Rafael Nadal estará en las semifinales del Open de Australia 2017. En un completísimo encuentro, en el que fue difícil destacar un aspecto de su juego y su mentalidad por encima de otro, el mallorquín batió al número 3 del mundo, el canadiense Milos Raonic en tres mangas (6-4 7-6 6-4) para citarse con Grigor Dimitrov en la penúltima ronda, en busca de su pase a la final del domingo. Impresionante en defensa y en la devolución, Nadal inutilizó todo lo intentado por el canadiense.
El comienzo del partido está a la altura del botín. Por su igualdad y por la importancia que el servicio va a ir teniendo en la narrativa del encuentro, cada turno al saque expresa lo ajustado del arranque. A nivel de juego, Nadal confirma lo que históricamente ha descrito su competitividad: sus sensaciones toman impulso con la suma de victorias y el avance de los torneos. El balear muestra un nivel defensivo y una transición hacia el ataque formidables, preparado para contener y frenar las escalas ofensivas de su rival.
En lugar de tocar, Rafa siente la pelota para dirigirla y hacer cosas con ella en todas direcciones, desde posiciones quietas hasta las más sometidas, inabordable desde el fondo, sobresaliente en el passing y la contra a los pies cuando Milos busca la red. Si ambos juegan de esquina a esquina, Nadal desprende la electricidad del pasado más victorioso. En la primera manga, y así será toda la contienda, su resto marca diferencia, porque con el primero pone muchas pelotas en pista para que el punto se juegue y se discuta, y con segundo presiona con mano y velocidad. Sus piernas se agitan incluso para intentar escapar del saque al cuerpo. En la apertura, 6-4 para el número 9.
Sabedor de que en el segundo parcial está más de medio partido, Raonic embraga dos marchas más, y tira de riesgo para forzar las cosas por exigencias del guión. Con su derecha invertida, su golpe más determinante y básico a nivel táctico, el canadiense busca los km/h mucho antes, acortando los puntos y buscando las líneas. No hay tiempo para corregir y tiene bola de break que Nadal salva. Rafa responde, y aquí está el cambio. Cuando Raonic sube el nivel, Nadal estrecha la mirada, iguala en concentración y comienza a competir en las alturas.
El partido llega a su tie break después de que Nadal salve tres bolas de break, con Milos yendo al límite. Allí, en la muerte súbita, domina el canadiense, pero las manos tiemblan y el español pone mucha tierra de por medio tras ir 4-6 abajo. El segundo set podría caer del lado de Raonic si fuera un round de boxeo. Sin embargo, Nadal sabe agarrarse y esperar el fallo o forzarlo desde su defensa. Psicológicamente, Nadal escribe un golpe letal para dejar cerca la victoria.
Ya no habrá resorte al otro lado de la red. Con un Nadal soberbio al servicio, recordando sus altísimos porcentajes y difícil efecto de zurdo con su saque, Rafa suma cinco turnos al servicio muy seguros y se coloca 0-40 en el décimo juego, tres bolas de partido que no desaprovecha. Cierra el partido y celebra como antaño. Ahora sí surgen motivos para llenarse la boca con su regreso. En Australia 2017 se puede hablar de una sensación diferente a cualquier amago de 2015 y 2016, jugando un nivel de tenis muy alto, a todos los niveles. Son numerosos los detalles que lo evidencian: Rafa no está en Melbourne para comenzar bien la temporada, sino para ganar otro Grand Slam.

