Hay intangibles que marcan el devenir de la carrera de lso jugadores,, ese aura ganadora que arrastran consigo algunos de los mejores del mundo y de la historia y que les hace resolver partidos mucho más fácil de lo que las sensaciones sobre la pista transmiten. Andy Murray es uno de los privilegiados que los posee y disfrutó en la pista recreándose ante un joven que dará que hablar.
Aún no es el momento de Andrey Rublev, y el de Dunblane se encargó de recordárselo con una victoria contundente que empaña los méritos hechos por el ruso. Un día más en la oficina para Murray, aunque se llevó un susto con una torcedura de tobillo que generó un escalofrío en todos los presentes.

El ruso vivió un sueño y se afanó por disfrutarlo lo más posible. Saltó a pista dispuesto a practicar el juego veloz y agresivo que trajo de cabeza a Fernando Verdasco en el Conde de Godó 2015 y al equipo español de Copa Davis en la eliminatoria disputada en Vladivostock. Sin embargo, Andy estuvo encantado con el estilo de partido planteado por Rublev y metió siempre una bola más, sin caer en la pasividad de fondo de pista y forzando al joven ruso a que cometiera errores.
Andy encadenó muchos juegos consecutivos a pesar del esfuerzo de un Rublev empeñado en dar espectáculo y exprimirse en la pista. Hubo batalla en casi todos los juegos pero éstos caían del lado del de Dunblane como la fruta madura se precipita al suelo desde los árboles. Hubo lugar para puntos espectaculares pero no para ningún atisbo de reacción de un encorajinado Rublev.

Murray se dobló el tobillo y parecía experimentar algunas dudas, aunque ello no se materializó en el marcador. Paso franco a tercera ronda para el número 1 del mundo, donde se enfrentará al estadounidense Sam Querrey en un encuentro en el que requerirá estar recuperado plenamente de cualquier molestia en el tobillo derecho. Un partido menos para el gran objetivo del título.

