Federer toca la octava maravilla en Basilea

El suizo remonta en un partido muy trabajado ante Del Potro para sumar su séptima corona de la temporada. El número 1, un sueño posible.

La venganza de 2012 y 2013 no llegó hasta 2017. Casi un lustro después, Roger Federer superó a Juan Martín Del Potro en la final de Basilea (6-7, 6-4, 6-3) para sumar su octava corona en el torneo de su localidad. En total, siete trofeos los que el suizo ha levantado ya esta temporada y que le sirven para seguir recortando distancia con el número 1 del mundo, Rafa Nadal. En breves conoceremos si decide jugar en París o si prefiere reservar los últimos cartuchos para Londres. Ahora mismo, es el rival a batir.

Un set rarísimo, de esos que pesan si no acaban como a uno le gustaría. De esos que marcan toda una final si tu rival pertenece a la élite y te dice que lo siente, que ya pasó tu oportunidad. Muchas cosas le debieron pasar por la mente a Roger Federer tras ceder la primera manga ante un Del Potro empeñado en arruinarle una nueva final en Basilea. Para empezar, break del suizo. Un premio que ante el argentino resulta oro, aunque quizá tan pronto podría volverse un regalo envenenado, como así se demostró en el contrabreak posterior. Más tarde, una nueva ruptura con 4-4 que colocaba al helvético en la posición soñada, con su servicio para cerrar el set… pero de nuevo, la sorpresa como respuesta, el 5-5 como reacción a lo que parecían los últimos golpes del asalto. Drama vestido de tenis de calidad, y todavía faltaba lo mejor. Lo mejor para Juan Martín, claro.

El tiebreak comienza con un Roger salvaje, restando todo lo que le llegaba y arrasando con su derecha. Más o menos, lo que había hecho durante el set exceptuando los momentos clave, donde no había podido dar la talla. Entonces ocurre, el marcador le da unas alas dan largas al suizo que pierde dos puntos tontos al resto con un par de subidas a la red que tocaban. Todavía era 3-2 y saque a su favor, pero algunos a se olían la tragedia. Efectivamente, ese 0-3 acabaría siendo un 6-3, ver para creer, toda la ventaja dinamitada por dos bolas inocentes que acabarían llevando al traste todo el trabajo bien hecho. Se acercó el de Basilea con 5-6, pero un gran servicio de su rival puso el punto y final al parcial.



Perder un set de esta manera siempre es doloroso, pero si eres Roger Federer y juegas en casa tienes motivos de sobra para mantener la fe y mantenerte en la pelea. Eso sí, el sufrimiento también está asegurado. Como cuando ves que el destino te sigue trayendo bolas de break a tu favor pero eres incapaz de convertirlas. Y eso que en la primera manga le había roto dos veces el saque a Del Potro, pero no fue suficiente. En la reanudación se respetaron más el saque, incluso el argentino, quien llegó a tener la puerta abierta para colocarse 4-2 con servicio, un contexto que hubiera significado prácticamente el remate definitivo. Pero tampoco encontró la forma de tocar la sangre, se conformó con olerla, saber que estaba ahí.

Será porque jugaba en casa, o porque de repente encontró la determinación adecuada, pero fue llegar el 5-4 y Federer se relajó. No había jugado mejor que en el primer set, ni mucho menos. De hecho, había sufrido bastante más, podía estar incluso eliminado de no haber salvado esa bola de peligro con 3-2, pero se olvidó de todos los problemas y sacó sus mejores trucos en el desenlace del parcial. Superbreak, por fin, grito al cielo y cambio completo en los esquemas de Del Potro. El partido giraba a su favor y eso se vería reflejado al comienzo del tercero. Mucho más duro con el servicio, más sólido y más paciente cuando tocaba, sumado a un Juan Martín algo perdido al ver que aquella película se parecía demasiado a la vivida en Shanghai hace unas semanas. Con el 4-1 a favor del oriundo de Basilea, todo el estadio, excepto una persona, pareció respirar.

No hubo más misterio que el que Federer quiso darle. Cerrando el partido con la mayor de las maestrías y levantando su octava corona en Basilea, igualando las mismas que posee en Wimbledon y una menos que las nueve de Halle. Séptimo título de la temporada, más que ningún otro jugador y la friolera de 95 ATP’S en su vitrina, rompiendo el equilibrio con Ivan Lendl en el segundo escalafón histórico. Un 2017 escandaloso que se recordará como una de sus mejores temporadas como profesional, algo que es mucho decir. Y ojo, que la función aún no ha terminado.

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