cuello. Hubo break, hubo contrabreaks y hubo dos momentos claves antes de definir el primer set. El orgullo de la estadounidense amarrándose al parcial con 3-5 abajo y la sintonía siempre eficaz de la europea cortándole las alas en el juego siguiente para amarrar el 6-4. Remar para morir en la orilla, qué doloroso cuando ves la escena del agua. Aunque todavía faltaba partido.

Tocaba una batalla de gladiadoras, como ante Ostapenko en los grupos. Tocaba remontar desde abajo, como ante Garcia en semifinales. Muchas cosas pensaría Williams tras ver cómo Wozniacki le ganaba un set por segunda vez en su rivalidad. ¿Dónde estaba la estadística cuando más la necesitas? Mucho peor lo tuvo que ver cuando el inicio del segundo asalto traía más malas noticias para ella. Un 3-0 de salida a favor de Caroline que ponía el marcador tiritando, asustado por ver que el espectáculo y el buen tenis se acercaban a su fin en Singapur. Y lo peor de todo, se acabañan sin premio, sin una recompensa a una temporada gloriosa a sus 37 años, con subcampeonatos en Australia, Wimbledon y, a falta de un milagro, también en el WTA Finals.

Era una losa muy grande en lo mental, pero también en lo físico. Venus se desinfló y Caro empezó a volar, sin olvidar las seis finales que había perdido al inicio de temporada y quedándose con ese entorchado capturado hace unos meses en Tokio que no sería el último. En Singapur, entre las mejores del mundo, la danesa sufría primero la clásica remontada del miedo (pasó del 5-0 al 5-4) para inmediatamente recuperar su espíritu campeón y levantar aquella corona que se le resistió en 2010 y ascender así al Nº3 del mundial. Radwanska, Cibulkova y ahora Wozniacki, otra maestra inesperada que cierra el calendario por todo lo alto con la ilusión de mantener este nivel en 2018. Visto los precedentes, no será fácil.