Hay jugadoras que necesitan sentir algo especial, verse presionadas al máximo y asomarse al abismo. Garbiñe Muguruza destaca por su capacidad para sacar su mejor tenis en este tipo de situaciones e hizo gala de ello en la segunda ronda de Roland Garros 2017. Con sensaciones netamente mejorables a lo largo de todo el año y la presión que supone tener que defender título, la española parece dispuesta a ponerse el mono de trabajo en cada partido y hacer gala no ya de su mejor tenis, sino de su mejor actitud.
Porque eso es lo que le permitió fraguar la remontada. Una actitud ganadora, de campeona herida en su orgullo ante la osadía de una alumna aventajada como Annet Kontaveit. Garbiñe puso todas las cartas sobre la mesa cuando peor pintaban las cosas, y cuando en otros torneos agacha la cabeza y se pierde en soliloquios intimistas. París es especial para una mujer capaz de jugar al nivel al que lo hizo hoy. Si es capaz de mantenerlo, será muy difícil que alguien pueda privarla del honor de revalidar título. Todo depende de la española.
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La nacida en Caracas empezó algo fría, sin la velocidad de piernas necesaria para sacar de su zona de confort a la estonia. Kontaveit tiene tenis de sobra y lo demostró con un recital de golpes ganadores que fue contemporizado por Muguruza en un primer set en el que luchó hasta el final. Con más corazón que juego, la española llegó al tiebreak y ahí cometió dos errores por apenas unos centímetros que relanzaron a Kontaveit.
Tanto fue así que tras adjudicarse la primera manga, la estonia llegó a dominar por 3-1 en el segundo set. En ese momento, Muguruza sacó del bolsillo su carnet de defensora del título y armó el aura ganadora adquirida en París hace apenas unos años. Comenzó a repartir el juego con fluidez y a atacar con sentido. Tuvo la inteligencia de variar alturas con derechas altas que recluyeron a Kontaveit por detrás de la línea de fondo y no le permitieron atacar con su característico ritmo machacón.
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Se desató una lucha de poder a poder en la que el servicio ayudó mucho a la española a hacerse con el segundo parcial. Golpe moral notable para la estonia y confianza por las nubes para una Garbiñe que destapó ya definitivamente el tarro de las esencias en la tercera manga. Ahí se vio a la Muguruza intratable, empeñada en la búsqueda del golpe ganador y con habilidad innata para encontrarlo sin asumir excesivos riesgos.
Acabó el partido la española con 27 golpes ganadores 30 errores no forzados, pero sus estadísticas en la tercera manga fueron de 10-5 en este balance. Garbiñe Muguruza necesitaba un partido como éste para volver a creer en sí misma. En la siguiente ronda se verá las caras con Yulia Putintseva, una jugadora de un perfil radicalmente distinto al de Kontaveit, y que exigira mucha paciencia en pista a la española.

